Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 17 s 12 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 75 MEMORIA DE UN GRAN MECENAS José Lázaro Galdiano recibe mañana un homenaje con motivo del sesenta aniversario de la donación que realizó al Estado, la mayor de un ciudadano privado tzsche, Schopenhauer, Dostoievski, etc. Los postreros años fueron de dolor y exilio: la vida transcurrió primero lejos del palacete madrileño que había construido como residencia familiar, Parque Florido, ante el vacío dejado por la muerte de la esposa en 1930, y luego fuera del país desgarrado por los conflictos políticos, residiendo en París y Nueva York. Fue un ferviente defensor del patrimonio artístico español y acusador de robos, ventas y expolios. El inventario de las colecciones de arte supera las 12.600 piezas, donde encontramos valiosas pinturas (desde las tablas medievales hasta los magníficos goyas) y antigüedades (la pieza más antigua es un bello jarro tartésico es del siglo VI a. C. monedas (excelente colección de piezas de oro) medallas, armas, hierros, miniaturas, escultura, cerámica, vidrio, porcelana, platería, muebles, joyas, sigilografía, bronces, encajes, tejidos y bordados, etc. Su biblioteca de trabajo estuvo muy vinculada a su actividad como editor, pero su condición de bibliófilo le hizo reunir verdaderas joyas manuscritas, 20 libros de Horas, cifra sólo superada por la Biblioteca Nacional, el Libro de retratos de Pacheco, único en su género; el Tratado de la Pintura Sabia de Rizi, el manuscrito del Buscón de Quevedo, etc. Pero lo que nunca tuvo fue un museo. Una vez a alguien se le ocurrió comparar su casa con un museo, a lo que horrorizado contestó: ¡No, por Dios! Mi casa es mi casa nada más. Una casa en la que he procurado que se vean cosas bellas ¡Pero un Museo, no! En los Museos se ven cosas feas, que no quisiéramos tener ante los ojos continuamente Jesusa Vega González Directora de la Fundación Lázaro Galdiano Con una escueta frase, instituyo heredero al Estado español José Lázaro Galdiano legaba todos sus bienes, erigiéndose así en el mecenas y benefactor privado más importante de la época contemporánea; pero también se daba a sí mismo: Entrego a España una cosa muy mía, que no repartí con nadie; mi sentimiento estético le dijo en confidencia a un amigo, y añadía, mi cuerpo podrá entregarse a la ley física de la materia, pero mi espíritu aquí queda En el sesenta aniversario de su acto de generosidad es llegado el momento de valorar su memoria y considerar si no habrá sido también él uno más de los perjudicados de nuestra convulsa historia. Tomado por liberal y monárquico en tiempos de Franco y por franquista durante nuestra Transición, queremos recuperar su conciencia cívica, pues merece la categoría de hombre ilustre, y como tal, siguiendo a los ilustrados que tanto admiró, digno de constituirse en un referente para la sociedad civil. Pensemos, entonces, en la época que le tocó vivir. La niñez y primera juventud se desarrollaron en el ambiente burgués familiar, pero en ciudades y pueblos tan distintos como Beire (donde había nacido el 30 de enero de 1862) Sos del Rey Católico (donde estudio el bachiller) Valladolid y Barcelona (allí cursó estudios universitarios) todo ello en ese contexto de búsqueda de la identidad nacional de la Restauración. Sus años de residencia en Barcelona, entre 1882 y 1884, fueron decisivos: comenzó a publicar en La Vanguardia críticas de arte y crónicas sociales, frecuentaba tertulias de opinión, a ellas asistía entre otros Darío Pérez, director de El Heraldo y El Liberal recorría las librerías de viejo, conoció a artistas relevantes y a escritoras seductoras como Emilia Pardo Bazán, con quien, tras un breve romance, tuvo amistad toda la vida. La