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ABC DOMINGO 23 s 12 s 2007 Precampaña electoral s Análisis ESPAÑA 15 Un PNV sin salida El PNV sostiene cada día con menor éxito su apariencia de moderación, a lo que contribuye la debilidad del Gobierno de Zapatero, que necesita su apoyo s El riesgo de este PNV es que, perdiendo la centralidad, pierda los votantes que ir de la mano de ese otro, violento y totalitario, que se ha ido construyendo en torno y dentro de ETA. El PNV a lo largo de dece, nios, ha sostenido con hipocresía que, con ETA y la Izquierda Abertzale, le separaban los medios pero no los fines que sería la independencia. La distinción entre fines y medios, como si en política aquellos no estuvieran directamente implicados con los medios, es una contradicción ideológica en un partido que dice ser democristiano, pero también es una contradicción política y moral, porque el terrorismo está en la entraña de ETA y sus secuaces y la dictadura totalitaria es su fin principal. El único modo de coincidir en los fines es aceptando en la práctica los de la banda, que es a lo que se acerca el Plan Ibarretxe y sus hijuelas y la deriva en la que el PNV se embarra una y otra vez para conseguir una mayoría nacionalista que de otro modo no consigue lograr. Imaz, a su modo, quería romper esa trayectoria aunque los objetivos del PNV se dilataran en el tiempo. Convencido de que la colaboración con Batasuna lleva a fines que no pueden ser los del PNV optó por lo que, con retórica particular, se dio en llamar acuerdos transversales es decir, con no nacionalistas (en concreto, durante su presidencia, con el PSOE) un trayecto más lento, pero un fin distinto del totalitarismo batasuno. Su dimisión y los pactos y cambalaches en el PNV para que Iñigo Urkullu, que parecía de su cuerda, le suceda han dado al traste con esa posible novedad. Xabier Arzalluz explicó, con la clara rudeza con la que suele hablar, que había dos sectores en el PNV: quienes querían entenderse con los socialistas y quieres pretendían hacerlo, para formar una mayoría nacionalista, con Batasuna. Él estaba, añadía, con estos últimos. La paradoja es que Arzalluz, que en otro tiempo fue el valedor de Josu Jon Imaz (del que pronosticaba que llegaría a ser lehendakari) siempre fue más que receloso- -con encono y sarcasmo- -de Urkullu. Su proyecto, el del Arzlluz de hoy en día (el de su antiguo adversario Egibar también) no podía llevarse a cabo con Imaz, pero puede retomarse con Urkullu. El PNV sostiene cada día con menor éxito su apariencia de moderación, a lo que contribuye la debilidad del Gobierno de Rodríguez Zapatero que necesita su apoyo a cambio de prebendas. Fuera de ese territorio, se suma, rompiendo las resistencias de Imaz, a los dictados de Ibarretxe, al entendimiento con Batasuna, al enfrentamiento abrupto- -con la Audiencia Nacional de trasfondo- -con el Estado de Derecho, a la defensa del entramado terrorista, etc. Es una colaboración en la que el PNV no consigue ni imponer el nombre de Euskadi para el sucedáneo de selección de fútbol, que se llamará, al estilo batasuno, de Euskal Herria. Tampoco la colaboración- -o la entrega- -para conseguir la tregua de 1998 Germán Yanke a sustitución de Josu Jon Imaz por Íñigo Urkullu al frente del PNV tiene más paradojas que novedades políticas. Las novedades hubieran venido, más bien, de la evolución interna que Imaz podría haber puesto en marcha y que, por el momento, ha quedado frustrada. Imaz, ciertamente, no es menos nacionalista que Urkullu, ni menos nacionalista que Egibar, su adversario declarado. Concebía simplemente que no convenía ni había necesidad alguna para que su nacionalismo tuviera L supuso rédito alguno para el PNV y mucho menos para su tradicional proyecto político, pero cuando uno se pone en manos de Batasuna, que es ETA, pierde su razón de ser. Y va camino de perder, a trancas y barrancas, incluso su razón de ser meramente estratégica. En las últimas elecciones municipales y forales el PNV se dio un solemne batacazo en los territorios dominados por el sector de Egibar y sólo salvó los papeles en Vizcaya, el feudo de Imaz. La mayoría nacionalista con Batasuna dentro, juega en contra del PNV aunque juegue a favor de las ensoñaciones totalitarias de Ibarretxe, Arzalluz y Egibar en las que, aunque le pese, ha quedado atrapado Urkullu. Unos han abandonado el viejo PNV para no romper la unidad con Batasuna, otros para no romper la unidad del partido. El riesgo de este PNV es que, perdiendo la centralidad (esto es, la posibilidad de dar carta de naturaleza a los acuerdos transversales de Imaz) pierda los votantes. Unos, desencantados por su deriva. Otros, como ya ha ocurrido en Guipúzcoa y Álava, porque prefieren apoyar, en esa mayoría nacionalista, a los que en ella llevan la voz cantante. Lo de Urkullu, además de paradójico, puede ser histórico.