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32 ESPAÑA DOMINGO 16 s 12 s 2007 ABC Cuando la vida se juega en una negociación La Policía ha creado una red de negociadores- -22 agentes- -para resolver situaciones de crisis. El objetivo es acabar con los espontáneos y seguir un protocolo nacional, que se está diseñando, semejante a las circulares de la lucha antiterrorista POR CRUZ MORCILLO FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Hace una hora la torre de control de Barajas alertó del secuestro de un avión. El comandante ha confirmado que los captores están armados. Tiene orden de repostar de inmediato para un vuelo desconocido de larga duración. Hay al menos 50 rehenes La T- 4 del aeropuerto madrileño se pone patas arriba para montar sin un minuto de retraso la sala de coordinación de crisis, movilizar a los bomberos y a los GEO. Uno de los delincuentes amenaza con matar a un rehén en 15 minutos. Quieren también cocaína y tabaco. Son las nueve de la mañana y empieza una carrera contra el tiempo a dos bandas: la del negociador, de un lado, y la del jefe del incidente (un comisario) por otro. La mano blanda por delante para dar confianza a los secuestradores y la dura, lista para actuar si la palabra fracasa. Las diez horas siguientes tendrían en vilo a todo el país. No hoy, porque el secuestro es un simulacro, el último examen del curso de negociador policial que acaba de concluir en Madrid. Es el primero de estas características, el embrión de una red española de negociadores que serán los encargados de resolver situaciones de crisis con la persuasión y la palabra El equipo lo forman 22 inspectores e inspectores jefe de la Policía Nacional, acostumbrados a lidiar con secuestros y atracos, al otro lado del teléfono las 24 horas, tipos de esos con los que usted se cruzaría por la calle y no sólo no identificaría como policías sino que acabaría haciendo casi cualquier cosa que le pidieran. Nada de uniformes ni de pistola al cinto, casi ninguno ha cumplido los cuarenta años y todos tienen la maleta de urgencia en la puerta para salir corriendo. Si el familiar de un secuestrado te dice, por ejemplo, no pareces policía tienes la primera prueba superada. Ya estás en el mismo equipo. Vencer la desconfianza del otro es clave para acabar con la parálisis que provoca el miedo y que es la base de muchos errores Son palabras del jefe del equipo de negociadores, un inspector que está al frente del Grupo de Secuestros y Extorsiones de la Comisaría General de Policía Judicial desde hace más de tres años. Con él trabajan otros diez policías codo con codo y ahora se les han sumado once más, que están destinados en las principales Jefaturas del país y actuarán como avanzadilla ante una crisis. Un secuestro como el simulacro de Barajas aquí no se ha producido nunca, pero los atracos a bancos con rehenes, las detenciones ilegales o las extorsiones con la víctima retenida no nos son ajenas. Más infrecuente es un incidente como el de la cárcel de Picassent. Los grupos especiales de intervención son la salida natural, pero junto a ellos es clave un negociador, cuya arma es la palabra. Con la red que se ha puesto en marcha se pretende dejar atrás a los espontáneos esos policías con una dilatada trayectoria, casi siempre autodidactas y corajudos natos, capaces de embaucar a una serpiente. La delincuencia avanza y la orientación policial también. Ahora se busca una formación y un método acordes con lo que está pasando, con el crimen nacional y el que importamos con escasas trabas. Es fundamental contar con un protocolo que recoja los pasos que hay que seguir. Negociar no es dar voces y órdenes, eso lo sabe hacer cualquier policía. Se trata de agotar las soluciones pacíficas por seguridad para las víctimas y para los agentes explica el jefe del equipo negociador. El audaz a cara descubierta, que tira sólo de la cuerda de la negociación, está en vías de extinción. Esto es un equipo; tiene la misma importancia el responsable que el funcionario encargado de los círculos de seguridad La intención es elaborar un protocolo semejante a las circulares de la lucha antiterrorista, donde cada paso importante esté reflejado. Son profesionales de la persuasión, a veces manipuladores, con gran empatía y habilidades sociales Sin precedentes El tiempo es un cronómetro implacable para estos policías. En un secuestro hay una acentuadísima responsabilidad y una oportunidad de resolución que puede desperdiciarse si no se hacen bien las cosas. Un ejemplo: la familia de un secuestrado recibe una llamada de los delincuentes sin asesoramiento. Les exigen un rescate de cien mil euros y aceptan, pero no los tienen. El primer error puede desbaratar toda la estrategia posterior y suele haber vidas humanas en juego. Durante el curso, de tres semanas, han conseguido que un mendigo les diera dos euros en la puerta de un centro comer- cial, que un taxista no les partiera la cara después de registrarle el coche y no subir a él, que un niño secuestrado fuera puesto en libertad sin pagar- -éste fue un simulacro como el de Barajas- -o que un maltratador dejara salir a su mujer y a sus dos niños de la casa que amenazaba con volar por los aires. Todo sin ser policías Sus herramientas son las más básicas y las más complejas. Profesionales de la comunicación y la persuasión, a veces manipuladores, con gran empatía y habilidades sociales Si usted se los cruza y le quieren convencer, no dude que lo conseguirán. ¿Qué hago a las 3 de la mañana en Lima esperando a que me vuelen la cabeza? Media docena de secuestros de españoles en el extranjero y media docena de finales felices. Ese es el bagaje de la maleta del Grupo de Secuestros y Extorsiones de la UDEV Central del que depende la red de negociadores. Son ellos mismos y los once que se les han incorporado. El jefe del equipo no duda cuál ha sido su peor experiencia. La liberación del armador gallego Andrés Gude el año pasado en Lima, enterrado en la basura, inconsciente y malherido. Acudí a la entrega en un suburbio con un policía de allí; no aparecía nadie pese a que ya se había pagado y yo no podía dejar de preguntarme, ¿qué hago a las tres de la madrugada aquí esperando a que me vuelen la cabeza? Llamamos a la prensa, a todo el mundo; creíamos que lo habían matado, pero no tenía sentido. Tu serenidad, tu experiencia, casi todo, se tambalea durante unos minutos. Pasan, recobras el papel y aplicas la máxima: gestionar la presión y transformarla