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ABC LUNES 24 s 12 s 2007 DEPORTES 93 EL MUNDO ES UNA HISTORIA CUERPO DE JOTA Miguel Pardeza, futbolista de La Quinta del Buitre que triunfó en el Zaragoza, es el tío que más sabe en España acerca de César González Ruano las pestañas con la prosa, así como medio gótica, así como medio barroca, de César González Ruano. Fueron cientos de artículos, necrológicas, crónicas, entrevistas y, en fin, todas las letras del mundo mojadas en el poso de un café que al principio fue el Gijón, allí donde currelaba el cerillero Alfonso, y que al final fue el Teide, donde ahora hay puesta una aseguradora encargada de reeditar la obra del César más calaverón y perdis de todos los Césares. Miguel Pardeza, sabedor de la tinta y del baile del calamar, ha sido facultado para coordinar la mayor parte de los textos. De esta manera, una aseguradora de vidas, y garante de muertos, va y echa mano de un futbolista para ponerse a la labor de revivir al hombre que subió el precio del jurel. Tanto es así que, al día de hoy, no se puede pensar en el uno sin recordar al otro. Decir César González Ruano es decir Miguel Pardeza. Y viceversa. Entre unas cosas y otras, Miguel Pardeza anda ahora de director deportivo del Zaragoza, equipo donde obtuvo sus grandezas. Si bien el Real Madrid lo dejó perder, los maños no se lo dejaron ganar y así que le ficharon. Por estas, el micurria andaluz con hambre de tinta sació sus ganas al ritmo de una Jota. Paradojas que tiene la vida y que le hacen a uno darle al caletre. Bien mirado, en un país donde el plomo flota y el corcho se hunde, donde la hembra más buenorra, antes de ser mujer, fue un tío con todos sus pelos y donde la antigua directora de la Hemeroteca Nacional presumía de no leer los periódicos, utilizándolos para otros menesteres más escatológicos, en un país tan único, no es de extrañar que el presidente del gobierno aproveche el periodo de su parienta para ajustarse el cinturón y comer conejo con tomate. La sonrisa del payaso llaman a este vicio tan propio de la cocina monclovita. De igual forma, llegados a tal punto de singularidades patrias, no puede sorprender que el hombre que más chanela acerca de González Ruano sea un futbolista. El saber no embota lanza y, por lo mismo, ninguna de las tres piernas. Todo lo contrario. Y para terminar la pieza ya sólo queda desear, desde este rincón de tinta, una Feliz Navidad y que la muerte siga de fiesta. Montero Glez Escritor El caótico tráfico de Pekín es otra de las preocupaciones de los organizadores de los Juegos Olímpicos AP Los Juegos del escupitajo Con el fin de mejorar los modales de sus ciudadanos con vistas a los Juegos Olímpicos, el Gobierno chino ha lanzado varias campañas para evitar malos hábitos como escupir, saltarse las colas y los semáforos o arremangarse la camiseta hasta las axilas PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. El Gobierno chino lo va a tener más difícil que Michael Caine en la película Educando a Rita para enseñar buenos modales a sus ciudadanos. A ocho meses de los Juegos Olímpicos de Pekín, la espontaneidad, la ingenuidad, la falta de decoro y la rudeza amenazan con arruinar el evento con el que el régimen comunista pretende legitimarse ante el mundo y despiertan el mayor temor de los chinos: Perder la cara Para evitar quedar mal ante el medio millón de turistas extranjeros que aterrizarán en Pekín durante los Juegos- -y, sobre todo, ante los 20.000 periodistas internacionales dispuestos a escrutarlo todo con su lupa profesional- el Ayuntamiento de Pekín lleva ya un par de años lanzando campañas para mejorar el civismo de sus ciudadanos. El primer objetivo consiste en erradicar el hábito de los chinos de escupir ruidosamente, una costumbre campesina muy extendida en un país donde el 60 por ciento de la población (800 de sus 1.300 millones de habitantes) vive en el mundo rural en unas condiciones bastante precarias, donde la etiqueta es la última de sus preocupaciones. Durante