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ABC DOMINGO 16- -12- -2007 David Irving pronunció su conferencia en Barcelona ante un escasísimo auditorio 95 Conrad avisa de una nueva Náutica muy progresista: Si ve usted algo en su camino, no haga nada por evitarlo: aplástelo a toda máquina... No se puede hacer que un barco de 50.000 toneladas sea tan fuerte como una lata de Huntley Palmer con sólo una suerte de hoyuelo en una de sus mejillas. Un golpe proporcionalmente tan severo habría hecho trizas el costado del Titanic o de cualquier otro triunfo de la ingeniería naval como si fuera papel de estraza... No se puede hacer que un barco de casi 50.000 toneladas sea tan fuerte como una lata de Huntley Palmer Todos los pasajeros y los tripulantes del Titanic vivieron su primera y última travesía con un irreal sentimiento de seguridad: aquel barco dividido por compartimentos estancos era insumergible. Sé cómo la evidencia de nuestros sentidos, lo mismo que la fuerza de los materiales, puede ser abolida mediante el cálculo. Porque fue este tipo de cálculo, que tiene que ver con pesos y niveles, el que hizo creer a los técnicos responsables del Titanic que un barco no dividido por compartimentos estancos sería insumergible. Pues, como se sabe, no estaba dividido. Usted y yo, y nuestros hijos pequeños también, cuando queremos dividir una caja nos aseguramos de encontrar un pedazo de madera que llegue del fondo al tope, sabemos que si no alcanza, entonces la caja no estará dividida en dos compartimentos. Estará tan sólo parcialmente dividida. El Titanic estaba tan sólo parcialmente dividido, pero lo suficientemente dividido como para ahogar a unos pobres diablos como ratas en una trampa Conrad esgrime como ejemplo un edificio de mamparas a prueba de fuego, demasiado altas para que puedan ser escaladas y dar salida al exterior por las azoteas, aunque sólo clausuran dos tercios del espacio que debieran cerrar, dejando una ventana por la cual la corriente de aire, el humo y el fuego pudieran pasar de un costado del edificio al otro... ¿qué pensaría de la inteligencia o de la inocencia de alguien que hiciera propaganda de un edificio así? Sin embargo, para acercarse a algo cercano a la seguridad absoluta- -afirma el novelista- las divisiones para mantener el agua fuera deberían extenderse desde abajo hasta la cubierta más alta del casco. Y aún más: como una provisión de la mínima humanidad, cada uno de esos compartimentos debe tener un acceso independiente y perfectamente libre a la cubierta más alta, es decir: al aire libre Estanco e insumergible ABC vantado en torno suyo el gran parloteo de las noticias ¡y qué serie de noticias, por Dios! y ávidos comentarios, pero a mí me parece que hubieran sido mejores notas menos estridentes, siquiera en consideración de tantas vidas dejadas a su suerte en el mar -estaban sentando las bases de una nueva Náutica Al leer los informes, mi primera reflexión- -apuntaba Conrad- -fue que si ese barco infortunado hubiera medido menos, probablemente hubie- se esquivado el peligro De hecho, si hubiera sido avistado un minuto antes, no se habría desgarrado con el iceberg, como tampoco si no se hubiera puesto contramarcha. Pero, de haber sido así- -continúa- seguro que no habría podido tener un balneario y un café francés. Y ésta es, por supuesto, una seria consideración. Me doy perfecta cuenta de que los responsables de su corta y fatal existencia nos preguntan desolados si acaso creemos que, de haber dado el golpe de frente, la nave se hubiera salvado. Esta pregunta parece decir que todo ocurrió por culpa del oficial de guardia (que ha muerto) por intentar evitar el obstáculo. Tendremos, si siguen así las cosas, un nuevo tipo de Náutica, en deferencia a los intereses comerciales e industriales. Un tipo muy nuevo y muy progresista: Si ve usted algo en su camino, de ningún modo haga nada por evitarlo: aplástelo a toda máquina... En caso de duda, aseste un cabezazo a lo que ten- ga delante... Pero, ¿hubiera sido esto posible? -se pregunta más adelante- Por mi parte, yo lo dudo Y concluye con ironía: Felicito a los futuros pasajeros transatlánticos por la emociones nuevas y fuertes que les aguardan. Irán topando de iceberg en iceberg a 25 nudos por hora, con precisión y seguridad, con un alegre bum como dice el inmortal poema El Titanic era un tanque de 882,5 pies de largo, arreglado como un hotel y, para los azares de su existencia, tan fuerte, creo yo, como una lata de bizcochos Huntley Palmer... Bien, así de fuerte era, y tal vez ni siquiera tanto. Observe uno de los lados de la lata- -señala Conrad a quien criticaba sus tesis- y luego imagínelo como el lado de un barco que desplaza 46.328 toneladas, piense entonces cuál debería ser el grueso de estas placas de modo que se acercasen a la relativa solidez de esa lata de galletas En mi cambiante y aventurera carrera- -continúa- me ha sorprendido ver a una mula lanzar al cielo una lata de Huntley Palmer de una patada. La lata cayó al suelo sonriendo, Un experto afirmó, ante la comisión investigadora, que con menos botes, más gente se habría salvado Los botes estaban situados en dos grupos, uno hacia proa y otro a popa. En la parte delantera se hallaban 12: dos eran de madera, con capacidad para 40 personas cada uno; cuatro eran plegables Engelhardt, para 47 personas; y otros seis de madera, mayores, podían embarcar a 65 personas. Hacia popa se hallaban otros 8 botes de estos últimos. Es decir, el Titanic disponía de 20 botes que podían acomodar un total de 1.178 pasajeros... de los ¡2.278 que viajaban en el barco! Y aun así, apenas sobrevivieron 715. Cuenta Conrad que un experto aseveró que de haber habido menos botes, más gente se habría salvado. Leyendo el reporte de esta investigación tan admirablemente conducida, no se sabe si es una investigación admirable o una ópera bufa Para Conrad resultaba evidente que si no se pueden llevar o maniobrar tantos botes, entonces no llenes tus barcos con tantos pasajeros... No ahogues a tanta gente en una de las noches más serenas y espléndidas del Atlántico Norte, ni siquiera si les has contratado una orquesta para distraerlos mientras se ahogan Más adelante, el novelista se refiere al testimonio de un funcionario de la línea White Star: ¡Botes! Por supuesto que hemos retacado nuestras cubiertas con botes en respuesta a su ignorante clamor. ¡Pura leña! ¿Cómo podemos manejar tantos botes con nuestras serviolas? A lo que él responde: Hay que eliminar las serviolas operadas por el hombre Para Conrad, las grúas eran la respuesta: Grúas bajas, compactas, con cabezas ajustables... Con 6 grúas adecuadas, 6 botes podrían tripularse, llenarse y arriarse simultáneamente, y, si se guarda algún tipo de orden, un barco podría estar desierto en muy poco tiempo. Pues debe haber botes suficientes para los pasajeros y la tripulación, ya sea incrementando el número de botes o disminuyendo pasajeros, independientemente del tamaño del barco Y, por fin, recomienda: Estos botes habrán de contar con un motor Más información sobre el Titanic: www. titanic. visual- online. com