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84 JUEVES DE ESCENA www. abc. es juevesdeescena JUEVES 20 s 12 s 2007 ABC La ironía es la forma más alta de la inteligencia Lluís Pasqual s Director teatral Después de tres meses sin ensayos, a Lluís Pasqual se le acumula el trabajo, con las reposiciones de sus montajes de La famiglia dell antiquario de Goldoni, y de la ópera de Wagner Tristán e Isolda que llegará el mes próximo al Teatro Real POR JULIO BRAVO FOTO: ERNESTO AGUDO MADRID. Es difícil encontrar en el mundo del teatro español a una persona que despierte tanta admiración y respeto como los que despierta Lluís Pasqual. Pocas trayectorias han reunido un elogio tan unánime como la suya, que ha desarrollado tanto en el teatro de texto como en la ópera. Hoy se estrena en Madrid, en el Matadero, su versión de la obra La famiglia dell antiquario de Carlo Goldoni, que creó para la Bienal de Venecia dentro de las celebraciones del tricentenario de un autor que revolucionó la escena italiana. -Fue uno de los muchos textos que me dieron a leer. En Italia hay textos que tienen puestas en escena históricas que nadie se atreve a tocar, como Arlecchino Los rústicos la trilogía de la Villeggiatura Yo me debatí mucho entre La casa nuova y esta obra, y finalmente me decidí por ésta, que yo no conocía de antes. Y creo que la elegí porque la impresión que tienes al leerla es que no pasa absolutamente nada. Cuenta una disputa entre una suegra y una nuera; no hay tema más manido y aburrido. Claro, eso es la excusa, la magnífica excusa del autor, que no hay que explicar porque todo el mundo en la platea, sea de una u otra clase social, venga de donde venga, conoce este conflicto, que es eterno, universal... genético. Pero Goldoni, con una obra que está entre Las bodas de Fígaro y El jardín de los cerezos se dedica a pintar la decadencia de Venecia, una ciudad fundada sobre una clase noble- -aún hoy es la ciudad con más condesas por metro cuadrado- a la que están llegando los comerciantes, la nueva clase, que se va a quedar con el dinero. Y todo lo hace con una liviandad y una sonrisa constante. No hay obra más veneciana, seguramente, que ésta. Y es teatro, teatro, teatro, teatro, teatro... to puede sonar a tesis, pero Goldoni lo cuenta todo de una manera... digamos que mozartiana Al hablar de Las bodas de Fígaro se suele uno poner casi pedante, pero luego la música de Mozart te lleva por otros caminos. Aquí pasa lo mismo, porque la obra tiene siempre la sonrisa puesta en la boca: esa sonrisa de no os toméis demasiado en serio Esta comedia es una telaraña, sin nada fuerte que la sostenga... No hay pasiones. Y se puede hacer cuando se tiene una muy buena compañía. Los actores pertenecen a dos teatros estables italianos. Goldoni escribía para una compañía, y el hecho de que aquí ya existiera le da un punto que no sería el mismo si tuviéramos un reparto aluvión. -En su puesta en escena ha realizado un viaje a través del tiempo. ¿Eligió usted esta obra? -Cuando tienes un clásico en las manos, siempre te preguntas qué nos dice ahora, o si es posible que pudiese ocurrir en nuestros días; en definitiva, y hablando en plata, de qué van vestidos. Si del siglo XVIII o van de ahora. Y yo he querido contestar a esa pregunta durante el espectáculo. Hay nueve épocas: desde finales del siglo XVIII, la época de Goldoni, hasta hoy. El cambio de época se realiza con una silla. Se empieza con un sillón Luis XVI y se termina con una silla de Philippe Starck transparente. Y hay un trabajo magnífico en el vestuario de Franca Squarciapino, que va evolucionando los figurines hasta convertirlos en trajes actuales. Hay sesenta trajes y detrás del escenario la guerra de Corea, porque hay cambios de peluca, de