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ABC LUNES 24 s 12 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA CUENTO DE NAVIDAD UANDO su mujer le pasó el teléfono supo a través de su mirada de decepción que se iba a perder la cena de esa noche. La comprensión de ella no le quitaba remordimientos por fallar a menudo en citas señaladas, en las que su deber entraba en colisión con las obligaciones familiares y le dejaba en el almaunabrechadeconcienciaescindida. Durante mucho tiempo había estado solo y buscaba sentido a su desamparado vacío existencial en la disponibilidad de hallarse donde casi nadie quería; se acostumbró a las guardias de Navidad o de Año Nuevo, y al voluntariadoqueleapartabadelalboroIGNACIO zo ajeno de unas fiestas que CAMACHO leestragabanelalmayleempujaban hacia lejanas zonas de guerra o de hambre. Había pasado Nochebuenas en hospitales bombardeados de Bosnia y cabos de año remendando vísceras en el desangrado corazón de África. Entonces huía de sí mismo, de la melancolía cenital que le provocaba su descreimiento en medio de la forzosa algarabía del derroche y los regalos, y trataba de compensar su malestar interior involucrándose en el dolor y la zozobra de las situaciones límite. De esas experiencias al filo de la angustia le quedó un poso de activismo que ya no aprendió a remansar cuandoembridósuhoscapesadumbre, cuando se casó y tuvo hijos que estimularon su ternura, ycuyaquebradizailusiónlesembrabaladuda de queno acabasen de entender tanta ausencia inesperada, tanta desaparición en fechas quepara ellos resultaban de una estimulante y crucial intensidad. Salvar vidas, decía para explicarlo, pero alguna vez leyó en los ojos de su parejaelreprochesilenciosoquetambiénreclamaba salvar sentimientos, o afectos, o acaso simplemente los rescoldos de la convivencia. Pero esa Nochebuena no había excusas, ni aplazamientos, ni excepciones, porque desde que se dedicaba a los trasplantes sabía que el tiempo era la cortina que separaba el ser del no ser, el éxito del fracaso, la vida de la muerte. En realidad, lo sabía desde mucho antes, desde que esperaba con un rudimentario instrumental en las manos la llegada dramática de ambulancias destartaladas cargadas de cuerpos salpicados de metralla, camino de un quirófano alumbradocon velasen cuyapuertavioen más deunaocasiónevaporarseelalientodelosheridos sobre sus camillas. Lo sabía desde que aprendióquealotroladodelafelicidad, delconfort, del cariño, hay un hilo delgado de premuras en el que el azar cuelga los destinos de la gente con una mueca siniestra de desafío. La llamada era del hospital: había un donante, un receptor y mucha prisa. Acababan de apuñalar a un inmigrante negro unos jóvenesdecabezarapada, ysu familia había autorizado la entrega de los órganos que habían quedado a salvo de la carnicería. Estaba la mesa puesta, los niños arreglados, sus padres por llegar y los regalos sobre los platos envueltos en papel de colores. Su mujer no dijo nada; sólo le diounbesoy en lapuertalecruzóuna miradaa la vez decepcionada y cómplice. Él mintió a los chavales diciéndoles que trataría de llegar a la cena y bajó al garaje. En el ascensor pensó en la Navidad de los hijos del muerto, en su hueco abandono desolado en medio de la tragedia y de un país ajeno, y en las ganas que en ese momento sentía de trasplantar a alguien que lo mereciese el hígado de su asesino. C EL ÁNGULO OSCURO ¡FELICES FIESTAS! PERO... ¿QUÉ FIESTAS? EO en estos días al argentino Leonardo Castellani (1899- 1981) una suerte de Chesterton porteño, corajudo y exaltado, con ese grado de exaltación y coraje que distingue a los escritores dispuestos a enfrentarse a esas viejas herejías que los progres llaman ideas nuevas. Castellani fue un jesuita díscolo a quien la Compañía de Jesús, en su decadencia modernista, quiso someter al silencio; pero dejó más de cincuenta libros en los que se burla de los dogmas laicos con una vena humorística de la mejor estirpe: