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ABC DOMINGO 23 s 12 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA ACUMULACIÓN DE EFECTOS (LAS BANDERÍAS DE LA DERECHA) Es posible que el moderantismo y la transversalidad de Ruiz- Gallardón, por sí mismos, no consigan más votos, pero en sinergias con otros efectos lo harán. Si fuese posible añadir al efecto que genera el alcalde de Madrid el propio de la presidenta de la Comunidad Autónoma, Esperanza Aguirre, habría que volcarse igualmente en integrarlo, y así tantos cuantos efectos más quiera acumular Mariano Rajoy... NO de los intentos- -en buena parte logrado- -de aproximarse a las características de la derecha española ha sido el protagonizado por el profesor Pedro Carlos González Cuevas en su ensayo sobre El pensamiento político de la derecha española en el siglo XX (Editorial Tecnos, 2005) En este texto emerge uno de los signos de identidad de la derecha de nuestro país en los últimos cien años: su trágica fragmentación, su carácter banderizo, su falta de cohesión interna. González Cuevas, con perspicacia, sostiene que en España la derecha ha seguido en las últimas décadas dos grandes tradiciones, siendo la conservadora liberal en la que se concretó el moderantismo español que culminó en su momento en el canovismo. Esta derecha fue la que, según el autor, admitió selectivamente las transformaciones políticas y sociales consideradas como irreversibles, tras el triunfo del liberalismo en Europa; pero con la pretensión de conservar, a partir del concepto de constitución histórica determinadas instituciones tradicionales, como la Monarquía y el catolicismo, auténticos ejes, desde su perspectiva, de la tradición nacional y de la conservación social Esta definición me parece sustancialmente acertada- -así lo avalan los hechos de nuestra historia- -porque así lo asumió el canovismo de la Restauración, que fue el primer y exitoso propósito de aglutinar al precedente histórico de la derecha conservadora liberal del siglo pasado que encontró luego en Ortega y Gasset la inyección teórica precisa para su laicización y modernización. En el fondo- -escribe González Cuevas- -Ortega y Gasset fue un hombre de derechas, en cuyos escritos se expresa la mayoría de los motivos del pensamiento elitista y conservador: el realismo político e histórico, el sentimiento del valor de la continuidad, una teoría de la nación como empresa integradora y, finalmente, un sentimiento fuertemente aristocrático de la sociedad y de la vida, en la que pocos están llamados a dirigir a muchos Y añade el autor: Además, sin su aportación intelectual es imposible conocer e interpretar la aparición de nuevas tendencias en el seno del conservadurismo español ánovas y Ortega son- -creo- -los fautores de la derecha española y sus grandes renovadores, completados y complementados por otros también importantes, pero siempre en el ámbito del moderantismo- -algo bien distinto al centrismo que carece de connotación ideológica porque se trata de un tactismo más o menos oportunista- -en el que lo liberal y lo conservador han convergido de manera fructífera. Cuando la derecha en España ha dejado de ser moderada- -es decir, cuando ha comenzado a establecer políticas internas de exclusión, tribalizándose por la intolerancia hacia el próximo y elevando a máximos ideológicos y prácticos sus propios postulados- -sus posibilidades hegemónicas han fracasado en la sociedad española. Y aun- U que el franquismo distorsionó por completo el devenir de la derecha, lo cierto es que tanto en el último cuarto del siglo pasado como en los inicios del actual dos episodios han demostrado sus potencialidades: en la Transición, la Unión de Centro Democrático, y en los años noventa, la refundación del PP bajo José María Aznar. E n ambos capítulos históricos, la derecha se amplió y acogió a las familias más diversas: desde los azules reformistas del franquismo, hasta los flecos de la socialdemocracia, pasando por democristianos y liberales. El suicidio de UCD se produjo, no sólo por la genética de su constitución- -quizá quebradiza y perentoria- sino también por el fulanismo, la bandería y el enfrentamiento interno. De todo lo cual aprendió Aznar, para desde los inicios de su gestión rehacer el PP dejado en sus manos por Manuel Fraga para, con la argamasa del centro reformista (reformulación semántica del moderantismo) y las evocaciones canovistas, orteguianas y azañistas, muscular una fuerza política que ganó las elecciones y llevó a la derecha democrática española- -a través de las urnas, con una limpieza nítida- -a ocho años de ejercicio del poder, buena parte de los cuales cabe calificar de brillantes y eficientes. En la actual tesitura el esfuerzo de unidad de la derecha conservadora y liberal española debe ser titánico porque todo aquello en lo que cree y la justifica está en el alero: la gradualidad en las transformaciones sociales, los elementos tradicionales que personalizan la sociedad española, la integridad de la forma monárquica del Estado, la propia continuidad de la Nación y el papel de España en el mundo global. No hay otra forma de unidad que la observación por parte del electorado de un ejercicio generoso y discreto de acumulación de efectos positivos que generen una dinámica ganadora. Es posible que el moderantismo y la transversalidad de Ruiz- Gallardón, por sí mismos, no consigan más votos, pero en sinergias con otros efectos lo harán. Si fuese posible añadir al efecto que genera el alcalde de Madrid el propio de la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, habría que volcarse igualmente en integrarlo, y así otros muchos efectos como el de Teófila Martínez en Cádiz, o el de Ritá Barberá en Valencia, o el Alberto Fabra en Castellón, y tantos cuantos efectos más quiera acumular Mariano Rajoy, en torno al cual hay que cerrar filas con una sinceridad transparente. Cada uno de esos efectos personales, en lo que son y representan, resultan insuficientes, es decir, en bandería nada aportan, pero en un sumatorio inteligente acumulan fuerza y, en su diversidad de procedencias, sensibilidades y matices, pueden constituirse en una opción ganadora. Cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid menciona este periódico como volcado en apoyar la presencia del alcalde de la capital en las listas electorales de los comicios legislativos próximos, no nos hace reproche, porque es tan cierto como lo fue el apoyo sin reservas que a ella le granjeó en las autonómicas de mayo pasado, y no sería menor el que le prestaría si tuviese posibilidad de añadir sus capacidades- -que son muchas- -al lance electoral de marzo. ¿Es que acaso, en este proyecto nacional del conservatismo liberal español, caben maniqueísmos en la inteligencia de un periódico centenario como ABC que se fundó para anclar opciones ideológicas como es en la que milita Esperanza Aguirre y a la que ella contribuye tanto como el alcalde de Madrid y otros centenares de dirigentes, siendo los del País Vasco especialmente admirables y esforzados? O C curre que hay algunos- -quizá demasiados- -que no comprenden que en determinados momentos de la historia de un país los mejores deben ser convocados, deponiendo todos otras consideraciones- -personales o políticas- -cuando el interés superior es el de la Nación que- -como intenté explicar el domingo pasado- -está en verosímil peligro de fragmentación territorial y moral. La derecha española no siempre ha comprendido la hondura de su misión histórica en determinados capítulos del devenir nacional. La actual es una coyuntura crítica que requiere acumular efectos positivos- -personales e ideológicos- -sin detenerse en las anécdotas que puedan oscurecer las cuestiones categóricas. En eso está ABC; en eso seguirá estando, porque en la perseverancia en perseguir lo importante sobre lo inmediato y lo perdurable sobre lo contingente está la clave- -indescifrable para los miserables- -de su permanencia en la conciencia colectiva de los españoles. Por eso- -en definitiva- -ABC, además de un periódico, es una institución. JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC