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68 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 24 s 12 s 2007 ABC CLÁSICA GOSPEL Ciclo de lied Obras de Mahler y R. Strauss. Int. Anne Schwanewilms, soprano. Malcolm Martineau, piano. Lugar: Teatro de la Zarzuela. Fecha: 17- 12- 07 Festival Cajamadrid Concierto de Marlena Smalls The Hallellujah Gospel Choir. Lugar: C. C. Villa. Fecha: 21- 12- 07 Últimas hojas ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Hoy es fácil sentir aprecio por la música de Gustav Mahler y del viejo romántico Richard Strauss. No hace mucho, se decía que era lógico entusiasmarse por ella en la juventud, obligado alejarse una vez asentado el gusto y reconfortante volver a recuperarla en la decadente madurez. En el paréntesis había que luchar a favor de la novedad y la especulación, un terreno en el que las melodías de ambos parecían representar aquellas bellezas lánguidas de las que habló Baudelaire. Y había parte de razón. Lo corroboran algunos textos y sus inmediatas evocaciones: sueños en el ocaso, corazones latientes, separaciones y partidas, noches, cunas y silencios. Por algo se hacía importante escuchar con los ojos cerrados. Tal vez, algún espectador de la totalidad que presenció el último recital del ciclo de lied lo hizo de este modo. La soprano Anne Schwanewilms se presentaba en él precedida de las mejores referencias. Venía de la mano del pianista Malcolm Martineau, viejo conocido y sutil acompañante capaz de colorar delicadamente estos repertorios. No quiere esto decir que así tenga que ser, sencillamente es una opción posible que funciona bien si encuentra su compensación. En este caso, la de Schwanewilms, aportando un punto de sobriedad y procurando apoyarse en ese lirismo etéreo sobre el que parecían columpiarse muchas de estas canciones del programa. En cualquier caso, no fue un recital impecable. Schwanewilms tropezó al intentar encontrar la fluidez del registro agudo, demasiado tirante y, en algún momento quebradizo. Ahora bien, fue fácil comprender que este hecho era circunstancial pues, por encima de cualquier detalle de ejecución, la soprano alemana dejó claro que tenía profundamente interiorizado el repertorio. En el recuerdo, los tres Lieder de Ofelia de Hamlet Un Strauss sereno, aparentemente hierático, elegante, bello, cargado de sentido... y sin edad. Lo fácil sería decir ahora que es así porque no la tienen determinadas músicas, pero lo cierto es que hubo un tiempo en que alguien quiso convencer de lo contrario. Al borde del naufragio LUIS MARTÍN La cartografía estética del gospel muta a pasos agigantados con esta formación llegada desde Carolina del Sur. El Hallellujah Gospel Choir, de poderosa comunicación popular, defiende posiciones entre las grandes formaciones con voz propia que tanto lustre y proyección dan a la música sacra estadounidense. Dieciséis cantantes en escena con una historia diferente que contar. Y con un compromiso con la preservación de la cultura gullah de las islas de Carolina del Sur. Los habitantes de aquellas latitudes atlánticas han realizado una peculiar amalgama cultural. De un lado, cuentan con el enorme acervo aportado por los nativos americanos; de otro, tienen bien presente el de aquellos esclavos negros que, durante trescientos años, fueron transportados hasta las islas desde las costas orientales de África. El resultado es una atractiva ofensiva contra la acogotante cultura blanco- estadounidense. Y se manifiesta en unas canciones de comportamiento rítmico muy próximo al del calipso caribeño y al zouk antillano; el primero levanta el espíritu, el segundo propulsa parte de su combustión escénica. Lástima que, de forma intermitente, la elección del repertorio echase la magia a rodar haciendo paradas en guiños navideños que restaban fuerza a la pegada. Es del dominio público que lo de Marlena Smalls es inocular dudas en el personal acerca de si el rinconcito natural de lo que escuchan queda en el marco del gospel o en el de la world music. Y una idea tan poco feliz como la de interrumpir el discurrir de su mensaje con versiones anodinas de Jingle bells o Noche de paz empañó en parte su visita. Si se libraba este escollo, Troya ardía cada vez que brotaba densa, con fiera personalidad, cualquiera de sus canciones de siempre. Y se hundía Babilonia cuando algunos solistas del Hallelujah Gospel Choir cincelaban la dificultad del canto sin caer en lo circense. Una entrega fasciculada de la historia de la música afroamericana. Gospel con raíces y de siempre en títulos como Rough side of the mountain Aquí sí hay estética y hay estilo. Y también ideas y logros. Lo demás es puritito naufragio. Nuria Espert, en un momento de la obra purgar a Totó es un vodevil doméstico y escatológico, un vodevil de la mediocridad y la hipocresía, cuya trama gira en torno a un negocio de orinales y el estreñimiento de un niño consentido; adheridas a esa línea argumental, el autor ha colocado, como dispuestas en una mesa de autopsias, cuestiones como la doble moral pública y privada, las pequeñas miserias matrimoniales que alimentan la pelusa gris del desafecto, la mentira como hábito social, la mala educación, la avaricia como guía de las acciones, las esquinas tramposas del lenguaje, la opulencia de la ABC TEATRO Autor: Georges Feydeau. Traducción y adaptación: Luis Blat. Dirección e iluminación: Georges Lavaudant. Escenografía y vestuario: Jean- Pierre Vergier. Intérpretes: Nuria Espert, Jordi Bosch, Gonzalo de Castro, Tomás Pozzi, Ana Frau, Carmen Arévalo y Manuel Millán. Lugar. Teatro Español. Madrid. Hay que purgar a Totó Algo huele mal JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Hace casi un siglo- -la estrenó en 1910- -Georges Feydeau (1862- 1921) sirvió al público parisiense de la época esta farsa conyugal moderna en la que los pequeños sucesos intrascendentes llevan ocultas cargas de vitriolo en el dobladillo de la cotidianeidad. Hay que Algún tropiezo Lavaudant dirige esta pieza de un acto con la limpieza y la precisión de un cirujano incultura... En fin, una suma de factores que indican que algo huele mal en los mecanismos de nuestra sociedad y no sólo el cubo de aguas sucias que Julia, la protagonista, pasea durante buena parte de la función. Georges Lavaudant dirige esta pieza de un acto con la limpieza y la precisión de un cirujano; un trabajo transparente que transcurre en el amplio y asumidamente agobiante espacio expresionista concebido por Jean- Pierre Vergier: un despacho cuyas paredes están forradas con un papel abarrotado de enormes rosas rojas, una gran mesa central y dos puertas laterales, grande y ostentosa la que da al exterior, pequeña y fea la que conduce a la intimidad de los aposentos, o sea, una propuesta que explicita el sentido del montaje. Nuria Espert, que tenía pendiente en su hoja de servicios el capítulo vodevilesco, se baja de sus coturnos de gran trágica y se calza unas pantuflas de andar por casa para componer magistralmente su Julia: descuidada, en bata, con bigudíes y las medias caídas, hace exhibición de grosera espontaneidad burguesa, y se nota que disfruta como payasa excelsa. Le da réplica un estupendo Jordi Bosch, sufrido prisionero de las convenciones sociales, los intereses comerciales y las cargas familiares; junto a ellos, un impecable Gonzalo de Castro que parece escapado de un daguerrotipo, el niñazo terrible Tomás Pozzi y el resto del reparto completan un divertido espectáculo teatral cuyo estreno fue acompañado por las constantes risas del respetable.