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70 MADRID DOMINGO 16 s 12 s 2007 ABC AL DÍA Ignacio Ruiz Quintano CONEJO l sustituto de Moraleda, el vocero de La Moncloa, en la cosa del agro, señor Puxeu, ha presentado el programa alimentario del Gobierno contra la crisis económica que se avecina: Carne de conejo, exquisita y ligera España, desde luego, es tierra de conejos, por mucho que nuestros retóricos, al calor de un cuartillo de vino, hablen de España, al final de los banquetes, como de una piel de toro. Y donde esté un conejo que se quiten esos rabos de toro que sirven en los restaurantes de diseño y que, más que del toro, parecen de las mulillas que arrastran al toro, con banderines españoles y todo. Pero lo de llenarse la andorga de conejo tampoco es un invento del socialismo español, cuya acreditada doctrina ascética, clave para mantener intactas a las famélicas legiones, invita al consumo de alfalfa y condena severamente el deleite de chuparse los dedos en la mesa. Mucho antes de que el señor Puxeu proclamara oficialmente la exquisitez del conejo, Dumas describió cómo las liebres españolas se morían de viejas viendo cómo los hombres se comían... a los conejos. Si se acaban los bueyes, se acaban los ingleses, cosa, por cierto, en la que nunca han caído los antitaurinos. Pero, si se acaban los conejos, se acaban los españoles. Si un industrioso holandés puede pasar sin su arenque, un ocioso español no puede pasar sin su conejo. Gracias a la Providencia, que bendijo a nuestra nación con el regalo de un territorio que es un conejal, España nunca pasará hambre. Y Madrid, gracias a Dios, es un pueblo maravillosamente conejero. Quiere decirse que aquí el conejo se come de muchas maneras: con salsa de cacahuetes en El Inti de Oro con cigalas en el Gala con tomate natural en El Goloso o con nueces en los Asturianos Mas donde el conejo madrileño se eleva en un boom perifrástico- -por emplear uno de los adjetivos cultos de Moncho Alpuente- -de los cinco sentidos hasta igualar en prestancia al Colón de la estatua de Colón es en Casa Miro Titulcia, de cuyo conejo a la cazadora podría sentirse orgullosa hasta la mismísima Virgen María que, en el buen tiempo, preside una exuberante terraza amenizada por aves como venidas de la Casa de Aves de Moctezuma. E El actor y dramaturgo cubano Raúl Alfonso, minutos antes de comenzar con su espectáculo en la sala Janagah el pasado viernes Entre la cárcel y el teatro Un preso del centro penitenciario de Soto del Real representa en la Sala Janagah La Pasión según el verdugo una metáfora de su propia vida, en la que viaja al más profundo de los horrores cargado de soledad, incertidumbre y preguntas POR LETICIA TOSCANO FOTO JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Pocas personas pueden decir que han visto la vida desde detrás de los barrotes de una celda y desde un escenario. No son muchos los que han vivido la frialdad de la cárcel y el calor de un aplauso. Raúl Alfonso es uno de ellos. Actor, dramaturgo y director de teatro afamado en su Cuba natal, actualmente está preso en la cárcel de Soto del Real por coquetear con los bajos fondos del mundo y no saber salir a tiempo. Sin embargo, la falta de libertad no le ha alejado de su pasión, el teatro, y cada mes, aprovechando sus permisos penitenciarios, representa en la madrileña Sala Janagah, en el barrio del Pilar, una adaptación de la obra La pasión según el verdugo del premio Nobel sueco Pär Lagerkvist. Seguí con el teatro para no morirme, para no perder el contacto con mi vida explica Raúl, quien desde que entró en prisión, hace casi cinco años, se puso en contacto con un grupo artístico que coordinaba otro preso, Edgar Cañón, quien le permitió hacer un papelito en la obra que estaba dirigiendo: Farsa y justicia del Señor Corregidor de Alejandro Casona. A partir de ese momento, Raúl Alfonso combatió la atrocidad de la cárcel con la ilusión del teatro y, con el tiempo, se hizo cargo él del grupo. Desde su punto de vista, la obra que comparte con los madrileños es, en cierto modo, una metáfora de su vida. La pasión según el verdugo narra la historia de la Pasión de Cristo vista por su verdugo. Muestra el descenso a los infiernos de este personaje que no comprende por qué tuvo que asesinar a Cristo y decide ir a ver a Dios para que se lo explique. El viaje que emprende es como el mío: solo, culpable, con una necesidad muy grande y lleno de preguntas sobre mí, sobre mi vida, mis circunstancias, el origen del mal explica el protagonista, que reconoce que a menudo se plantea qué puede llevar a un ser a convertirse en un monstruo, en un demonio como le ocurrió a el. De hecho, Raúl Alfonso no se considera un delincuente y explica que el delito, en su caso relacionado con las drogas, es sólo un hecho anecdótico, comparado con las circunstancias que lo llevaron a cometerlo: Hay un punto en el que no puedes parar, por compromisos, presiones, amenazas, riesgo de tu vida y la de tu familia... Entonces tomas decisiones salvajes e irresponsables que no sabes dónde te van a llevar declara el actor. Cuando llegó a la Península, pasó del aeropuerto directamente hasta el centro penitenciario y no conoció más España que la que veía a través de las ventanas de la cárcel hasta el año 2006, cuando le concedieron su primer permiso. En aquella ocasión fue a visitar el Museo del Prado y disfrutó de Madrid como la ciudad cultural que es Su experiencia en la cárcel la define como el ansia constante de algo Según cuenta, siempre sientes que te falta algo, hay soledad, te vuelves sutil, subrepticio, te llenas de fantasmas, de angustias y todo se vuelve trascendente No obstante, considera que en la prisión descubrió una forma diferente de relacionarse con el teatro. La gente que participa en las representaciones está desesperada, tiene ansias de expandirse, necesita alcanzar la libertad, pero no la de la calle, sino la libertad del espíritu y las obras les ayudan. Aunque su experiencia con los actores ha sido muy positiva, Raúl Alfonso es realista y sabe que no se puede sublimar el horror En la cárcel todo es triste porque somos personas tristes aclara. Ahora actúa en la sala Janagah, un espacio que considera que, al igual que su propia vida, está entre la realidad y el sueño. Muy analítico con su situación, reconoce que ha vivido los últimos años como una pesadilla de la que, desgraciadamente, no ha despertado. Es como si hubiera muerto y regresado a la vida. Me siento como si hubiera hecho un viaje muy largo a un lugar insospechado, desconocido, congelado, y hubiera regresado Todavía le quedan cuatro años de cárcel y aunque reconoce que la prisión ha sembrado en él buenas porciones de muerte no olvida que su pasión son las artes, y estas serán su tabla de salvación cuando alcance la libertad. El teatro me ha regalado al teatro, y eso es mi vida sentencia minutos antes de enfrentarse a un público que, a pesar de todo lo vivido, sigue logrando emocionarle. Una pesadilla Una metáfora de su vida La prisión es el ansia constante de algo, te vuelves sutil, subrepticio, te llenas de fantasmas