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4 OPINIÓN MIÉRCOLES 26 s 12 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO CONVIERTE AL CATOLICISMO ONY Blair ya es católico. La noticia no ha sorprendido a casi nadie, quizá porque era un secreto a voces. Su mujer y sus hijos lo eran y él nunca escondió su proximidad a Roma. De hecho era sabido que iba a misa todos los domingos a la iglesia católica de Islington, barrio en el que vivía antes de su elección como primer ministro, y que siempre que ha tomado partido por cuestiones morales ha dejado entrever una cierta sintonía con los planteamientos de la Iglesia católica. Si su conversión no tuvo lugar antes fue debido a la inconveniencia política que habría tenido esta decisión. La tolerancia de la que hace gala la cultura política británica tiene ciertos límites, digamos, de estilo. Uno de ellos es que entrado el siglo XXI ser católico y ejercer el cargo de primer ministro sigue siendo todavía un problema. No tanto por el conflicto norirlandés y la irritación que provocaría entre los protestantes del Ulster la noticia, sino sobre todo porque el Gobierno británico sigue siendo oficialmente el Gobierno de Su Majestad y ésta, hoy por hoy, es confesionalmente anglicana y defensora pública de esta fe. En este sentido, no hay que olvidar que el Rey de Inglaterra es desde el cisma de Enrique VIII la cabeza visible de la Iglesia anglicana y que el Estado es un reino complejamente confesional, en Inglaterra y Gales, anglicano, y en Escocia, presbiteriano. Con todo, no por esperada, la conversión de Blair no ha dejado de provocar cierto revuelo en la opinión pública. Primero, porque a pesar de su retirada política, el ex primer ministro sigue siendo un referente de primera mano para el conjunto de la clase política del país. Segundo, porque su conversión descubre que sigue en plena forma una corriente centenaria de adhesión criptocatólica entre las filas de la comunidad anglicana, corriente que desde tiempos de Tomás Moro siempre ha mostrado una cercanía latente hacia Roma; tanto, que generación tras generación ha ido renovándose con goteos famosos de conversos, algunos tan nombrados y conocidos como el cardenal Newman, Chesterton, Evelyn Waugh, Graham Greene o C. S. Lewis. Y, finalmente, porque en tiempos de evidente debilitamiento del mundo de las creencias bajo el peso de la secularización y el hedonismo utilitarista que muestran las sociedades postmodernas, ver cómo un político del prestigio y de la proyección mundial que tiene Tony Blair dé el paso hacia la conversión al catolicismo es, sin duda, un hecho sorprendente debido a la significación moral que encierra la ejemplaridad de esa iniciativa para el conjunto de la sociedad británica. Y si, además, esta conversión tiene lugar en alguien que es un referente para la izquierda más centrada, entonces, la noticia reviste un calado de significación oculta que anticipa corrientes más profundas que desmienten la superficie de frivolidad e ignorancia ideológica en la que algunos líderes políticos de la izquierda europea se empeñan en menudear cotidianamente por un puñado de votos. BLAIR SE DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera T CULTURA DE UNIDAD NA vez más, el mensaje de Don Juan Carlos con motivo de la Nochebuena refleja fielmente la función integradora que ejerce la Corona. Muchos millones de españoles se sienten reconocidos en las palabras del Rey, ahora que termina un año particularmente intenso y en vísperas de un decisivo proceso electoral. El Soberano recordaba la capacidad de superación y el dinamismo que permiten afrontar el futuro con una confianza razonable, y para ello, la Constitución es elemento crucial de nuestro progreso como una gran nación Es de sobra conocida la postura de Don Juan Carlos, motor de la Transición democrática, en favor de los valores y principios que sustentan la norma constitucional vigente. En este contexto, destaca la apelación directa a los partidos para recuperar el necesario consenso en los asuntos de Estado. De este modo, el Rey se hizo eco del sentimiento generalizado en la sociedad española, que reclama a los políticos una prueba de responsabilidad y madurez más allá de los enfrentamientos coyunturales. Don Juan Carlos habló de la grandeza de la política concebida como servicio a los ciudadanos. Ojalá que las instancias correspondientes sepan escuchar esta llamada en nombre de la prioridad de esa Política con mayúsculas sobre el partidismo estéril. La firme determinación de acabar definitivamente con el terrorismo resulta más que oportuna en un año que comenzó con las secuelas del atentado de la T- 4 y termina con el doble crimen de Capbreton. El Rey se refirió a la necesidad de lograr cuanto antes una cultura de unidad al compromiso efectivo de todos los demócratas y al objetivo urgente e imperativo que incumbe a una sociedad avanzada para dar respuesta a la barbarie terrorista. No en vano y prácticamente a la misma hora que el Rey pronunciaba estas palabras, la sede del PSE en Balmaseda fue atacada por ETA. Es sin duda, otro ejemplo demostrativo de por qué nunca deben caer en saco roto estas apelaciones a la unidad ni por qué es suficiente aceptarlas de forma