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16 ESPAÑA Precampaña electoral s El PSC LUNES 24 s 12 s 2007 ABC Maragall incita a Ciutadans pel Canvi socios del PSC, a plantar batalla al PSOE en las generales I. A. BARCELONA. El ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall tiene una cuenta pendiente con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y no pierde ocasión de demostrarlo. La última ocasión fue la semana pasada, cuando tanteó a Ciutadans pel Canvi (CpC) durante la reunión de su Permanente para que se presenten a las generales con una candidatura al margen de la del PSC- PSOE. La propuesta es inviable, puesto que Ciutadans pel Canvi (CpC) -la plataforma creada en 1999 en apoyo a su primera candidatura autonómica que en las dos últimas convocatorias catalanas se ha presentado coaligada con el PSC y ocupa cinco escaños en el Parlamento autonómico- -acaba de reformar sus estatutos para convertirse en movimiento cívico- político. Sin embargo, la propuesta de Maragall, insinuada más que planteada en serio, hubiera servido básicamente para abrir una brecha en el electorado socialista catalán, ese que debe darle el segundo mandato a Zapatero. En los últimos meses, prácticamente desde que José Montilla se garantizó la presidencia de la Generalitat con la reedición del tripartito, Maragall ha hecho cada vez más evidente su disgusto con los socialistas y ha centralizado ese desencanto en el inquilino de la Moncloa. Acusó a Zapatero de haber ofrecido la presidencia de la Generalitat a Artur Mas, explicó que ni Montilla le apoyaba cuando planteó su candidatura a la secretaría general del PSOE, y ahora le busca contrincantes. Edurne Uriarte ZYR o está nada claro que sean la Z y la R las que ganen las elecciones en los sistemas de partidos europeos. Las ganan las letras de los partidos, la P con la S, con la O y con la E o la P con la P. De eso hay amplia constancia sociológica y politológica. De lo otro, de la influencia decisiva de la Z y de la R, hay hipótesis, sospechas, conjeturas, pero débiles evidencias. Los españoles votan a los partidos y no a los líderes. Eso es lo único que hasta ahora han averiguado con solvencia los expertos en comportamiento electoral. Y, sin embargo, ambos partidos, especialmente el PSOE con su campaña de la Z, practican la hipertrofia del liderazgo, sobre todo para la campaña electoral, lo que es un error por un doble motivo. Interno, en primer término, especialmente en un partido como el PSOE que hace bandera de la democracia interna y de la participación. La campaña de la Z cuestiona radicalmente ambas intenciones. Anula al partido y adora al líder absoluto. Eclipsa el trabajo colectivo y sobredimensiona a un individuo. Sin llegar tan lejos como una campaña R, el PP cae en vicios comparables con su sustitución del PP por Rajoy. El error externo es que ambos partidos concentran la mayor parte de sus esfuerzos en la venta electoral de sus líderes cuando sería bastante más seguro hacerlo en la promoción de las siglas de sus partidos. El origen de tan cuestionable empeño está probablemente en la americanización de las campañas electorales europeas, en la imitación de un sistema político que, en cuanto a líderes y partidos, no tiene nada que ver con el nuestro. Y, además, en las reglas periodísticas del espectáculo. La Z y la R hacen espectáculo. El PSOE y el PP dan información, incluso aburrimiento, pero muy poco espectáculo. El carisma existe. Las cualidades de liderazgo, también. Y todo lo contrario de ambas, aún más. El problema es que no hay forma de demostrar su correspondencia con los resultados electorales. En un sentido o en otro. En España, han ganado hasta anti- líderes como Manuel Chaves y Juan José Ibarretxe. Y varias veces. O sea, han ganado sus partidos y lo han hecho incluso con los líderes más inverosímiles. N