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ABC DOMINGO 16 s 12 s 2007 ESPAÑA 25 Momentos históricos... y surrealistas prehistoria Celebrados en 1858, sin la existencia de medios audiovisuales, se consideran un referente importante porque establecieron un formato estable y dieron un importante impulso a Lincoln ante la opinión pública. cuatro duelos televisados en la campaña presidencial norteamericana de 1960 fueron determinantes para la eclosión de los debates como fenómeno audiovisual. Los siguieron 70 millones de espectadores. Clinton para muchos el mejor comunicador político de la historia, noqueó a Bush padre en 1992 cuando a los candidatos se les preguntó por su concepto de la familia. Bush peroró retóricamente y dijo que se trataba de un pilar básico de los valores de la nación. Clinton se limitó a contestar que para él la familia era levantar la cabeza mientras estaba trabajando y ver a su mujer y a su hija. España estrenó combates electorales televisados entre candidatos a presidente del Gobierno en 1993, y no se ha vuelto a repetir la experiencia. Fueron dos cara a cara memorables. El primero, en Antena 3, lo ganó Aznar porque González, que llegó sobrado no se lo había preparado. Lo siguieron 11 millones de espectadores. En el segundo, celebrado en Telecinco, Felipe ya se había puesto las pilas y logró limar el efecto revulsivo del anterior. La audiencia alcanzó los 12,6 millones de televidentes. El debate a tres celebrado en las últimas elecciones municipales en Madrid rompió moldes cuando el candidato socialista, Miguel Sebastián, sacó ante las cámaras un recorte de prensa que lanzaba al aire zafias insinuaciones sobre la vida privada del aspirante del PP, Alberto Ruiz- Gallardón. Un patinazo que fue su ruina política cuando el resto del debate, según los especialistas, lo llevaba preparado al dedillo, con todas las técnicas de manual. Como convidado de piedra, el candidato de IU, Ángel Pérez. Debates Lincoln- Douglas. Son la Debates Nixon- Kennedy. Sus Debate Clinton- Bush padre. Debate televisado entre Felipe González y José María Aznar ante las elecciones generales de 1993 ABC Debates televisados: a la caza del 4 por ciento Los cara a cara entre Rajoy y Zapatero no se decantarán de un lado u otro por un tono más o menos vehemente por unas propuestas más o menos concisas. Lo que cuenta es la pegada emocional POR BLANCA TORQUEMADA MADRID. Para los ciudadanos, no hay otra ocasión mejor. Sólo en los debates televisados tienen a su alcance escudriñar en detalle a los candidatos durante más de una hora Esta apreciación en la que coinciden todos los expertos en comunicación política no ha logrado calar hasta ahora, sin embargo, en el áspero pellejo de paquidermo de los dos partidos mayoritarios en España que, tras el excepcional experimento de 1993, año en el que se celebraron los dos cara a cara televisivos de Felipe González y José María Aznar, no habían vuelto a ponerse de acuerdo para enfrentar a sus líderes bajo los focos y exponerlos al descarnado veredicto de las audiencias. Pero las cosas han cambiado, y seguramente sin posibilidad de vuelta atrás: los dos debates entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero que se están cocinando en los fogones de Génova y Ferraz- -ardua negociación de por medio- -no serán los últimos entre aspirantes a La Moncloa. Tal es el signo de los tiempos, determinado por el propio relevo generacional en el seno de los partidos y por un inevitable contagio global: las referencias inmediatas de la frenética carrera de salida hacia las primarias en Estados Unidos y las recientes elecciones presidenciales francesas dejan fuera de juego la táctica del avestruz que se había enquistado en la política española. la motivación final de los electores (eficazmente teorizado por el sabio norteamericano Lakoff, fichaje de Zapatero) tanto el Partido Popular como el PSOE conceden la máxima importancia a estos vis a vis y han llegado a la convicción de que, como pauta general, no se les debe dar la espalda. Según argumenta Jorge Rábago, director del departamento de Telegenia del Partido Popular, últimamente se han desechado muchos tópicos sobre la exis- tencia de situaciones y coyunturas en las que un candidato debe eludir los debates. Estaba muy extendida esa máxima según la cual a quien tiene el poder no le interesan. Del mismo modo, otro lugar común reza que a quien está en condiciones de acceder al gobierno le van bien. Ni lo uno ni lo otro es siempre cierto. Alguien con ventaja ante la opinión pública puede tener una flojera específica en este tipo de comparecencias, en tanto que quien gobierna puede necesitar esos duelos para recuperar la imagen de cercanía Para Rábago, es importante que el formato de estos debates no sea excesivamente deliberativo; es decir, que no estén (Pasa a la página siguiente) Debates González- Aznar. Debate Gallardón- Sebastián La importancia del vis a vis Además, el programa de TVE Tengo una pregunta para usted ha espoleado los ánimos. ¿Cómo negar a los ciudadanos esa comparecencia en el ring preelectoral después de los tragos del café de 80 céntimos de Zapatero y de la cita de Rajoy con la economista de Barcelona? Más permeables que antes al componente emocional en