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ABC SÁBADO 22 s 12 s 2007 Más de 30.000 presos sufren problemas psiquiátricos ESPAÑA 25 Aún oigo las voces, pero menos... ¿Enfermo mental que ha delinquido o delincuente? La diferencia no siempre está clara, lo que unido a la falta de instituciones adecuadas hace que los jueces envíen a prisión miles de personas con severas patologías psíquicas. Así viven entre rejas POR PABLO MUÑOZ FOTOGRAFÍA: DANIEL G. LÓPEZ PRISIÓN DE ZUERA. Estaba tumbado en mi cama y, de pronto, unas voces me hablaron. Luego, la habitación empezó a oler distinto... Ahora también oigo esas voces, pero no tanto como antes porque estoy medicado Es miércoles, y quince personas (siete mujeres) asisten a su terapia con la psicóloga de la cárcel de Zuera (Zaragoza) que esta vez se hace en el salón de actos porque todas las aulas están ocupadas con otras actividades. Entre los internos hay quien cumple condena por delitos de sangre y también otros por hechos menos graves. Tienen en común que han pedido ayuda psicológica. Además, buena parte ya había recibido asistencia psiquiátrica antes de ingresar en prisión (es una situación que se repite en el 17,6 por ciento de los reclusos españoles) y admiten que su principal problema es su cabeza; su mala cabeza que les ha llevado a delinquir. La terapia de hoy trata de la solución de conflictos y sorprende la implicación de los pacientes, que hablan de sus historias con naturalidad, en ocasiones con cierto atropello en busca de respuestas a sus inquietudes, que la psicóloga trata de resolver propocionándoles herramientas adecuadas: ¿Qué harías si tienes un problema con una compañera de módulo? Primero intentaría hablar con ella. Y si no hay solución, al tigre (cuartos de baño comunes, donde no pocas veces los internos ajustan sus cuentas) responde una joven morena, miembro de una tribu urbana. Algunas son peor que los animales, drogadictas, lo más tirao remacha. Y tras escuchar que esa no es la solución concede que su problema es que es muy impulsiva incluso intransigente También en primera fila otra joven morena, esta suramericana con antecedentes por drogas y espléndida sonrisa, cuenta que ya antes de tener problemas con la justicia intentó suicidarse. En eso coincide con un 3 por ciento de la población reclusa y también, como la mayoría, lo volvió a intentar en prisión. En la penúltima fila se sienta un hombre de mediana edad, de pelo corto y con perilla. Es uno de los más reservados del grupo, apenas habla y parece refugiado en sus pensamientos. En voz baja asegura que él ya está curado, algo que no está tan claro para los médicos, que saben que su equilibrio actual es precario y depende del tratamiento que recibe. En buena medida, las características de los que forman este grupo coinciden con las conclusiones recogidas en el Estudio sobre salud mental realizado por la Instituciones Penitenciarias, del que ya informó ABC y que dibuja una situación más que preocupante: prácticamente la mitad de la población reclusa; es decir, más de 30.000 presos, sufre algún tipo de enfermedad mental, y en algunos casos varias. El director de la cárcel de Zuera advierte de que con estos enfermos la reeducación y la reinserción, que son el objetivo del sistema penitenciario, quedan relegadas a un segundo término, porque lo primero es curar Advierte, además, que las respuestas que se dan al problema son siempre parciales, entre otras cosas por su temporalidad, ya que en cuanto cumplen la pena, naturalmente, tienen que salir a la calle y allí no hay una red asistencial que se haga cargo de ellos Las cárceles son, pues, el vagón de cola de la sociedad, al que se envía a los que nadie quiere añade. Nos llegan todos los fracasos de los recursos comunitarios. Al menos, aquí no hay posibilidad de que se repitan, porque ya no pueden ir a otro sitio explica con una ironía que estremece uno de los facultativos del centro, que como todo el personal sanitario no sólo está muy sensibilizado con este asunto, sino que además se ha implicado en la movilización de recursos: Tenemos un convenio con la diputación gracias al cual dos psiquiatras externos pasan aquí cuatro horas de consulta semanales. No es mucho, pero algo es algo La única ventaja de que estas personas estén en un centro penitenciario- -explica el subdirector médico de Zuera- -es que al menos están vigilados. Se les diagnostica, se les trata y además, si es necesario, para garantizar que toman la medicación, se les administra en presencia del personal sanita (Pasa a la página siguiente) Equilibrio precario Observación directa Las personas mal atendidas en la calle de sus patologías mentales se convierten al final en un problema penitenciario