retórica. Ayer, los distintos U partidos acogieron con satisfacción las palabras del Rey, aunque no sin serios reproches culpándose mutuamente de la falta de unidad. Es de esperar que los partidos sepan estar a la altura de las circunstancias y que su adhesión al sensato mensaje del Rey se materialice cuanto antes en hechos. El terrorismo no conseguirá sus objetivos porque la sociedad democrática y el Estado de Derecho son más fuertes que la violencia. Y para lograrlo, no sólo es imprescindible esa cultura de unidad sino también- -y así lo reiteró el Rey- -recordar la deuda que tenemos contraída con las víctimas y reforzar la eficacia de las Fuerzas de Seguridad y la Justicia. Este año, el mensaje otorgó un protagonismo muy señalado a las cuestiones sociales. El Rey es consciente de que una sociedad moderna se plantea cada día problemas novedosos que exigen respuestas adecuadas. Merecen ser destacadas las referencias a la educación- -otro asunto de Estado que debería ser objeto de un gran pacto nacional- y también a la protección de los menores, de las mujeres sometidas a la violencia en el ámbito familiar, y de todos los ciudadanos en relación con los contenidos televisivos. Una mención especial dedicó este año al grave problema de las drogas y a la lucha contra la siniestralidad en las carreteras. A veces los políticos prefieren no enterarse de que la gran mayoría de la gente está mucho más preocupada por estas cuestiones que por las disputas de los partidos. Don Juan Carlos, que también agradeció las muestras de apoyo recibidas por la Corona en los últimos tiempos, acertó de lleno cuando recordó que las desigualdades, la violencia o la insensibilidad ante el sufrimiento de los más débiles denigran a una sociedad próspera y activa en general. Conviene que los medios de comunicación sean conscientes del interés social de estas materias, que ponen a prueba la calidad de nuestra democracia. Hay vida, en efecto, más allá del debate partidista. El gran reto consiste en dar preferencia a la solidaridad sobre el egoísmo, como se desprende de un mensaje especialmente certero y oportuno. AGENCIA TRIBUTARIA Y PRESIÓN AL TC L presidente de la Generalitat catalana ha anunciado que el próximo 2 de enero inaugurará con toda solemnidad la Agencia Tributaria de Cataluña. Se trata, tal y como se ha encargado de recordar el conseller de Economía, Antoni Castells, de un paso más hacia el Consorcio tributario entre la administración autonómica y la estatal, que debe empezar a funcionar en agosto de 2008. Si bien en un principio este Consorcio pretende hacerse cargo de la gestión de los impuestos compartidos, lo cierto es que la Generalitat ve en él una puerta abierta para gestionar en el futuro todos los tributos, sean cedidos o no. En total, la nueva Agencia Tributaria gestionará 5.000 millones de euros desde enero, una cantidad nada desdeñable si se tiene en consideración que, como tantos y tantos preceptos del Estatuto, los que regulan los nuevos organismos tributarios están aún pendientes del juicio de constitucionalidad que debe emitir- -cuanto antes y sin más dilaciones- -el Tribunal Constitucional. Es significativo además que el anuncio de la Generalitat se haya realizado sin una previa reunión con los representantes del Gobierno central en la correspondiente Comisión Bilateral. Es cierto que está prevista una reunión de ese órgano para mediados de enero. Pero es de esperar que la Generalitat utilice la cita para forzar más si cabe la máquina del desarrollo estatutario. El tripartito, convencido de que Moncloa busca ralentizar el desarrollo del Estatuto por temor a que el PP rentabilice en el resto de España- -y en periodo prelectoral- E su insolidaria política de cesiones a Cataluña, querrá conseguir como mínimo la elaboración de un calendario para el traspaso de las competencias de Cercanías de Renfe y de la Inspección de Trabajo. La estrategia del Ejecutivo catalán es por tanto diáfana: su pretensión es recuperar parte del mucho crédito dilapidado en los últimos meses- -tanto el PSC como ERC perdieron muchos miles de votos en los últimos comicios autonómicos- -a costa de crear nuevas hipotecas al Tribunal Constitucional. Desde esta perspectiva, la Generalitat está engordando deliberadamente un problema que ni el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha observado con criterios de racionalidad porque lo generó de modo irresponsable, ni para cuya solución el Tribunal Constitucional ha ofrecido todavía una respuesta en tiempo y forma. Cuando la Generalitat impone sus criterios políticos, adornados con la falsa excusa de una gestión más eficaz de los impuestos, no sólo desnuda al Gobierno por su evidente pérdida de control sobre esta fase del desarrollo estatutario, sino que somete al Tribunal Constitucional a una inadmisible presión con el fin de que, a la hora de dictar sentencia, se sienta persuadido de que revocando muchas de las medidas puestas en marcha resultaría peor el remedio que la enfermedad. Con el recurso previo de inconstitucionalidad en vigor se evitarían muchos de estos abusos. La experiencia demuestra que el ventajismo de algunos políticos en el presente a menudo redunda en el futuro en un serio perjuicio para los ciudadanos.