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ABC DOMINGO 16- -12- -2007 PP y PSOE se vuelcan en los debates en TV para cazar al 4 por ciento de indecisos 11 cla de curiosidad y responsabilidad moral. En Barcelona- -recuerda uno de los buscadores- -se hablaba mucho de que aparecían fetos en la basura, de que si las clínicas los tiraban... Todo el mundo suponía que era una leyenda urbana más, pero a mí me dio por querer confirmarlo. Empecé a salir y ya ve lo que me encontré Animarse a realizar semejante labor no es fácil. Aprendieron a pertrecharse. La primera vez salieron con unos guantes de cocina robados del fregadero de casa. Pronto se dieron cuenta que había que comprar además batas médicas, incluso mascarillas de laboratorio y, sobre todo, localizar un lugar donde vaciar el contenido de las bolsas. Más aún cuando empezó a comprobarse la naturaleza de su contenido. En Madrid fue otra teórica leyenda urbana la que guió la busca a J. Eran noticias que venía de Estados Unidos y Rusia. Hablaban de que los centros abortivos vendían los fetos a laboratorios para fabricar cosméticos. Te parece imposible, pero a un amigo y mí nos picó la curiosidad. Hicimos noches y noches guardias en el coche, como los policías yanquis, con café en un termo y donuts. Hasta que un día lo vimos. Y no fue de noche. Era a plena luz del día. A las once de la mañana, en una zona céntrica y recorriendo Madrid de punta a punta. Localizamos la ruta. Dos días a la semana un camión de una empresa especializada en transportes de residuos biológicos descargaba 20 ó 30 botes de 25 kilos y cargaba otros tantos ya precintados y llenos. Los conducían a un laboratorio que fabrica cosméticos. Alucinamos El problema es que es muy difícil de demostrar- -prosigue- -que lo que iba dentro de Los buscadores de fetos son gente normal, padres de familia que roban horas al sueño Algunos centros llevan una doble contabilidad que ocultaría un mercado negro de abortos Leyendas hechas realidad Modelo de trituradora donde se deshacían de los fetos esos botes eran restos humanos y que esos fetos se utilizan para hacer cremas. Pusimos una denuncia y en estos momentos se está investigando de una forma más científica, con análisis clínicos de todo tipo y esperamos que en breve se pueda seguir avanzando Dos grupos con inquietudes similares. La suerte, Dios asegura J. los unió. En algún momento del periplo, los buscadores de fetos de Barcelona, también tuvieron un encuentro feliz al localizar a los de Madrid. Dos equipos actuando a menudo juntos, con los mismos objetivos, multiplicaron los resultados. El caso- -recuerda J. -es que nos quedamos parados con lo de las cremas cuando en una visita a Barcelona por motivos de trabajo contacté con la persona que allí llevaba ya unos meses recopilando datos de entre las basuras. Su experiencia me animó a hacer lo mismo en Madrid Lo que J. localizó casi en cada una de sus pesquisas es lo que en 2006, tras ponerles él mismo en alerta, encontró el Seprona en las basuras de algunas clínicas madrileñas, como Isadora, multitud de restos de placenta, de todo tipo de pequeños miembros de niños e, inclu- Cuando perdieron la esperanza de conseguir algo A mediados de 2006 los buscadores de fetos tenían miles de documentos, grabaciones y testimonios contra las clínicas. Entonces se enfrentaron a un muro de silencio. Intentaron llamar la atención de los medios, de los jueces, de las administraciones, de los colegios profesionales... Las respuestas fueron variopintas. Desde que es demasiado fuerte para publicar- lo a hasta que no pasen las elecciones... Desesperados, estuvieron a punto de tirar la toalla y abandonar, cuando se les ocurrió recurrir a medios extranjeros. Contactaron con el Daily Telegraph que realizó un durísimo reportaje que surtió el efecto llamada para las televisiones danesa, alemana y francesa. Cuando lo que ocurría en las clínicas de Morín se convirtió en un espectáculo televisivo en toda Europa pasó a ser una cuestión imparable. Todo se aceleró. Actuaron las administraciones, los fiscales y recuperamos la esperanza so, como certificó un forense de La Paz, algunos fetos de más de siete meses de gestación. Lo que encontraron en Barcelona es lo que más tarde ha servido para cerrar las clínicas de Morín. Todo apuntalado en madrugadas macabras recontando restos humanos. Semanas de vigilancia nocturna, a las puertas de las clínicas, para averiguar qué días y a qué horas se deshacían del producto de sus carnicerías. Poniendo dinero de sus bolsillos. Cuando empezaron nunca imaginaron que iban a toparse con un submundo tan espeluznante. A lo más esperaban localizar algún medicamento prohibido, algún resto biosanitario. Soñaban con encontrar alguna prueba que inculpase a los abortista. Pero noche a noche sus descubrimientos resultaban más macabros, más increíbles, más comprometedores. Restos humanos a millares, placentas, sábanas quirúrgicas, guantes, gasas, todo manchando de sangre e inmundicia. También pudieron recomponer historias de cientos de mujeres que abortaron, con nombres, apellidos y precios. Porque las clínicas también tiraban al cubo de los desperdicios los datos más confidenciales de sus pacientes. Tuvieron que aprender a interpretar lo que encontraban. Hablaron con ginecólogos, se informaron, se convirtieron en expertos del análisis de la basura abortiva. Podemos decirte, según lo que encontramos, de qué semana de gestación se trata Distinguen lo que son unos pulmones de un simple resto de placenta. Narran anécdotas que espeluznan con la tranquilidad del que ha convivido con el horror: Lo que muchas veces se les escapa y acaba en la basura son las cabezas de los niños. A pesar de que son grandes, con el (pasa a la página siguiente)