Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 26 s 12 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA COMO QUIEN OYE LLOVER ODOS encantados, como si la cosa no fuese con ellos. Clama el Rey en Nochebuena, con tono firme y preocupado, por la urgente e imperativa unidad que estabilice el Estado y las instituciones y dé cohesión a la lucha antiterrorista, y los dos grandes partidos a los que va dirigido el mensaje hacen las palmas de protocolo sin darse ni remotamente por aludidos. La culpa es del adversario, faltaría más; es el de enfrente el que debe aplicarse a su conducta la admonición y cambiar de bitácora según el real consejo. Nuestros políticos no acostumbran a leer a Sartre, ni se enIGNACIO tregan a la reflexión exisCAMACHO tencialista, pero en su praxis diaria lo siguen al pie de la letra: el infierno son los otros. La maldad siempre habita en el lado contrario. Uno de los grandes problemas que ha encontrado la Corona en esta legislatura de enconos y trompadas es la dificultad para encontrar un cauce en el que expresarse sin que parezca que se arrima a uno de los bandos en liza. Ha sido tal la división, tan profunda la fractura, que al Rey y al Príncipe les ha quedado muy poco terreno en el que desenvolver su neutral arbitraje. Con su frontal desencuentro, el PSOE y el PP- -no digamos ya los nacionalistas e Izquierda Unida, tradicionalmente desafectos a la monarquía- -han achicado el campo de mediación en que venía moviéndose la jefatura del Estado, hasta un punto en que ni siquiera ha podido actuar como elemento de interposición sin riesgo de erosionar su crédito. De este modo, a la Corona no le queda otro recurso que apelar a la recomposición del consenso con toda su fuerza moral, respaldada por el deseo de la mayoría de los españoles, pero desoída por unos contendientes embarcados en un duelo a cara de perro y sin punto de retorno posible. Al menos, hasta después de las elecciones; puede que a partir de marzo sean otros los gallos que canten en la madrugada del nuevo mandato. Mientras tanto, Don Juan Carlos predica en el más absoluto desierto de escucha, alzando su voz por encima del ruido y de la furia que impregnan el debate y calan en las banderías de opinión pública. El soberano no lo ignora; es el primero que sabe que en plena precampaña no hay acercamiento que valga y que los dos grandes rivales se van a atizar con todo lo que tengan a mano. Su mensaje iba por ello más bien dirigido al que salga ganador del envite; lo que venía a decir es que las cosas no pueden continuar así por más tiempo, y que el próximo Gobierno tiene una tarea urgente y prioritaria que acometer. De alguna manera, le ha puesto deberes al futuro presidente, y la expresión imperativa y urgente no sugiere un ruego, sino una necesidad categórica. Pero la reacción inicial de los portavoces de guardia no ha podido ser más desalentadora: el Rey está cargado de razón, si ya lo decía yo, pero que se cosque el otro, que es el que tiene la culpa. No es que cupiese esperar grandes contriciones ni rasgar de vestiduras, pero habría sido de agradecer un cierto comedimiento, un mínimo recato autocrítico a la hora de pasarse por el forro un mensaje que, por venir de quien viene, es toda una reprimenda cargada de autoridad moral y sentido de Estado. T EL RECUADRO MENOS MAL QUE QUITARON LA MILI no a quien les quitó del chopo. Aunque se haya perdido uno de los últimos referentes de autoridad, menos mal que no hay mili. Los chavales se van de voluntarios a las ONG, pero no a las Fuerzas Armadas, que ésta es otra. Y menos mal que no es obligatorio que vayan. ¿Se imaginan la que se formaría en la incorporación a filas de cada reemplazo si los que entraran a servir a la Patria fuesen aquellos de asesinos o estos chavales de ahora, los de la botellona, la píldora del día después, la violencia escolar, los que pueden denunciar a sus padres por maltrato con la Ley del Cachete, los que niegan toda autoridad y toda creencia, al tiempo que se ponen la camiseta de un Ernesto Guevara que, ché, ni saben quién fue? Es que estoy viendo ese CIR de Camposoto, con los nuevos reclutas que llegan con sus zapatillas de muelles, sus pendientes en la oreja, sus crestas teñidas de amarillo, sus aparatitos de los emepetrés, su móvil de los SMS, sus tatuajes. Y estoy viendo a ese capitán mandando a formar: ¡A formar! -Tequiyá, tronco, que forme tu puñetera madre, socio, ¿no ves que estoy aquí a gustito hablando con el colega? ¡Cuádrese! ¡Se va a cuadrar el cabrón de tu padre! ¡Que le voy a meter un paquete! -El paquete me lo vas a tocar tú a mí, gilipollas, ¿pero qué te has creído, con tanto caqui y tanta leche de estrellas? Tío, corta el rollo... Así, tocándose desafiantemente los genitales ante el capitán, sería la llegada al cuartel de unos mozos que no han conocido principio de autoridad alguno en la escuela donde le hablaban de tú a un maestro tan atemorizado que hace dos años que está el pobre de baja por depresión. Así sería la llegada al cuartel de unos mozos que niegan toda autoridad paterna, que le vayan dando por culo al viejo, ¿no te jode? ¿pues no que quiere que llegue a casa a las dos de la mañana, el pedazo de facha? Menos mal, menos mal que quitaron la mili obligatoria. Hemos conseguido que el principio de autoridad sea ya sólo un recuerdo del esplendor de gloria de otros días A Ley del Cachete ha puesto en evidencia una de las crisis más profundas que sufre España: la falta de autoridad. Ni las llamadas clases dirigentes la tienen, pues están a merced de lo que manden sus amos y señores los estudios de intención de voto. Mandan las encuestas lo que no pueden mandar ni los profesores ni los padres. Estamos en una sociedad falta de liderazgos naturales, derrotada por el relativismo de las conveniencias y del menor esfuerzo, erradicado el sentido de la excelencia. Cuando el Mayo del 68, los manifestantes pedían lo imposible. Ahora lo imposible y hasta lo increíble es perfectamente regulado desde el BOE. Cada vez hay menos autoridad, pero más castigo. Lo del cachete es una triste metáfora de la falta de autoridad y del exceso de sentido punitivo de un Estado que todo lo invade. Usted no le puede dar un cachete a su hijo, pero a usted le pueden dar una bofetada si fuma en lugar prohibido, y verse entre barrotes si se le va el pie en el acelerador. El acelerador se puede pisar sólo para dar velocidad supuestamente progresista a una sociedad que no tiene ni brocha a la que agarrarse después que le hayan quitado todos los principios éticos en que se sustentaba. Las ANTONIO transgresiones morales, aborto incluido, BURGOS son de barra libre. Pero cualquier atisbo de autoridad es considerado automáticamente fascista. Menos mal que suprimieron la mili obligatoria. O quizá todo esto ocurra precisamente por eso, por la supresión del principio de autoridad que era aceptado por los sectores más jóvenes de la sociedad cuando entraban en filas para servir a la Patria. Ojú, qué antigüedad más rancia y menos progresista he dicho: Patria. ¿A ver si me voy a buscar un lío por escribirlo? Que se acerca esa Pascua Militar que suele cargar el diablo, pues soy de los que se acuerdan aún del paquete al teniente general Mena por ser fiel lector de la Constitución... ¿Por dónde iba? Ah, sí, por la supresión de la mili. Medida a la que el torpísimo Gobierno de Aznar no le sacó beneficio político alguno. Al revés: los mismos chavales que se libraron de ir al cuartel inmediatamente llamaron asesi- L