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90 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo MIÉRCOLES 19- -12- -2007 ABC Restos fósiles del cráneo de Homo erectus hallado en Denizli, en el oeste de Turquía, una vez recompuestos y unidos El primer Homo erectus tuberculoso Científicos de la Universidad de Austin (Texas) hallan indicios inequívocos de la enfermedad en los restos fósiles de uno de los primeros hombres que emigraron de África, hace 500.000 años, y relacionan la infección con la falta de vitamina D POR ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Los primeros humanos que padecieron la tuberculosis no son de anteayer- -es decir, de hace 15.000 años, como hasta ahora se creía- sino de mucho antes. De hace 500.000 años al menos. Esa es la antigüedad de un fósil de calavera humana hallado en Turquía con indicios claros de que su portador fue tuberculoso. Su descubrimiento no sólo ha revolucionado lo que se sabe de la enfermedad sino que está poniendo bajo otro prisma los procesos evolutivos y de adaptación derivados de las grandes migraciones humanas. Del color de la piel puede depender la mejor o peor respuesta del sistema inmune ante el ataque de una determinada enfermedad. John Kappelman, antropólogo de la Universidad de Austin, en Texas, es el autor del estudio que esta semana publica el American Journal of Physical Anthropology A él se debe la detección de los primeros indicios de tuberculosis en un fósil tan antiguo. Observó lesiones craneales que sólo se producen cuando se inflaman las meninges, las membranas que protegen el cerebro, a raíz de una meningitis de origen tuberculoso. El cráneo perteneció a un Homo erectus, y apareció en tan buen estado porque estaba dentro de una roca travertina destinada a la construcción, cerca de Denizli, en el oeste de Turquía. Durante milenios la calavera estuvo oculta dentro de la roca como la sangre de los dinosaurios de Spielberg dentro de una gota de ámbar. Un poco más y cortan la roca en bloques, con el fósil dentro. Hubo suerte y el tesoro científico fue detectado a tiempo. Luigi Luca Cavalli- Sforza demostró hace años que todas las razas son la misma porque proceden de la misma madre, de una misma Eva negra africana. Entonces, todas las variaciones de color de ojos, de cabello y de piel, todas las diferencias anatómicas que nos parecen tan espectaculares y que tan distintos nos hacen a los unos de los otros, serían mera anécdota en el tronco común. Concesiones menores al ambiente, ajustes tan superficiales como la pelusilla de la piel del melocotón o la rugosidad de la naranja. Traumas de adaptación Egipcias y precolombinas Para empezar, este es el tuberculoso fósil más ilustre de todos los conocidos hasta la fecha, que eran momias del Antiguo Egipto o del Perú precolombino. Pero aquí estamos hablando del mismísimo jardín de infancia de la Humanidad, de los albores de la Eva negra- -por usar los términos del genetista italiano Cavalli- Sforza- -que salió de África para desperdigarse por el mundo. Kappelman, con las réplicas de algunos de los restos craneales ABC Otra cosa es que uno no siempre emigra a la velocidad que quiere. Los estudios realizados en Austin prueban que la salida de los primeros homínidos de África para acceder a la antigua Eurasia implicó traumas de adaptación. La piel negra, que era una bendición para contener la fuerte radiación ultravioleta de África, no resultó tan adecuada para la luz solar mucho más tenue de las nuevas latitudes. Por eso los homínidos se fueron blanqueando y amarilleando, en resumen, destiñendo. Pero eso les llevó mucho tiempo. Mientras transcurría, algunos ejemplares, como el hallado en Turquía- -que se atribuye a un individuo de sexo masculino de entre 15 y 40 años de edad- padecieron numerosas enfermedades para ellos desco-