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ABC LUNES 17 s 12 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA ENCUENTRO DE FILÓSOFOS Es normal que un filósofo de la talla de al- Qaddafi visite a otro que ha alumbrado (solo o en compañía de otros) la Alianza de Civilizaciones, que propone un Pacto con África y medita muy seriamente signar un Nuevo Contrato con la Naturaleza. Felicitémonos, pues, por recibir a tal huésped y, sobre todo, porque a nuestro Rodríguez no le ha dado por escribir. De momento... OS negocios de Francia o las conveniencias geoestratégicas de Estados Unidos son importantes, sobre todo para ellos mismos. Sin embargo, nuestros intereses también pueden coincidir total o parcialmente con los de vecinos y aliados. España necesita comprar gas y petróleo, pero no nos arruguemos: otros precisan venderlo. La rehabilitación reciente, a escala internacional, de uno de los mayores apestados contemporáneos no ha sucedido por azar. Mirándose en el espejo de las muy rapadas barbas de Saddam Husein, Mu ammar al- Qaddafi decidió salvar las suyas sin necesidad de remojarlas, ni menos aún de pasar por el barbero; y es que la invasión de Iraq ha obrado efectos terapéuticos milagrosos, nunca reconocidos por sus detractores. En muy pocos años, uno de los más vetustos tiranos del planeta, sobreviviente de profesión, ha dado un viraje radical y ahora va plantando su jaima por parques y palacios europeos entre hilarantes exhortos a la abolición de las ametralladoras, llamadas a no intervenir en Darfur para que los autodenominados árabes sudaneses sigan exterminando negros con armas automáticas o a puro machete, ensoñaciones de al- Andalus y chuscas peticiones de numerario: Dénme mil millones de euros y prometo no exportar emigrantes Esta declaración de alguien con frecuencia tildado de orate, nos recuerda aquel comentario del conde de Tendilla sobre uno que era, o se fingía, loco: aunque loco se tyene noventa mill maravedís o más de la cavalgada y no quiere venir a oyr sentençia Entre ocurrencias y aislamiento para su infeliz país, al- Qaddafi lleva treinta y ocho años inamovible, dispuesto hogaño- -con la bendición francoamericana- -a morirse en la jaima cuando Azrael decida buscarlo pero no antes, y legando a su hijo el negocio familiar, al estilo de al- Asad, Kim Il Sung o Papá Doc, como pretendía Saddam Husein y se barrunta planea Mubarak. Sin rendir cuentas ni tolerar la más mínima oposición. l 1 de septiembre de 1969, un oscuro coronel, delgadito y cacarizo, derribó al Rey Idris asSenusi, urgió la evacuación de las bases inglesas, se hizo con la producción petrolera (objetivos ambos razonables) y se sumergió en la vorágine del nacionalismo árabe, con su retórica huera y su expansionismo inevitable. Con Naser y Numeiri, inició su marcha de jefe tribal venido a más y- -pese a la temprana muerte del egipcio y el derrocamiento del sudanés por los islamistas- -el alza del precio del crudo desde 1973 le permitió alimentar la rivalidad con el Baas iraquí, el invento de sinrazones como crear una agricultura artificial- -y ruinosa- -en que la producción y las ventas no cubrían ni de lejos los costes, el intervencionismo militar en Africa (caso del Chad) los ridículos y fallidos intentos de unidad con Marruecos y Egipto, las sevicias y torturas de años perpetradas contra las cinco enfermeras búlgaras a las que acusaban de cargos demenciales, el patronazgo de atentados tan crueles como el de Lockerbie, el del avión de Air France derribado sobre la República L Centroafricana o la discoteca de Berlín. En una palabra, Mu ammar al- Qaddafi quiso ser el sustituto de Abd an- Naser y para ello no se ha apeado nunca de la grandilocuencia que tal grado y galardón imaginarios requerían. Hace pocas jornadas volvía al asalto culpando al colonialismo de los males de Africa, como si una constelación de personajes similares a él, con o sin petróleo, nada tuvieran que ver en la cochambrosa situación del continente, o como si a los conquistadores árabes, desde la Edad Media, ninguna responsabilidad cupiese en los exterminios de etnias, el tráfico de esclavos, o la aculturación