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ABC VIERNES 21 s 12 s 2007 Precampaña electoral s Análisis ESPAÑA 15 La campaña ya está abierta No parece haber duda de que el PSOE trata de conquistar con mayor intención el sector del electorado del centro sociológico (añado lo de sociológico porque no sé muy bien qué es el centro político, es decir, como ideología) de cada cual o los adversarios políticos. Se discute mucho sobre el efecto real que tienen en la voluntad de los votantes las campañas, más o menos largas, es decir, sobre los indecisos y el número que estos sigan siendo tras una legislatura polarizada y con un alto nivel de discusión. Hay sin duda un margen, importante en ocasiones como la presente en las que las encuestas arrojan algo similar a un empate técnico entre los dos grandes partidos, pero también pesa la impresión de que, en tan poco tiempo, es difícil modificar la imagen de las formaciones políticas fraguada durante años. Si todo está abierto, al cierre de las sesiones parlamentarias parece más clara la estrategia electoral del PSOE que la del PP. No parece haber duda de que el partido gubernamental trata de conquistar con mayor intención el sector del electorado del centro sociológico (añado lo de sociológico porque no sé muy bien qué es el centro político, es decir, como ideología) es decir, un espectro de votantes que ocasionalmente pueden apoyar al PP o al PSOE. El Gobierno pretende, después del fiasco del proceso de paz que combate el terrorismo con todas sus fuerzas, destaca en sus listas la presencia de nombres nada radicales, como Solbes o Bono, insiste en la utilización de la palabra España tras una legislatura alentada por la modificación del modelo de Estado, cuida a los empresarios, deja para otra ocasión cuestiones polémicas como la reforma del aborto, etc. Ese modelo más moderado, por decirlo de algún modo, casa bien, en relación con el electorado que se busca más allá del hasta ahora fiel, con las promesas y ayudas sociales, algunas anunciadas ya, otras en la línea de salida de la campaña. El interés de la confrontación política de estos meses debería estar en el debate que susciten en ese territorio los partidos con posibilidad de gobernar. El PP, que ha empleado estos años en la denuncia de las grandes reformas impulsadas por Zapatero y que ha sorteado con mayor o peor fortuna el intento de exclusión, se encuentra en esta hora con un escenario distinto. La batalla sobre las reformas estatutarias, sobre todo la catalana por su calado y significado, se ha convertido, sin perder fuerza, en algo más subterráneo (el control del Tribunal Constitucional como pieza clave) ante la opinión pública. La discusión, importantísima, sobre la política antiterrorista (incluso la ilegalización de ANV y del PCTV como alias de Batasuna) no cala en los votantes como en otros momentos ante las sentencias judiciales contra ETA y sus entrañas y la persecución policial de los pistoleros. Si la última sesión parlamentaria de control volvió a girar sobre el terrorismo, los estrategas de la derecha parecen también inclinarse hacia la tesis de que en las semanas que faltan hasta el 9 de marzo la economía y la visualización de Germán Yanke una alternativa amplia y concreta deben ser el eje de la acción política de la Oposición. No se sabe aún si también las listas electorales, que pueden balancearse hacia sectores más centristas o más radicales, responderán a dar la batalla en ese mismo terreno en el que parece querer plantear las elecciones el PSOE. El PP tiene una base electoral amplísima y fiel pero quizá ha perdido demasiado tiempo demorando la tarea de que los votantes indecisos vean a Rajoy reforzado por un equipo y por unos carteles electorales en los que se encarne su proyecto. Pronto lo sabremos. En ambos partidos hay, además, especialistas electorales que cuentan con que, en ese territorio templado del electorado, la atención se centre en sus formaciones y no tanto en partidos nacionalistas y minoritarios. Tanto el PNV con el espectácu, lo esperpéntico de colocarse junto al entorno de ETA y en contra de la Audiencia Nacional, como CiU disputando una suerte de curioso catalanismo a ERC, se centran a esta hora en la cosecha y el reparto del electorado nacionalista, dejando de lado el sector que decide las elecciones generales. Ahí está la clave. Los nacionalistas MADRID. Cuando el presidente del Gobierno confirmó ayer que las elecciones generales serán, como estaba previsto, el próximo 9 de marzo se puede considerar que la campaña electoral está ya abierta. La vida política se ralentizará relativamente en este periodo navideño, pero estamos en campaña, es decir, el receptor de los mensajes (aprobados ya los Presupuestos de 2008 y a punto de disolverse las Cortes) será única y exclusivamente el electorado y no el Congreso, los socios Las estrategias