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66 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 24- -12- -2007 ABC Julio Bocca, a hombros de sus compañeros de escena en la última actuación de su vida AP Julio Bocca, mendigo para siempre Llevaba despidiéndose de los escenarios varios años, pero fue ayer cuando Julio Bocca dijo adiós de manera definitiva a una vida dedicada al ballet. Lo hizo en Buenos Aires, con un gran baño de masas que le confirman como la gran estrella que ha sido y es POR JULIO BRAVO MADRID. Julio Bocca llevaba muchos meses soñando con la mañana del 23 de diciembre de 2007. Ese día- -me confesaba hace un tiempo- -me levantaré por fin sin obligaciones. Seré un Julio Bocca nuevo y borraré de la memoria del disco duro las clases, las funciones, las entrevistas, las intervenciones quirúrgicas... Tengo ganas de levantarme de la cama y no tener nada que hacer, algo que no me ocurre desde hace muchos años. Levantarme y no pensar en que tengo ensayo, o en que tengo que hacer una nota para un periódico o una televisión La del sábado fue, definitivamente, la última función de Julio Bocca. Asegura que se corta la coleta para siempre, que no hará lo que tantos toreros, que vuelven una y otra vez. Hace ya mucho tiempo que fijó su despedida de los escenarios para el 22 de diciembre de 2007, meses después de cumplir cuarenta años, y desde que lo anunciara ha ido recorriendo aquellas ciudades que han tenido algo que ver con su carrera, con su vida. Lleva más de dos años diciendo adiós, quizás para convencerse de que ha tomado la decisión correcta. En Nueva York vivió, en junio de 2006, una de sus más emotivas veladas, cuando ante cuatro mil personas, en el Metropolitan Opera House, bailó su última función- Manon con Alessandra Ferri- -al lado del American Ballet Theatre (ABT) ¡Te queremos, Julio, te queremos! cantaba aquella noche un patio de butacas repleto de argentinos. También fue especial para él, confesaba, la última noche que bailó en La Habana, en donde actuó por primera vez con 19 años, recién llegado al ABT, para bailar, dentro del Festival de La Habana, El lago de los cisnes Allí empezaron a llamarle el niño y son muchos quienes se siguen refiriendo a él así. Entre ellos, muchos de sus amigos españoles. Al contrario de lo que ha pasado tradicionalmente con las grandes figuras del ballet, Julio Bocca actuó en España desde el comienzo de su carrera. Se presentó en nuestro país en Santander, como sustituto de última hora de Mikhail Baryshnikov, que le había contratado para el ABT como primer bailarín. Y su primera noche en el teatro de la Zarzuela, hace veinte años, dentro del programa del entonces Ballet del Teatro Lírico Nacional, fue una velada inolvidable. Junto a la zaragozana Arantxa Argüelles, Bocca se reveló como un artista de una fuerza salvaje, de una calidad técnica extraordinaria y de una energía contagiosa. El último día que bailó en Madrid, tras la función de Adiós, hermano Cruel descansaba en su camerino del teatro Albéniz, arropado en su albornoz blanco que ha sido, en los últimos tiempos, parte incluso de su vestuario. Aún con el sudor pegado al rostro, con la rodilla envuelta en hielo para mitigar el dolor de los músculos castigados, Bocca se sentía vacío. Sólo al caer el telón había sido consciente de que aquella había sido su última función en Madrid, una ciudad a la que tiene especial cariño, hasta el punto de haberse comprado aquí una casa. España ha sido siempre una referencia para Julio Bocca. Cada vez que venía, siempre con su inseparable Lino Patalano junto a él, preguntaba lo mismo: ¿Qué tal, has visto algo interesante? Se refería, claro, a los espectáculos de ballet que hubieran pasado por Madrid. Y seguía: Si ves a algún bailarín o bailarina con talento, dímelo El desaparecido empresario José Caturla le abrió las puertas de nuestros escenarios. Arantxa Argüelles fue su primera pareja artística española, y siempre la ha citado con admiración. También ha trabajado junto a otros artistas españoles, como Igor Yebra- -que va a bailar, como artista invitado, en el próximo trabajo del Ballet Argentino, que vendrá a España en junio- -o Tamara Rojo, con la que formó una tan fugaz como explosiva pareja. Quiso, pero ella se resistió- -quién sabe por qué- -bailar con Sara Baras. No ha entendido nunca que en España no haya una compañía estatal de ballet clásico, y se ha quedado con una espina clavada: la de no haber podido bailar en el Teatro Real, Bocca tituló su biografía (es- Sustituto de Baryshnikov