sembrada y bien cultivada por el islam. Una obra persa de geografía, escrita en 982 de C. dice sobre el Sudán: los mercaderes les roban sus hijos, se los llevan consigo, los castran y los meten en Egipto, donde los venden. Pero entre ellos mismos hay algunos que se roban los hijos unos a otros y que se los venden a los mercaderes al- Ya qubi (siglo IX) hablando de los Zawila (tribu libia) asegura que exportan esclavos negros pertenecientes a las tribus de Mira, Zagawa, Maruwa y otras razas negras, que tienen cerca y a los que capturan. Los reyes negros venden a sus súbditos sin pretexto alguno y sin guerra... Ibn Butlan (siglo XI) Ibn Battuta (XIV) León el Africano (XVI) cuyo verdadero nombre era al- Hasan ibn Muhammad, aportan noticias parejas imposibles de reseñar aquí, pero alQaddafi- -y no es el único árabe, africano o musulmán explotador de esta idea- -considera que la intervención colonial anglo- francesa faculta a los africanos actuales para reclamarnos daños y perjuicios por acontecimientos en los que no intervinimos. Y, de camino, aunque sólo vaya en broma, nos pide mil millones. U na alimentación abundante y el paso del tiempo eliminaron las angulosidades del rostro y el coronel ganó peso, aunque las marcas de la vi- E ruela siguieron en su sitio. Del mismo modo, los pecadillos del dictador se difuminan y olvidan porque, en definitiva, él, propiamente es un filósofo, eclipse final para al- Farabi, al- Kindi, Avicena, Avempace, Ibn Tufayl, ar- Razi, Ibn Hazm, Averroes, Ibn Jaldún y quienes ustedes gusten, por imposibilidad en las comparaciones. Y ahí tenemos- -a imitación de la Filosofía de la Revolución de Abd an- Naser- -su magna obra, el Libro Verde, cuya edición árabe (sin data, ni lugar de publicación, ni índice) se desliza en 206 páginas de formato 12 x 17 cms. con generosos márgenes que permiten un promedio de seis palabras por línea, a razón de quince líneas por página, cada una de las cuales agrupa unos 90 vocablos: para que el lector se haga una idea, un artículo como éste ocuparía trece o catorce de tales páginas. Pero la sabiduría acumulada en el libro es tanta que concitó, allá por los 80, numerosos Encuentros, Jornadas y Congresos- -a gastos pagados- -y, en alarde de concisión y agudeza, a la mujer se dedican 21 pgs. de tal porte y aparato; a las minorías 2; a los negros otras 2; a la enseñanza 4; a melodías y artes 4; a deportes y equitación 8... Y así sucesivamente, pero esa concisión se compadece bien con la profundidad de los pensamientos expuestos: convengamos en que el Padre Nuestro no necesita ser extenso. La autoridad renovadora de la obra se percibe a cada paso (y aseguro que ni exagero ni corto con mala voluntad) La mujer es un ser humano. Y el hombre es un ser humano. En esto estamos de acuerdo y de esto no cabe duda. Por lo tanto, resulta elemental decir que la mujer y el hombre son humanamente iguales la mujer come y bebe al igual que el hombre come y bebe. La mujer odia y ama al igual que el hombre odia y ama la mujer siente hambre y sed así como el hombre siente hambre y sed. La mujer vive y muere al igual que el hombre vive y muere existe una diferencia natural entre el hombre y la mujer La mujer es solamente hembra. Y su condición de hembra supone que tiene una función natural y biológica distinta a la del hombre, que es macho Se trata de una realidad natural incuestionable. El macho en el reino animal y en el mundo de las plantas suele ser fuerte, rudo. Pero la hembra suele ser, en todas las especies, bella y delicada... Y basta de abusar de su paciencia, amigo lector, pero si abriga una duda, una inquietud o una pregunta sobre cualquier arcano divino o terreno, acuda al Libro Verde: no le ha de defraudar. P or todo lo antedicho, es normal que un filósofo de la talla de al- Qaddafi visite a otro que ha alumbrado (solo o en compañía de otros) la Alianza de Civilizaciones, que propone un Pacto con Africa y medita muy seriamente signar un Nuevo Contrato con la Naturaleza. Felicitémonos, pues, por recibir a tal huésped y, sobre todo, porque a nuestro Rodríguez no le ha dado por escribir. De momento. SERAFÍN FANJUL Catedrático de la UAM