cáustica, perspicaz, deliciosamente reaccionaria. Tocó todos los géneros: el cuento y la novela, la poesía y la biografía, el ensayo y la exégesis bíblica, la sátira y la crítica literaria; por supuesto, sus obras apenas han sido reeditadas, pero llegará el día- -cuando la tiranía progre decaiga- -en que se le reconozca como lo que sin duda es: uno de los grandes escritores en español del siglo XX. En Las canciones de Militis una colectánea de artículos publicados en los años cuarenta, Castellani esgrime como su maestro Chesteton el arte de la paradoja para desenmascarar la necedad contemporánea y la artificial trama de las mentiras oficiales, hasta desvelar la geJUAN MANUEL nuina urdimbre de las verdades profunDE PRADA das. Escribe en uno de estos artículos: A medida que se va perdiendo en nuestro país el sentimiento de lo sacro, se han ido multiplicando las fiestas seudosacras sin contenido sacro; a causa de la ley biológica que dice: medida que disminuye lo vivo, aumenta lo automátiA co No se puede hacer reír a la gente por decreto; tampoco se la puede hacer sentir. Un hombre puede llevar al río un caballo; pero ni diez hombres pueden hacerlo beber si no quiere. Crear una verdadera fiesta es más difícil queeso. La más antigua fiesta cristiana es la Cena del Señor. Se reunía lacomunidad cristiana acomer, a recibirelSacramento y a comulgar entre sí, es decir, a poner en común sus ideas, sentimientos e intereses bajo el fundente de una misma fe. Se encontraban entre ellos para encontrarse a sí mismos a laluz deuna creencia común y trascendente. Ésees el tipo de toda fiesta verdadera, que se basa en una necesidad L y se cumple en la recepción de un don espiritual, el cual por el hecho de recibirse aúna y unifica todas las voluntades Los progres están empeñados en convertir la Navidad es una fiesta laica, esto es, en despojarla de su contenido real. Pero una fiesta que no sea comunión entre quienes la celebran y recepción deun don espiritual no podrá sernunca una verdadera fiesta. Y es que la jovialidad que no nace deun fondodecomunión no es sinoel aspavientodesesperado de quienes ya han dejado de beber en el manantial del que brota la única felicidad perdurable. Conviene recordar la célebre frase de Chesterton: Quitad lo sobrenatural, y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural Castellani también se refiere a este alejamiento de lo sobrenatural que mata lo que en nosotros hay de criaturas vivas: Cuando alguien se aleja de Dios, se hace a sí mismo un gran mal. Filosóficamente hablando, no habría que decir se hace un granmal, sino se hace elGran mal. Yel castigo que Dios leda es éste: Dios se queda donde está. Esto es lo que dice esa parábola del Hijo Pródigo que muchos imaginan es solamente una imagen de la sensiblería deDios, una imagen de la lenidad del padrazo pachorriento o a lo más una imagen de la misericordia divina, siendo así que es ante todo una imagen de la trascendencia divina. El Hijo se va y el Padre no lo ataja; el Hijo pide lo que es suyo y el Padre se lo da sabiendo muy bien que no es suyo. Castiga a la criatura insensata con el terrible castigo del que habló el poeta: A un hombre que se quiere engañar, ¿qué castigo le hemos de dar? Dejarlo que se engañe, amigo. ¡No hay peor castigo! El hombre contemporáneo ha echado a Dios de su seno; y lo que le pasa ahora es muy sencillo: no tiene a Dios. Y sin Dios el hombre no puede hacer cosas divinas; ni siquiera puede divertirse, pues sin Dios no hay comunión verdadera entre los hombres, y sin comunión verdadera no puede haber fiesta. Deseo a las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan una feliz Navidad: ojalá en estos días de fiesta seencuentren entresí ala luzde unacreencia comúny trascendente. Y les exhorto a leer al gran Leonardo Castellani, cuyos libros encontrarán tirados de precio- -como conviene a cualquier autor que se rebele contra la tiranía progre- -en iberlibro. com. www. juanmanueldeprada. com