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46 MADRID LUNES 17 s 12 s 2007 ABC Esnifan el disolvente y se vuelven locos Los vecinos, en pie de guerra por la inseguridad, fruto de peleas, robos y el tráfico de drogas. A ello se suman la suciedad, el hacinamiento, las infraviviendas, la degradación y el abandono POR M. J. ÁLVAREZ FOTO IGNACIO GIL MADRID. Están cansados. Del deterioro y la degradación progresivos que sufre este céntrico y multicultural barrio de la ciudad, en otros tiempo el más castizo, y de que los proyectos de mejora no cuajen o no sirvan más que para un mero lavado de cara Todo eso y más ocurre en Lavapiés, perteneciente al distrito de Centro, castigado por la inseguridad, la delincuencia, las peleas callejeras, el chabolismo vertical, la carga y descarga masiva en una zona de comercio mayorista, la mendicidad, la suciedad y la acumulación de basura y malos olores de quienes incluso utilizan la vía pública como váter. Lo tiene todo. Y de lo malo. Esto va de mal en peor, hija. Si no tuviésemos la lacra de tanto mangante suelto como hay por aquí, otro gallo nos cantaría Así de rotundo se expresa Fernando, detrás del mostrador de su sastrería. Estaba cerrada a cal y canto. ¿Por qué te crees que está así? Te lo puedes imaginar... Es un barrio magnífico, de currantes, pero- -agrega- -hay una pandilla de magrebíes que se dedica a robar a las personas mayores y al trapicheo de drogas. Llevan aquí siete años, pero ahora son más y hacen más ruido A pesar del proceso de rehabilitación integral de la zona, del cierre al tráfico privado y de la presencia policial, la Asamblea de Vecinos de Lavapiés, que aglutina a media docena de asociaciones, junto a plataformas que han surgido de manera espontánea en internet con blogs de denuncias, coinciden en una cosa: en la sensación de abandono por parte de las administraciones públicas. De ahí campañas como Lavapiés no pasa con pancartas en los balcones, o Lavapiés olímpico en la que los residentes recogen con ironía los problemas que sufren como si de una disciplina olímpica se tratara. Ante la situación actual, la Asamblea de Vecinos va a realizar un seguimiento exhaustivo para reclamar, sobre todo, más seguridad y mejoras globales, en paralelo a las reuniones que mantienen con el Ayuntamiento, Delegación del Gobierno, Policía y partidos. Para ello han creado seis comisiones específicas: Limpieza, Medio Ambiente, Comercio, Cultura, Convivencia, Movilidad y Seguridad. Y, en esta última, recogerán cualquier incidencia y quejas vecinales- -robos, venta de droga, reyertas, malas actuaciones policiales- y se las comunicarán a los agentes en los encuentros que mantienen. Nuestro barrio no va a cambiar sólo con la presencia policial, sino cuando se atiendan los otros muchos problemas de fondo que padecemos (degradación del espacio público, falta de integración, pérdida del entramado comercial, escasa actividad cultural, falta de dotaciones y servicios... Uno de los asuntos pendientes es el de la problemática social causada por las infraviviendas. Los inquilinos son, mayoritariamente, inmigrantes y personas de la tercera edad con escasos recursos, que viven en unas pésimas condiciones por la falta de rehabilitación de los vetustos edificios, que se caen a trozos. Los propietarios quieren que los declaren en ruina para que los inquilinos se marchen o se mueran y, así, especular y especular cuenta Pepe. El céntrico barrio, en el distrito de Centro, es el más multicultural de la capital Desde mi tienda observo sin ser visto. Y no veo nada bueno. Los mayoristas dejan sus enseres y trastos en cualquier lugar, otros orinan incluso encima de los vehículos, algunos se creen que la calle es un vertedero. ¡Qué asco! subraya Paco, que prefiere omitir a qué se dedica. Por si acaso Desde hace año y medio han vuelto. Son la banda del disolvente compuesta por magrebíes y, algunos, menores. Acaban de llegar en barco o en los bajos de un camión. Están todo el día en la calle. En la que da nombre al barrio, tres chavales con gorras de béisbol se colocan bolsas o un pañuelo bajo la nariz y aspiran con fuerza. Luego, se lo guardan en el bolsillo. No esnifan pegamento, sino disolvente. Se nota que son recién llegados porque son los que inhalan esta sustancia, barata y enormemente destructiva, tal y como hacen en sus países. Luego van cambiando a otras como la coca explica Manuel, residente en la zona desde hace más de 25 años. Los que vemos hoy han aparecido hace poco. Se mueven mucho. Se desplazan a Barcelona, Valencia, e in- Los comerciantes se quejan de que han caído las ventas desde el cierre al tráfico privado del barrio A media tarde, los comercios de venta al por mayor están desiertos. Están regentados por chinos, bengalíes, paquistaníes, suramericanos, españoles, en una particular Babel. Apenas hay movimiento. Desde el cierre al tráfico privado, en la zona apenas hay clientes. El negocio no marcha bien. ¡Y encima, nos roban! dice Xung, de 22 años. Muchos compatriotas se han ido a Fuenlabrada o a otros municipios de la periferia. De seguir todo igual, haremos lo propio Lo mismo dice Humberto, peruano, que tiene una tienda de complementos. Antes pasaba mucha gente, paraba, curioseaba y picaba Luis se queja de que la carga y descarga ya no obstaculiza el tráfico de vehículos, pero sí de peatones, bloquean el paso y hay quien aprovecha para llevarse cajas con mercancía. La restauración no parece vivir tan malos tiempos. Los tirones y robos ahuyentan al público, o simplemente lo que ves a tu alrededor; desconfías indica Victoria, una joven que lleva un año en el barrio y confiesa estar a gusto. Si las víctimas fueran los turistas, harían algo dice Luis. Los delitos más graves suceden en la plaza de Lavapiés por la noche, explican los residentes. Entre los indigentes que se emborrachan; los asaltantes y los que trafican y se pelean, aquí siempre hay broncas explican María y Petra. Los fines de semana se ve a más municipales en la plaza por el teatro. Pero poco pueden hacer. Si están pululando, a los chorizos les piden la documentación o sus papeles para moverles un poco indica Juan. Yo he visto cómo se los llevan y al poco están aquí otra vez