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24 ESPAÑA La trama de los abortos ilegales JUEVES 20 s 12 s 2007 ABC ABORTO LIBRE Y PROGRESISMO El Episcopado denuncia que la ley Por su interés y absoluta actualidad, reproducimos de nuevo un artículo de Miguel Delibes publicado en ABC a finales de 1986 y en septiembre de 1998 del aborto en España es injusta POR MIGUEL DELIBES Una sociedad que da licencia para matar a sus hijos no puede vivir tranquila JESÚS BASTANTE MADRID. El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, arremetió ayer contra la actual legislación sobre interrupción del embarazo y los rumores de una posible ampliación denunciando que las leyes del aborto son injustas y deben ser modificadas para proteger la vida de los seres humanos concebidos y no nacidos En rueda de prensa, el portavoz episcopal mostró la profunda preocupación ante el incremento en las tasas de aborto en los últimos años y condenó la pasividad de la sociedad. Al tiempo, defendió la postura de la Iglesia, que tiene la obligación de denunciar estos crímenes, sin dramatizar pero sin callar ante la evidencia como se ha demostrado tras las denuncias que propiciaron el cierre de varias clínicas. Martínez Camino trató de evitar entrar en un debate político puesto que la Iglesia siempre ha tenido una postura inequívoca frente a esta lacra Pero recordó que cuando en 1994 se planteó un debate similar, la Conferencia Episcopal emitió un documento recalcando que el aborto voluntario provocado es un crimen nefando Realizando un paralelismo con la situación actual, el portavoz del Episcopado insistió en que las leyes españolas no pueden considerar que un crimen sea legal Por ello, repitió, las leyes del aborto son profundamente injustas, y deben ser modificadas para proteger la vida de todos los seres humanos, hayan sido concebidos o no No se puede poner el valor de la vida por el número de meses o de años de una persona. La vida humana siempre es igualmente digna, incluso más la de los seres más inocentes recalcó Martínez Camino, quien denunció que la legislación española no protege la vida del no nacido, y por eso hay que cambiarla Es bueno que caigamos en la cuenta de que una sociedad que da licencia para a sus hijos no puede tener la conciencia tranquila Chaves quiere más abortos en los hospitales públicos El presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, propuso ayer la creación de unidades singulares específicas para realizar abortos en hospitales públicos integradas por médicos incentivados y que no aleguen objeción de conciencia ya que, según explicó, actualmente menos de un cinco por ciento de los abortos se practican en la sanidad pública. Chaves apostó por abrir la sanidad pública a atender ese derecho de las mujeres cuando quieren ejercerlo n estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: Nosotras parimos, nosotras decidimos En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto E Evitar un debate político no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino) sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio. La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro. Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna progresía En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto Martínez Camino, portavoz del Episcopado JAIME GARCÍA Surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.