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12 ESPAÑA La ofensiva etarra s Las víctimas SÁBADO 15 s 12 s 2007 ABC y la suerte quiso que como gerente de una empresa de distribución de productos españoles implicada en dar cobertura económica a ETA, fuera detenido por la policía francesa. A partir de ese momento empezó un calvario legal y judicial que evidencia las lagunas todavía existentes en la lucha por la derrota del terrorismo: una legislación que debería orientarse a la imprescriptibilidad de los delitos de terrorismo para evitar que sujetos de esta calaña, de ininterrumpida carrera criminal pudieran vivir en la impunidad y reírse abiertamente de sus víctimas y de las democracias constitucionales. Una colaboración entre Estados democráticos que todavía tiene mucho por hacer, especialmente respecto a los crímenes terroristas que se cometieron en aquellas décadas del horror y del terror y que han dejado desamparadas judicialmente a tantas víctimas. Estamos inmensamente contentas. Nunca pensamos que podría llegar este momento. Celebramos la suerte que tenemos porque los hechos y los avances legales se han concatenado a nuestro favor. Agradecemos a la Fiscalía de la Audiencia Nacional, a las Policías de España y Francia, a la determinación de los Gobiernos que firmaron el tratado de extradición de Dublín su trabajo y su dedicación. Somos conscientes de la importancia de este caso. Por primera vez se extradita a un nacional propio y por primera vez se tiene en cuenta la prescripción del país demandante. Muchos terroristas duermen hoy más intranquilos. Se ha aplicado la lógica y el sentido común. Nos acordamos y nos sentimos muy responsables de todas aquellas víctimas que no obtendrán nunca reparación. Así nos sentíamos nosotras hace nada. Nos comprometemos a trabajar porque se considere al terrorismo delito de lesa humanidad y los terroristas, al igual que los nazis, sean perseguidos en todo tiempo y lugar. Hoy más que nunca nos sentimos orgullosas de nuestro comportamiento, que creemos que junto al de todas las víctimas del terrorismo, a lo largo de esta larga y tortuosa historia no acabada, ha sido y es ejemplar. Al fin y al cabo, a este sujeto por los tres asesinatos por los que se le va a juzgar se le aplicará un Código Penal que, como mucho, si la sentencia es condenatoria, le mantendrá en prisión de quince a diecinueve años. Aún le quedará tiempo de disfrutar de sus nietos, cosa que nuestro padre jamás podrá hacer. Cristina Cuesta e Irene Cuesta son hijas de Enrique Cuesta Un calvario legal Lugar donde cayó acribillado Enrique Cuesta el 26 de marzo de 1982 en San Sebastián; lo mató Capullo, fotografiado el jueves (abajo) ABC Y PN Capullo Francia extraditó el jueves al etarra Zurutuza, alias Capullo asesino, entre otros, de Enrique Cuesta, padre de Irene y Cristina (de la Fundación Miguel Ángel Blanco) Sus hijas relatan su calvario personal POR CRISTINA CUESTA E IRENE CUESTA SAN SEBASTIÁN. Asesinaron a nuestro padre, Enrique Cuesta, un 26 de marzo de 1982 junto a uno de sus escoltas, el policía nacional Antonio Gómez. Nuestro padre era protegido por escoltas porque el anterior delegado de Telefónica, Juan Manuel García Cordero, había sido secuestrado y asesinado el 23 de octubre de 1980, cuando nuestro padre era subdelegado en Guipúzcoa. Tras el atentado decidimos permanecer en San Sebastián porque mi madre y nosotras éramos vascas: nuestra familia, nuestros amigos, nuestras referencias estaban en San Sebastián. Mi madre, ya enferma hacía un tiempo, cayó en una depresión irreversible. Teníamos veinte y catorce años. Cobramos la indemnización del Ministerio del Interior. La muerte de nuestro padre se consideró un accidente laboral y su viuda cobró la misma indemnización y pensión que hubiera percibido si a mi padre al ir a trabajar le pilla un coche. Hasta 1992, diez años después, con el cambio de ley, nuestra madre no percibió pensión extraordinaria por atentado terrorista. Con todo, la situación económica no fue lo peor. Lo peor fue vivir en un ambiente social de justificación y comprensión de aquel crimen que marcó y cambió nuestras vidas para siempre. Convivir entre pintadas de exaltación al terrorismo, cruzarnos cotidianamente con personas que hacían gala de ser amigos de los matones, soportar reacciones de miedo o cobardía de conciudadanos enfermos moralmente. Soportar un ambiente de impunidad para el verdugo y de culpabilización para las víctimas. Esconder nuestra condición de víctimas, no nombrar, no denunciar en alto. Intentaron emponzoñar el nombre de nuestro padre diciendo tras el atentado que era un represor colaborador de los poderes del Estado español. Firmaron el crimen como Comandos Autónomos Anticapitalistas, pero nuestro padre no tenía ni vivienda ni coche propios. Durante los primeros años, algunos conocidos nos preguntaban en qué andaba metido nuestro padre para Firmaron el crimen como Comandos Autónomos Anticapitalistas, pero nuestro padre no tenía ni vivienda ni coche acabar así y nos recomendaban que debiéramos olvidar. Por nuestro bien. Tardamos un tiempo en ser conscientes de la absoluta inocencia de Enrique Cuesta y Antonio Gómez y de la absoluta maldad de sus asesinos. Los terroristas decidieron acabar con unas personas de las que no sabían nada. Eran vascos como nosotras, no habían pasado ni hambre ni necesidad, habían podido estudiar en euske- ra, votar a partidos diferentes, salir a tomar cervezas, trabajar y llevar una vida normal, pero decidieron convertirse en fanáticos libre y conscientemente. Otros muchos jóvenes huérfanos, heridos y humillados, decidimos ser personas decentes. Juan Antonio Zurutuza Sarasola, imputado en el asesinato de nuestro padre y su escolta y de otras tres personas más, además de por secuestro y estragos, escapó a Suramérica, volvió a Francia, se casó con una rica empresaria de la zona de Hendaya, a veinte kilómetros de donde presuntamente asesinó, se le implicó en el blanqueo de dinero de ETA y hasta hace tres duros y largos años no pasó ni un solo minuto en la cárcel. Al ver su rostro en el periódico una amiga nos contó que frecuentaba las marisquerías de la zona. Sus crímenes fueron prescribiendo y el azar