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ABC LUNES 17 s 12 s 2007 INTERNACIONAL 35 No sé qué carajos hice con mi vida Fugas, infiltraciones en las cúpulas castrenses, diarios abandonados por desencantadas. 2007 pasará a la historia de Colombia como el año en que las mujeres guerrilleras contaron la verdad de lo que se vive en las filas insurgentes POR ALEJANDRA DE VENGOECHEA CORRESPONSAL BOGOTÁ. Es viernes y me pregunto cómo llegué a esta situación. Conduje dos horas por una carretera de Colombia que me llevó a un pueblo tibio, frugal, colorido. Vine a entrevistar a una guerrillera desmovilizada para que me explicara cómo es vivir en guerra contra un país. Pero ahora la tengo aquí, en la parte trasera de mi coche, con su hija de cuatro años enfocándome entre sus ojos tristes. Soy su cómplice. La ayudo a escaparse de otro ex guerrillero que le pega, está alcohólico, tiene sida, como ella, está perdido, como ella, y nos persigue. Mientras la miro por el retrovisor, con sus dientes rotos y una belleza marchita a los 27 años, le pregunto por qué dejó la vida de las balas y de los muertos para meterse en ésta que parece aún más sórdida. Una hija que no luce bien, una maleta como todo en la vida, una libreta con cinco teléfonos, un pasado de prostituta primero, de guerrillera después, de escondida, ahora, con una enfermedad incurable. ¿Qué comerá? ¿Quién la mantendrá? Me fui porque me quedé embarazada, porque quise hacer una vida normal. Esta niña me sacó del monte. De lo contrario me hubiera quedado para siempre allí. La guerrilla era mi familia De repente se retrae, dejándome claro que, o me dejo utilizar en su fuga, o no me enteraré de cómo una mujer vive y supera la guerra para entrar en una contienda quizás más dura que es la guerra consigo misma. Acepto entonces servirle en su huida porque 2007 pasará a la historia de Colombia como el año de las revelaciones femeninas en la guerra. Pocas veces desde los sesenta, cuando surgieron en Colombia los dos grupos guerrilleros que aún hoy se enfrentan al Estado- -las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) -las mujeres habían hablado tanto. Y lo hicieron de manera fortuita, cuando en septiembre pasado el Ejército halló unos diarios abandonados en un campamento de las FARC. Eran de Tanja Nijmeijer, una joven holandesa de 29 años que en 2004 y tras un viaje exploratorio por Colombia, decidió enrolarse para combatir por un mundo más justo. Pero en los diarios los ideales fueron reemplazados por el desencanto. Los colombianos, acostumbrados a ver mujeres que se enrolaban en la guerrilla por no tener familia, ni oportunidades, por ser violadas, maltratadas, golpeadas, analfabetas emocionales e intelectuales, por primera vez escucharon de boca de una extranjera estudiada, viajada, leída, lo que era la vida guerrillera. Luego, como si las cifras escucharan a Tanja- -quien no es la única pues, según la ONG Pax Christi, más de dos docenas de europeos están en las FARC- el Ejército entregó el siguiente balance: desde enero hasta octubre de 2007, se han presentado en la guerrilla más antigua y poderosa del continente, 1.881 casos de deserción. Esa cifra representa 775 guerrilleros más de los que dejaron las armas durante todo 2006. La franja de mujeres ha sido notoria: desde 2002, cuando empezó el primer gobierno de Álvaro Uribe, 2.196 mujeres han dejado los grupos armados ilegales de manera individual. Una vez enrolados, los guerrilleros no pueden volver a ver a sus familias. Le ayudan a quedarse el sentimiento de pertenencia a un grupo; los himnos, las banderas, los libros que se releen una y otra vez; la reverencia a los héroes caídos en combate. Un guerrillero no se hace solo, su vida siempre está en manos de los demás. Como esta mujer que está en mi coche y que depende de mí ahora. Dos días después de la fuga, la vería de nuevo en un parque de Bogotá. Sus padres recogían coca en el sur de este país andino que produce el 64 por ciento de la coca que se consume en el mundo, según la Una terrorista mete pollos en la bolsa antes de dejar el campamento de Los Pozos, en Caquetá REUTERS Europeos en la guerra Esto valdría la pena si se sabe por qué se lucha, en verdad ya no creo en eso A. V. BOGOTÁ. De ser vista como una guerrilla fuerte, ideológica, gracias a los diarios de la holandesa Tanja Nijmeijer- -hay más de 20 europeos en las FARC- aparecieron como un grupo machista, con diferencias sociales, poca ideología y mucha riqueza gracias a los cultivos ilícitos. Éste es su testimonio: Estoy cansada de las FARC, cansada de la gente, cansada de la vida comunal Tengo muchas dudas sobre la guerrilla, la revolución, ciertas prácticas aquí escribió en 2006 tras relatar cómo algunas guerrilleras se sometían a cirugías para aumentar su pecho. Esto valdría la pena si se sabe por qué se lucha. Pero en verdad ya yo no creo en eso decía en otro momento. ONU. No estudió, deambuló, le pegaron, se prostituyó, se cansó, se enamoró. Y con su amor se fue para el monte. No veía otro camino. Ser guerrillera es cuestión de acostumbrarse, como cualquier otra vida dice. De su vida allá habla como si recitara una historia repetida muchas veces y sin rencor: se levantaba a las cuatro de la mañana, cargaba una mochila con 20 kilos de peso, le daban clases de marxismo, cocinaba, Me fui porque me quedé embarazada. De lo contrario me hubiera quedado para siempre. La guerrilla era mi familia traía las remesas del pueblo, entrenaba, se desplazaba de un lado a otro, dormía. Carolina Escobar, de la Alta Consejería para la Reintegración, no oculta su preocupación por las mujeres de la guerra. Al desmovilizarse no sólo debe superar los vejámenes a los que vio sometido su cuerpo y su integridad- -suelen ser juguetes sexuales, abortan dos y tres veces, las fusilan por cualquier error- sino que por lo general es la más damnificada pues las mujeres en Colombia entierran a sus hijos, son viudas, son huérfanas. En cuanto a las guerrilleras vemos que salen de la guerra e intentan sobrevivir y no tienen tiempo para reconstruirse a sí mismas Tiene razón. A los dos días de estar en Bogotá, la guerrillera de piel envejecida pensaba lo siguiente: volver a las FARC para encontrar a su viejo amor, que no era el padre de su hija triste. Contratar a un pistolero para matar al padre de su hija triste. Así me libro de una vez y para siempre de ese hijo de p... me dijo. ¿Y trabajar, estudiar? ¿Y su enfermedad? Llevo cuatro años desmovilizada y no sé qué carajos he hecho con mi vida ¿Qué hizo con el dinero que le daban para rehacerla? Vagar, pensar, buscar a mi hombre Vaya final.