Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE DÍAS DE JÚBILO Hacer memoria Me cuenta Merche- -whisky mediante- -que en la esquina Equis han cambiado un antiguo negocio de trajes nupciales por otro de pret- à- porter, o sea de quita y pon. De adolescente- -recuerda- -se detenía ante el escaparate y fantaseaba con vestirse de tal y cual manera, tomando poses que atraían la curiosidad de los paseantes. A veces, a su lado, alguien imaginario se enfundaba el chaqué del novio. Según los días, ganaba la cara de Rock Hudson o de Montgomery Clift. Merche me da una lección breve sobre la moda nupcial de hace equis años. Dejémoslo en equis. Le pregunto por los pret- à- porter. Me ofrece vagas noticias. -Qué notable- -le comento- te acuerdas perfectamente de algo lejano en el tiempo y no has fijado los detalles de eso otro, tan próximo. -Me pasa a menudo. Cosas de la edad. -No necesariamente, Merche. He leído un libro interesantísimo sobre el tema: Por qué el tiempo vuela cuando nos hacemos mayores de Douwe Draaisma- -deletreo. -No, por favor, bibliografías a esta hora, no. Resumiendo: es verdad que tendemos a recordar, en la madurez, más fácilmente lo que pasó en otras épocas que lo inmediato y cotidiano. Pero no se trata, fatalmente, de un asunto neurológico. La vivencia juega un papel importante. De niños y de muchachos nos ocurren muchas cosas por primera vez. Con el paso del tiempo, las novedades van escaseando y, a cierta altura del almanaque, damos por sabida toda la lección, lo cual es erróneo, porque la vida siempre cambia su programa de estudios. Pero es habitual. Y un error habitual se pone la careta de la verdad. -Merche: no volverás a soprenderte ante un escaparate nupcial ni te vas a casar con Rock Hudson. Por eso se te han vuelto memorables. Lo que pasa por primera vez, pasa por única vez y le ponemos un marco de oro, aunque sea de bronce lustrado. -Será. La vida sustituye el traje de novia por el pret- à- porter. -Te ha salido redonda la conclusión. ¿Me pones el segundo whisky? -Sí, pero te advierto que es el tercero. -Caramba. No te digo. La memoria de lo cercano me ha jugado una de sus pasadas. Blas Matamoro Cajas de tabaco para los Reyes de España, entre otras piezas de la colección portuguesa, en la que no faltan pinturas de Delacroix, Ribera y hasta Rubens y Rembrandt Lisboa Las compras de Napoleón La capital lusa guarda siempre sorpresas, como los fondos de la Fundación Medeiros y Almeida TEXTO: BELÉN RODRIGO. CORRESPONSAL EN LISBOA isboa cuenta con un desconocido museo de artes decorativas, Medeiros e Almeida, en cuyo interior descubrimos maravillosas obras de arte, muchas de ellas objetos de uso personal de antiguos príncipes europeos. Desde hace cinco años la Fundación Medeiros e Almeida decidió abrir al público su magnífica colección privada, de las que se exhiben más de 2.600 piezas de las nueve mil en sus fondos. Antonio Medeiros e Almeida fue un brillante empresario lisboeta que, al no tener descendencia, donó todas sus posesiones, al morir en 1986, para la fundación creada por él en 1973. El museo sorprende por la calidad y el número de las piezas, y por la posibilidad de viajar desde sus salas a otras épocas y territorios ya que en su interior encontramos la más variada colección de elementos. El museo es la pro- L pia casa del empresario, ya de por sí una maravilla, construida a finales del siglo XIX. Antonio Medeiros e Almeida la adquirió en 1943 y, tras una remodelación, la convirtió en su vivienda. Comenzó su colección cuando empezó a adquirir obras de arte para decorar la casa y, a partir de 1970, cuando redujo su actividad profesional, se dedicó de lleno a visitar las más conocidas casas de subasta de Europa y América. La casa- museo incluye una capilla con un maravilloso púlpito de madera procedente de Goa. En las paredes de las salas nos sorprendemos con cuadros de Delacroix, José Ribera, Antonio Moro y Rubens e incluso un autorretrato de Rembrandt. Entre la vajilla, descubrimos el juego de té que adquirió Napoleón cuando, de camino hacia su exilio en Santa Elena, hizo un alto en la isla de Madeira. Y entre las cajas de tabaco hay una, en oro y esmalte, que mandó realizar el Rey español Carlos III con el retrato de su amada Amalia. Una de las salas más impresionantes es la dedicada a una maravillosa colección de relojes. Entre ellos, uno monumental de plata, cristal, esmalte y piedras semipreciosas que perteneció a la Emperatriz Sissí de Austria. En los relojes de bolsillo encontramos uno de oro, plata y esmalte, de la marca Breguet, que perteneció al general Junot y, posteriormente, al duque de Wellington. Otro reloj Breguet perteneció a Carolina Bonaparte, Reina de Nápoles. Sin duda que esta marca francesa de relojes tiene en este museo la mejor colección privada que existe de sus piezas, sin contar la de su propia sede. Cada objeto guarda en su interior muchas historias, no sólo de sus primeros dueños, sino también de los caminos por los que han pasado hasta llegar al museo Medeiros e Almeida. Un viaje que vale a pena realizar. Más informaciones: Fundación Medeiros e Almeida Rua Rosa Araújo, n. 41 1250- 194 Lisboa Teléfono: 00 351 21 354 78 92 geral fundacaomedeirosealmeida. pt www. fundacaomedeirosealmeida. pt