maquillaje, completamente de todo... -No hemos cambiado nada. Lo que se dice se puede escuchar hoy todavía en la calle. Goldoni nos muestra que no hemos cambiado. La excusa en la obra es esa relación suegranuera, pero de lo que habla en realidad es de esa decadencia y, sobre todo, de dinero. ¿Echa de menos que aquí en España no haya apenas compañías estables? -Siempre lo echaré de menos, porque yo empecé en una compañía, la del Lliure; la estabilidad permite trabajar con mayor facilidad y poder conseguir mayor profundidad en los espectáculos, porque la gente pierde el pudor y se establecen unas complicidades que siempre son buenas. -Hay épocas. Siempre que se junta gente de talento salen propuestas interesantes. Ahora es difícil mantener esa estabilidad, por una parte porque son compañías muy caras, y además por cómo está planteada la profesión de actor, que necesita poder hacer cine, teatro y televisión. -Sí, tanto el Lliure como el Romea tienen una compañía de, por lo menos, asiduos. Con esa nueva realidad del actor, lo que pasa es que se desnaturaliza to- ¿Por qué cree que no hay más compañías? ¿Lo que quiere decir es que no hemos cambiado mucho? ¿Por qué a menudo hay casi que pedir perdón por dirigir comedias? do y se convierte en estándar. -Pero se está volviendo a las compañías estables. ¿Del poder que da el dinero, de la ambición por tenerlo? -De cómo el dinero lo mueve todo. Cuando se habla así de es- ¡Ah, yo no! Desmerecer la comedia es un gravísimo error, porque los que han dicho algo importante en la historia del teatro- -Shakespeare, Goldoni, Chéjov, por coger tres- eran extraordinarios autores de comedia. Los buenos poetas saben que no poseen la verdad, porque no hay una única verdad, y relativizan a partir de la sonrisa, de la ironía, que es la ¿Dónde cree que radica la importancia y la trascendencia de Goldoni? forma más alta de la inteligencia. Verdi, después de haber hecho todos los dramas habidos y por haber del mundo, termina escribiendo Falstaff y termina diciendo Tutto nel mondo è burla que es pura comedia. No sé cómo la gente habla con desprecio de la comedia y luego hace cola para ir a ver a Woody Allen, por ejemplo, que es otra mirada irónica y sonriente sobre el ser humano. Ya lo dijo muy bien Valle- Inclán: no hay que ponerse estupendo. El gen italiano de la belleza Uno de los motivos que animó a Lluís Pasqual a embarcarse en este Goldoni fue trabajar en italiano. Hace treinta años que visita con asiduidad el país, y habla el italiano con la misma fluidez que el catalán o el castellano. El director coincide con la creencia de que italianos y españoles somos pueblos muy parecidos. Sí, lo somos. Ellos tuvieron- -algunos lo tienen todavía- -un gen que nosotros no tenemos: el gen de la belleza. No es lo mismo pasar todos los días por delante de una pared desconchada, y que sea de nadie o de Tiépolo, que es lo que les pasa a ellos. Los niños de Roma pasan por delante del Foro para ir al colegio... Claro, que desde la época de los romanos les diera por cultivar la belleza además de otras cosas, tiene mucha importancia... Les ayuda incluso la lengua. Los actores italianos no pueden estar desentonados ni aun queriendo. La música de la lengua es muy importante, y ahí el italiano tiene ventaja. Por lo demás, los mecanismos de actuación son similares. -Hay muchos aspectos. Primero, históricamente, por lo que se llama la reforma goldoniana. Venecia, durante finales del siglo XVII y buena parte del XVIII, era Las Vegas. Cuando dejaron de ser importantes por mar, tuvieron que conseguir que los capitales regresaran por tierra, y Venecia se convirtió un poco en Barcelona 92: un sitio de especulación inmobiliaria. Y usaron, como reclamo para la gente, el teatro. A prin-