las pasadas vacaciones del Día del Trabajo, el Gobierno repartió 10.000 bolsas de papel entre los turistas chinos que visitaban la ciudad con el fin de que depositaran sus esputos en ellas. Para aquéllos que se resisten a dejar de plantar sus escupitajos en el suelo, hay furgonetas de la Policía con cámaras de vídeo que recorren el centro de Pekín grabando a los viandantes. Así, si un peatón es sorprendiendo escupiendo en la acera, un policía lo detendrá, le enseñará la grabación y lo multará con una sanción de 50 yuanes (5 euros) que fue lo que tuvieron que pagar los 50 infractores cazados durante un fin de semana festivo de mayo. Otro de los caballos de batalla del Gobierno son las colas, que los chinos se saltan a la torera entrando en los vagones del metro o los ascensores antes de que salgan sus ocupantes. En un país que funciona a golpe de decreto bajo un régimen autoritario, el Ayuntamiento de Pekín ha elegido el 11 de cada mes como el día de la cola para concienciar a los habitantes de la capital de que deben esperar ordenadamente en línea a tomar el autobús o a cruzar por los pasos de cebra. Lo malo es que los conductores tampoco respetan las normas de circulación, por lo que se han editado 2,8 millones de panfletos para mejorar su comportamiento. Así, a los taxistas, que son la imagen de cualquier ciudad para los visitantes, no sólo se les recuerda que no deben saltarse los semáforos en rojo, sino que han de tener una imagen aseada y un vehículo limpio, que no deben fumar ni hablar por el móvil mientras conducen y que han de cepillarse los dientes después de comer ajo. Y es que, especialmente en invierno, el olor de los taxis pequineses, donde duermen muchos de sus conductores, es capaz de tumbar al más insensible. En verano, el problema será, en cambio, el calor, que lleva a muchos chinos a arremangarse la camiseta hasta las axilas dejando al descubierto sus tripitas sin el menor pudor mientras hablan a gritos por el móvil. Para que una estampa tan poco atractiva no sea la imagen de los Juegos, ya ha empezado la cuenta atrás por los buenos modales en Pekín. Cincuenta infractores l saber no embota pierna. Y si no, que se lo digan a Miguel Pardeza, el tío que más sabe en España acerca de César González Ruano. Por si todavía quedase alguna duda, Pardeza perteneció, junto con Butragueño, Sanchís y Míchel, a esa generación bautizada como La Quinta del Buitre Un grupo legendario de jugadores merengues que, no conformes con el bachiller, se dieron a los estudios superiores. Por lo mismo, todas las mujeres con hijas casaderas les soñaban para yernos. La cosa no era para menos pues, además de lucir piernas duras como rama de chopo y una entrega que no resistía el taparrabo, los chicos de La Quinta del Buitre venían dotados de una sensibilidad extrema para el diálogo y la tertulia. Y de todos ellos, si bien no fue el más reconocido, Pardeza fue el más estudioso. Nacido futbolista hace cuarenta y pocos años en La Palma del Condado, pueblo del interior de Huelva famoso por sus viñedos, Pardeza se hizo pronto lector goloso. Diarios, revistas, novelas, tebeos y hasta los prospectos del champú, todo valía para un micurria con hambre lectora. Así, llegado el día en que tocó pasar el bachiller, el bueno de Pardeza no arrinconó libros, sino todo lo contrario. Se puso a estudiar a los clásicos, doctorándose con una tesis acerca de César González Ruano, el hombre que trajo la literatura hasta el periódico, dando tal valor a los papeles que, gracias a su prosa de lujo y chatarra, hizo que subiera el precio de las sardinas. No hay que olvidar que antaño los periódicos se utilizaban para tales menesteres, envolver el pescado, y otros servicios más escatológicos y que ahora no vienen a cuento. Miguel Pardeza se quemó E Pekín exigirá a los taxistas que no se salten los semáforos, limpien sus coches y se cepillen los dientes Nacido futbolista hace cuarenta y pocos años, Pardeza se hizo lector goloso hasta terminar estudios superiores