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S 6 22 12 07 LA VACA QUE RÍE 12 S 6 LOS SÁBADOS DE Las estrellas y la bollería eleyendo la interesantísima conversación de Elsa Fernández- Santos con Manolo Blahnik en la colección Entrevistos (RqueR editorial) me topé con Greta Garbo, lástima que en papel y no en persona como él. Contaba el zapatero prodigioso su encuentro con la sueca que no se lo hacía. Siendo muy joven estaba decorando con croissants el escaparate de su primera tienda en Nueva York (en la avenida Madison) y de pronto una señora se pone a aporrear el cristal. ¿Qué hacen con esos croissants? ¿No ven que eso es un desperdicio? ¿Es que no saben que la gente se muere de hambre? Era la Garbo. Muy vieja. Hermosísima. Muy antipática ¡Tan luterana! decía Blahnik. Lo que más recordaba eran las manos contra el cristal. Llenas de pecas. Llenas de manchas. Greta Garbo es la más fascinante estrella de cine. También lo es la fijación por la bollería que ella y un tipo con menos misterio pero igualmente fascinante (Cary Grant) tenían. Conocido es que el actor acabó llamando a Estambul al mandamás hotelero Conrad Hilton para que le explicara por qué en su desayuno del Plaza había un muffin y medio si en el menú ponía English muffins en plural, y para el plural se necesitan al menos dos (la razón era que un experto en eficacia había advertido que los clientes siempre dejaban el cuarto trozo) Tenía fama de tacaño pero, según Geoffrey Wansell en The Cary Grant that Nobody Knows (1984) lo que no le gustaba era que lo engañasen, ya que gastó cientos de dólares en llamadas. Pero a partir de entonces siempre tuvo dos muffins en su desayuno del Plaza. Por lo menos Greta Garbo se preocupaba por el hambre del mundo, no por la suya o por su bolsillo. R ROSA BELMONTE La Pompadour también cantaba Carla Bruni, en su faceta de cantante, la que menos interesa ahora a los medios madas caracterizados de elfos bailarines all american Podrá un Santa Claus de 65 años denunciar que una mujer joven y con muletas se sentó en sus rodillas y le metió mano (en un centro comercial de Danbury, Conneticut) Podrán, podrán, podrán (música de Quizás, quizás, quizás Pero hay cosas que no cambian. Las directoras de reparto (fundamentalmente monjas) en las funciones de Navidad siguen teniendo las mismas manías de hace treinta años. La Virgen María del Portal de Belén es rubia y de ojos azules. Seguramente, procedía de algún asentamien- EPA to finlandés en Palestina. Los cabellos son de el peine de plata y no hay más que hablar. Cortesana de manual o que más me gusta de Carla Bruni es ese empuje de cortesana antigua. Anda más cerca de la marquesa de Pompadour (también cantaba estupendamente) o de Madame du Barry que del recatado personaje de Annette Bening en El presidente y Miss Wade (el germen del El ala oeste Lo que menos me gusta de Carla Bruni es la cara abotargada que se ha puesto. No se parece a Cecilia Sarkozy en sus fotos de modelo y cantante de cuna meneada. Se parece en sus últimas imágenes. Dos cosas tienen en común ambas mujeres: Sarkozy y el Botox (no sé si botoxero, pero no me extrañaría) Comparten el brillo facial típico de un perro de Lladró. L Lo que no cambia odrán hacer anuncios de cava sin rastro de la Navidad. Podrán prescindir del calvo de la Lotería. Podrán poner por las calle luces de Arte y Ensayo. Podrán colgarlas pasada la festividad de Todos los Santos (no se les haga tarde) Podrá haberse perdido la tradición de cantar el aguilando por las casas (mientras aumenta la del trato o truco de Halloween) Podrán los amigos bombardearte con felicitaciones ani- P Un zapato de Manolo Blahnik, a quien pilló la Divina en un renuncio