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16 ESPAÑA La ofensiva etarra s El dolor de las víctimas DOMINGO 16 s 12 s 2007 ABC Crónica en vivo de un funeral El capitán que mandaba la formación en el Colegio de Guardias Jóvenes durante el funeral de Fernando Trapero escribe en primera persona cómo vivió aquella mañana en la que despidieron al polilla Fue un día muy gris y muy triste. Frío, como corresponde al otoño tardío de estepa castellana que es Valdemoro. Después de haber velado su cadáver la tarde y noche anterior en la capilla ardiente, que fue instalada en el salón de actos, llegó la hora del funeral. Los turnos de escolta del féretro fueron establecidos desde que llegó. Siempre, cada 15 minutos: Un componente del Gao, un policía nacional, otro de la Jefatura de Información y un polilla de mi compañía. Fueron una horas llenas de pena, de inmensa pena, donde nadie era capaz de encontrar consuelo. Una de las innumerables coronas que acompañaban al féretro era de mi compañía. Los polillas habían hecho entre ellos, sin que nadie les dijese nada, una colecta y habían recaudado 139 euros que se habían gastado en una sencilla corona que significaba su homenaje a quien entregó lo más valioso que poseía, su propia vida, por España, tal y como había jurado en nuestro patio apenas tres años antes. A las 9.30 reuní a los 125 alumnos de mi compañía en la planilla (Aclarar que en este curso, que acaba en febrero, no tenemos más que una compañía de polillas Les insuflé ánimos ¡yo, que no tenía consuelo! Todos nos juramentamos que el acto, por lo que respecta a nosotros, iba a salir impecable. A las 11.00, formación en el patio del corralillo. Y a las 11.30, la entrada en el patio de armas. Ya estaba lleno. Había incontables micrófonos, cámaras de televisión, unidades móviles y periodistas. La compañía de honores, con escuadra, banda y música, estaba formada por secciones. Y a las 11.40 hizo su entrada en el patio, a los acordes del Himno Nacional y con las armas presentadas... Ella, nuestra bandera, portada por el teniente Molina, que ocupó su puesto en formación en el lugar que le concede el Reglamento de Actos y Honores Militares, a la derecha del capitán. Era ella, la misma que Compañeros de Fernando Trapero llevan a hombros su féretro durante el funeral de la semana pasada celebrado en Valdemoro el polilla Fernando Trapero juró el 27 de noviembre de 2004 como componente de la 87 Promoción del Colegio. Yo tuve que dar las voces reglamentarias: A la Bandera, ¡presenten armas! Guardias civiles, ¡viva España! Constaté que no sólo contestaron desgarradoramente mis alumnos. mi compañía, el reglado ¡viva! Más, mucho más de medio patio gritó con nosotros, un ¡viva! que salía del alma, del corazón, de las conciencias... A las 12.00 en punto ordeno al cornetín que toque atención general y firmes Entraban en el patio Sus Majestades los Reyes, acompañados de los Príncipes de Asturias. No hubo honores militares porque el verdadero protagonista del día era Fernando Trapero. Cuando la Familia Real dio el pésame a los afligidos padres y ocuparon su lugar reservado, al lado del Evangelio, el cornetín toca de frente, paso lento Y aparece el féretro portado a hombros de sus compañeros de promoción. La banda de música interpreta la Marcha Fúnebre de Chopin. Y el patio era un puro sollozo que encogía el alma. El día se volvía más triste y más gris, por momentos. Era el primer día verdaderamente invernal de este otoño casi atípico en Valdemoro. No hubo sol y por tanto tampoco excepciones para pasar más o menos frío, según la ubicación de cada uno en el patio. Todos iguales. La Santa Misa se desarrolla casi en un suspiro. La homilía del vicario general castrense fue preciosa. La entrega de medallas por parte del Rey fue impresionante. Pero más impresionante fue la entrega de esas mismas medallas, del sombrero y de la bandera a esos padres atribulados por parte del jefe de Información. Los momentos álgidos de la ceremonia se iban acercando casi sin respiro. No me preguntéis de dónde me salió la voz de guiones y banderines de la Guardia Civil, rindan homenaje a los que dieron su vida por España previo a La muerte no es el final Me salió del fondo del alma, saqué fuerzas de donde no tenía, porque me iba derrumbando. Me sentía tan triste que no paraba de reñir en mi interior con Dios. ¿Por qué, Señor, por qué? ¡Les quedaba a los dos toda la vida por vivir! CHEMA BARROSO Reunión en la planilla Adiós, Fernando, descansa en paz y que los que han cometido este crimen tan horrendo y el de tu compañero Raúl no tengan nunca ni el descanso ni el perdón. Ni ellos ni quienes les alientan, les ayudan les comprenden o los justifican No me quedan lágrimas Regresa la banderín de mi compañía del monolito y me dice entre dientes: No puedo más, mi capitán Y yo le digo de la misma forma: ¿Cómo crees que estoy yo? Aguanta, niña El teniente abanderado me dice: Estoy llorando, paisano Ambos somos de Albacete. Le contesto: A mí no me quedan lágrimas Y eso creía yo, porque, cuando empezamos a cantar el himno del Cuerpo, ya no puedo más y me derrumbo. No físicamente, que los viejos po- lillas estamos hechos de una madera creo que especial. Me derrumbo emocionalmente. Y las lágrimas me afloran por los ojos, me resbalan por las mejillas. Estoy al límite. Esto es demasiado. Y llega el momento más difícil. Yo me lo temía e, incluso, lo había pronosticado. Cuando los polillas cogen el féretro, me vuelvo y le ordeno al cornetín: Toca presenten y entrada al Himno Nacional Y me contesta una voz de veinte años, humilde y sana, que apenas puede contener un profundo sollozo que le sale del alma: Si puedo, mi capitán, si puedo... Y le contesto, todo ello en voz muy tenue porque estamos en formación: Tienes que poder polilla él se lo merece Suena el cornetín como si lo tocase el mismo arcángel San Gabriel. Suena la Marcha Real y entonces, un escalofrío, que nada tenía que ver con la gélida temperatura ambiental, nos sacude a todos cuantos llenamos el patio. El comandante director músico se pone enfrente de la formación para dirigir a la banda, que comienza con los acordes del Adiós, polilla mientras sus compañeros de promoción, escoltados por la escuadra de tapones