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6 OPINIÓN LUNES 24 s 12 s 2007 ABC EL IDEAL DE LA COALICIÓN PSOE- PP Y EL SOMBRERO DE GALLARDÓN La gran coalición entre los dos grandes partidos debe ser, en democracia, un pacto excepcional. Un acuerdo nacional como el de Merkel y Schroeder en Alemania Rajoy para la Vicepresidencia Económica del Gobierno en el caso, milagroso, de que los españoles, por ciencia infusa, decidieran derrotar a Zapatero. Por lo mismo, cabe imaginar que Zaplana, Acebes y Moragas son futuribles ministros de la Presidencia, Interior y Asuntos Exteriores. Cuando deberíamos estar hablando de la histórica crisis que se abrirá en el PSOE en caso de derrota de Zapatero, la pelea entre Aguirre y Gallardón sigue marcando el ritmo de la actualidad. Lo que explica que, a pesar de la catastrófica legislatura socialista, los sondeos electorales siguen empeñados en el empate técnico entre PSOE y PP, que de traducirse en escaños- -según el análisis explicitado por ABC- -podría ofrecer una ligera ventaja a Zapatero con 158, frente a 154 de Rajoy. Lo que nos situaría en el umbral de la gran coalición PSOE- PP, un pacto con el que sueñan históricos dirigentes de los dos partidos, a sabiendas que en la próxima legislatura se debe recuperar la primacía del Estado y la cohesión nacional y proceder a una reforma de la Constitución, además de la ley electoral. Y también, a encarar al chantaje permanente de la clase política nacionalista que, al margen de los ciudadanos de su entorno y mientras ETA mata, trata de montar en el País Vasco- -contra la sentencia del caso EKIN y la posible ilegalización de ANV- -un frente electoral de autodeterminación, para hacer sitio a Batasuna, o para quedarse con sus votos. Algo similar a lo que busca CiU en Cataluña, con la refundación del catala- LA CRÓNICA DEL LUNES Pablo Sebastián O habría estado mal que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz- Gallardón, se hubiera levantado, pedido el sombrero y marchado de la sala, haciendo un sonoro mutis de dignidad y firmeza, cuando el líder del PP, Mariano Rajoy, tapó con bromas la ausencia de amparo a los suyos y su falta de autoridad, por enésima vez desafiada por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que da por segura la victoria del PSOE en los comicios de marzo, y por ello se opone a que Ruiz- Gallardón ocupe un lugar en las listas del PP. No vaya a ser- -piensa Esperanza Aguirre- -que durante las exequias y la sustitución del jefe del partido se alce, en el hemiciclo del Parlamento, la voz del alcalde de la capital, como alternativa en el Partido Popular y líder de la oposición, echando por tierra la desmedida ambición de la presidenta madrileña. La que está en precampaña personal, no en el beneficio de Rajoy, sino para postularse ella en provincias como futura presidenta del partido. De lo contrario, no vestiría el discurso de España se acabará si Zapatero vuelve a ganar las elecciones. Ni España se rompe ni España se acaba, porque es irrompible y constituye un hecho histórico objetivo imposible de desmontar desde las minorías del nacionalismo, por más que Zapatero haya jugado, de manera irresponsable, a la ruleta rusa de la centrifugación territorial. Bastaba ver, en el entierro de los dos guardias civiles asesinados por ETA- -ellos y sus familias, hoy en el recuerdo de los españoles en este día de Navidad- la serenidad y la fuerza del Estado para no alentar el simplismo catastrófico que durante los últimos pasados años enturbió la labor de oposición del Partido Popular, anclada en el pasado de la mano de portavoces sin crédito, y perdida en las conspiraciones del 11- M, de las que nunca más se supo tras la sentencia de la Audiencia Nacional. Por la puerta del Partido Popular han pasado, sin que nadie les invite a un café, personalidades como las de Rodrigo Rato o Manuel Pizarro, camino de la empresa privada, mientras en el Congreso de los Diputados tronaba, en el debate final de los Presupuestos, el diputado Martínez Pujalte, quien suponemos que será el titular in pectore de N Ni España se rompe ni España se acaba, porque es irrompible y constituye un hecho histórico objetivo imposible de desmontar desde las minorías del nacionalismo, por más que Zapatero haya jugado, de manera irresponsable, a la ruleta rusa de la centrifugación territorial nismo. Los unos a palos con la Audiencia Nacional, y los otros amenazando al Tribunal Constitucional. Y todo esto, en plena crisis del Poder Judicial y con la incertidumbre de la economía. De ahí la importancia, en caso de empate, de una gran coalición, con o sin Zapatero y Rajoy. Dos políticos que pronto se verán las caras en televisión, a donde acudirán con diferente estado de ánimo. Zapatero, asustado porque puede salir del poder a la misma velocidad de las líneas del AVE que inaugura gracias al PP- -al que hizo un tibio reconocimiento, sin mencionar a Álvarez Cascos, ante su ministra reprobada- y Mariano Rajoy, que parte como el aspirante perdedor, encantado de haber llegado a ese mano a mano, sin haber hecho en el PP lo que debió de hacer, a ver si suena la flauta de la victoria y todo el éxito se lo lleva él. Que fue lo mismo que hizo José María Aznar en el año 2000, cuando rompió sus pactos de gobierno con el nacionalismo- -más moderado de entonces- -y dijo eso de voy a ser yo y se olvidó de los españoles y se equivocó. La gran coalición entre los dos grandes partidos debe ser, en democracia, un pacto excepcional. Un acuerdo nacional como el de Merkel y Schroeder en Alemania. Algo que, virtualmente, intenta Sarkozy en Francia para modernizar la República, y que haría falta en Bélgica y en Italia. Y en la España actual, aunque, como decía con sorna un embajador español que conoce el Estado teutón, allí es más fácil porque habitan alemanes y, en España, no Basta ver lo que ocurre en el PP, mientras permanece colgado en el perchero el sombrero de Gallardón. -Huéspedes así no interesan. Nosotros buscamos clientes que sirvan para promocionar nuestra inmobiliaria a escala universal.