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46 ECONOMÍAyNEGOCIOS Perfil DOMINGO 16 s 12 s 2007 ABC James Murdoch s El heredero del imperio Murdoch Enrique Serbeto NECESITA REINAR LA COSA SE PONE FEA CON CHINA tención con las relaciones entre Europa y China. Se nos había creado la imagen de que China es una amenaza, un gigante que va a despertar y todo eso. Pero por la misma inercia de imaginarse al mundo siempre girando hacia los mismos polos, creíamos que era un peligro para Estados Unidos, no tanto para la dulce Europa, que con sus bienintencionados principios no tiene ni intereses ni- -por tanto- -adversarios en el mundo. Falso. China no es una amenaza militar (al menos todavía no lo es) pero sí ha alcanzado una dimensión económica formidable y la Unión Europea, que es todavía la primera potencia comercial del mundo, está sintiendo claramente amenazados sus intereses. Se ha visto recientemente en la cumbre UE- Africa de Lisboa, donde la impertinente presencia de un sátrapa como el zimbawo Robert Mugabe ha impedido que se prestase la debida atención al fondo de los problemas que estaban sobre la mesa. Europa ha estado ofreciendo a los africanos unos acuerdos de asociación económica para protegerlos de las nuevas reglas de la Organización Mundial de Comercio y gran parte de ellos se han negado a firmarlos, ante el estupor de los europeos. ¿Qué razones podían tener para rechazar un tratamiento que no puede ser más amistoso por parte de su principal socio comercial? Pues naturalmente, ofertas en dinero contante y sonante de China, comprometiendo sus materias primas. Un país como la República Democrática del Congo (que por cierto, y a pesar de todo el dinero que ha invertido Europa enviando soldados y asesores, vuelve a estar al borde de la guerra civil) ha firmado ya un contrato con China, que se encargará de la explotación de sus principales minerales para los próximos decenios. Naturalmente, la Comisión Europea está al corriente de lo que sucede y no tendrá más remedio que reaccionar, aunque es muy posible que lo paguen antes los pobres africanos que los chinos, que ya son muy grandes. Los medios chinos empiezan a hablar de que se ha terminado la luna de miel entre Europa y China y que ahora empiezan las cosas serias. EL PRÍNCIPE QUE NO James, el cuarto hijo de Rupert Murdoch, se pone al frente de su imperio con ideas muy distintas sobre la relación entre prensa y poder POR ANNA GRAU NUEVA YORK. Parece que el mundo descubrió a James Murdoch, hijo de Rupert Murdoch, hace menos de una semana, cuando se confirmó que tomaba el control del imperio Murdoch, News Corporation, en el Reino Unido, en toda Europa y en Asia. Pero eso es problema del mundo, no de James. Sin duda no estaba llamado a llevar una vida normal. Nació el 13 de diciembre de 1972 en Londres. Era el cuarto hijo para Rupert Murdoch y el tercero para su segunda esposa, Anna. A La turbulenta vida conyugal de su padre- -que seguía dándole hermanos a los setenta años- -tiene poco que ver con el estilo sobrio de James, a quien por ahora sólo se le conoce un amor y una esposa, la americana Kathryn Hufschmid. Se casaron en el año 2000 son padres de Anneka, de cuatro años, y de Walter, de dos. Rupert Murdoch siempre ha querido que su imperio mediático se quede en casa, y puso a toda su numerosa prole a competir. El ascenso de James se consolida después de que su hermano mayor, Lachlan, cambiara definitivamente la primogenitura por un plato de lentejas, prefiriendo llevar una vida tranquila en Australia, solar patrio de los Murdoch. James no era pues el candidato inicial a suceder a su padre, aunque sí se dice que era su favorito. A los quince años, cuando era becario en uno de los periódicos de su padre, apareció en un diario de la competencia una foto suya que le mostraba cabeceando en mitad de una rueda de prensa. Pero siempre se ha dicho que aquello no le hacía justicia. Que es el más dotado y brillante de los hijos de Murdoch, e incluso, más que él mismo. Como suele suceder, tanto talento inicialmente le llevó a la rebeldía. Estudió en Harvard, pero la materia del estudio eran la cinematografía y la animación. James no era el candidato inicial a ser el sucesor de su padre, aunque sí se dice que era su favorito Editó magazines, lanzó revistas satíricas y se embarcó con dos amigos en la aventura de Rawkus, un mítico sello independiente de hip- hop. Hasta que trascendió el nombre de Murdoch entre los accionistas, y el prestigio de independencia se fue al traste. Rupert se dejó seducir durante años por varios proyectos de su hijo- -ambos comparten un interés superlativo por las nuevas tecnologías- -en un claro intento de atraparle en la dorada telaraña Murdoch. Poco a poco James fue deponiendo su actitud, más que rebelde, independiente. Probablemente la experiencia de Rawkus le hizo ver que él siempre tendría poca credibilidad como empresario underground. En cambio, convenció a su padre de invertir en internet y en sellos musicales, cuya gestión compaginaba con seguir dibujando viñetas para la revista norteamericana Gear Poco a poco el artista se fue apagando y el empresario se fue encendiendo. Conquistó una respetabilidad ejecutiva que se puso a prueba cuando, recién casado, se mudó a Hong Kong para dirigir el flanco asiático de News Corporation. Ya se notan los cambios. Frente a la excentricidad connatural a Rupert, la discreción de James. Dicen los que le conocen que de soso no tiene nada, pero que se guarda su sal para la intimidad. Lleva el pelo corto y traje pero no corbata, es monógamo, madruga para ir al gimnasio, no bebe alcohol, al menos en público. Y, ¡oh portento! No le interesa la política. No en el sentido que, por ejemplo, a su padre, una especie de Dodi al Fayed de la prensa que lleva años multiplicando su poder, en parte para vengar la reticencia de la vieja guardia británica a aceptarle como uno de los nuestros A Murdoch le apasiona crear opinión, influir, para sacudirse el complejo de advenedizo. Pero su hijo James encarna otra generación mucho más segura de sí misma. Se permite no opinar de política siendo hijo de su muy conservador padre y estando casado con una mujer que trabaja para la Iniciativa Global de Clinton. James mantiene los contactos propios de su posición, pero no corteja dirigentes y, por ejemplo, ha eludido todos los cantos de sirena de Gordon Brown para estrechar relaciones. Su objetivo no es el poder que se consigue así, sino ganando tranquilamente dinero y más dinero. Y manteniéndose personalmente al margen. Sólo es negocio. Más información en: http: www. newscorp. com