madurez la alcanzó en Madrid. Son los años de crisis, de regeneración cultural y moral de España, pero también de cosmopolitismo. Su afán viajero y su espíritu emprendedor Una escena de Don Carlo ROBER SOLSONA ÓPERA Don Carlo Verdi: Don Carlo Intérpretes: Orlin Anastassov, Yonghoon Lee, Ventseslav Anastassov, Eric Halfvarson, Ángela Marambo, Anna Smirnova, Coro de la Generalitat Valenciana, Orquesta de la Comunitat Valenciana. Director de escena: Graham Vick. Director musical: Lorin Maazel. Lugar: Palau de les Arts, Valencia. Fecha: 15- XII José Lázaro Galdiano ABC los conciliará con empresas de cultura para afianzar la actividad intelectual a través de la historia, la filosofía, la literatura... En 1889 funda la España Moderna una revista primero y luego una editorial, que será clave para entender ese florecimiento cultural que hoy denominamos la Edad de Plata. Lázaro quería que la publicación fuera suma intelectual de la edad contemporánea, sin perder por ello, antes cultivándolo, y extremándolo hasta donde razonablemente quepa, el carácter castizo nacional Y así lo hizo, no sólo dio la primera oportunidad a Miguel de Unamuno, quien lo definió como un forjador de cultura sino también por sus páginas fueron estampando su firma Galdós, Clarín, Zorrilla, Valera, Pardo Bazán, Menéndez Pelayo, Concepción Arenal; los institucionistas Giner de los Ríos, González Posada, Dorado Montero, Altamira, Azcárate; los políticos Cánovas, Castelar, Pi i Margall, Pablo Iglesias, etc. Y gracias a su mecenazgo los españoles pudieron leer en castellano a Zola, Flaubert, Balzac, Twain, Carlyle, Wilde, Stewart Mill, Heine, Ibsen, Kropotkin, Gorki, Tolstoi, Turguenev, Nie- Maldición y conjuro ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Entre inundaciones, desplomes y otras cojeras arquitectónicas, el Palau de les Arts ha dibujado su leyenda negra. Podrá sonar exagerado. Quizá. Pero también se dice que fue oscura la España de Felipe II y para quien lo dude ahí está el Don Carlo de Verdi que la recrea con tal detalle que, incluso, es capaz de mimetizar su trage- dia. Lo ha comprobado el propio teatro valenciano. Por si no tuviera suficiente, programa la obra y uno tras otro se suceden los abandonos. Primero fue el protagonista, Marcello Giordani, luego, cercano el estreno, Nadia Krasteva y Carlos Álvarez, quienes dejaron a la Princesa de Éboli y a Rodrigo en manos de Anna Smirnova y Ventseslav Anastassov. Así las cosas, tiene mérito que ella resolviera su parte con potencia y metal aportando al encuentro final con Isabel de Valois, Ángela Marambio, una tensión considerable que culminó con grandeza en el aria O don fatale También es cierto que esta última se creció en su escena final, Tu, che la vanità antes de que todo concluyese con considerable densidad dramática. Convendrá señalar que cualquier logro de este Don Carlo le debe mucho al trabajo de Lorin Maazel en una tarde de destellos geniales que obligó a repartir la mirada entre el escenario y el foso. Abajo: equilibrio, retórica, precisión, contraste, sabiduría; arriba: ganas, disposición, dignidad. Es lógico que, luego, Ventseslav Anastassov se defendiera con una actuación correcta. Algo menos que Orlin Anastassov ofreciera un Felipe II de poco empaque. Lo tuvo y con rotundidad Eric Halfvarson, el Gran inquisidor, y demostró agallas el coreano Yonghoon Lee quien, desde el principio, no escatimó fuerzas, cantando un Don Carlo poderoso, racial, de intención concentrada, algo destimbrado en el susurro, pero punzante y noble en la exclamación. Oscuro cabría decir para coincidir con lo mejor de una producción ideada por Graham Vick para la Ópera Nacional de París. Detalles aparte, escenario profundo, simbólico, sobrio y enorme. Capaz de conjurar la leyenda.