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ABC SÁBADO 15 s 12 s 2007 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 Claude Moniquet Director del Centro Europeo de Inteligencia SU BOLA DE CRISTAL S una gran noticia que nos llega de Washington: ¡la CIA ha recuperado su bola de cristal! Es cierto quedesde hace algunos años, o incluso desde hace dos décadas, habríamos podido preocuparnos por la falta de perspicacia del primer servicio de espionaje del mundo. A pesar de disponer de medios colosales para vigilar a la Unión Soviética, no había previsto ni la caída del Muro de Berlín en 1989, ni el hundimiento de la URSS en 1991. En Afganistán, en los años ochenta, mientras que los organismos amigos (entre otros, el francés) hacían hincapié en la necesidad de apoyar a los más moderados de los jefes tribales en lucha contra el Ejército Rojo, la CIA, basándose ciegamente en los sabios consejos de sus amigos saudíes, optó por apoyar a los más extremistas, con el resultado que sabemos: tan pronto como se consiguió la victoria, los consejeros de la agencia se retiraron, dejando el terreno libre al rápido ascenso de los extremistas. Más tarde, fue completamente incapaz de discernir los inicios de la escisión de Yugoslavia y las terribles guerras que la siguieron. En Somalia, a principios de los años noventa, no vio a los islamistas y otros caudillos militares locales preparar, con el apoyo de Al Qaida, la emboscada en la cual debían caer, el 3 de octubre de 1993, los hombres de la Delta Force. Balance: 19 jóvenes soldados estadounidenses muertos para nada, 84 heridos y, al final, una lamentable y vergonzosa retirada del contingente estadounidense. A finales de la misma década, siguió estando completamente ciega ante el refuerzo nuclear de Pakistán e India. Por último, recordaremos sólo para hacer memoria que la CIA no estuvo en condiciones de analizar correctamente los elementos que poseía en los años 2000 y 2001 y prevenir los atentados del 11- S. Y desde que se inició la Guerra contra el Terrorismo, llevó con tal brío las extraordinaryrenditions (entregas extraordinarias) secuestrar personas en Europa y llevarlas secretamente a otros países donde se las pueda torturar que actualmente, en Italia, están acusados varios funcionarios de inteligencia estadounidenses, y que las relaciones entre la CIA y los servicios aliados se han comprometido de forma permanente. Semejante sucesión de fracasos (no nos extenderemos aquí, por compasión, respecto a la penetración del KGB en la CIA, de la que da prueba el increíble asunto de AMES) habría vuelto LA CIA HA RECUPERADO E Por una parte, Washington hace todo lo posible para que sus aliados adopten una posición más dura respecto a la cuestión nuclear iraní mientras que, por otra, la CIA le quita la alfombra de debajo de los pies afirmando que el peligro podría ser inexistente para Washington. En primer lugar, en el futuro, ¿qué confianza podrán conceder los servicios amigos que colaboran con la CIA a una central que decide por sí misma, dependiendo de su humor, lo que guarda en secreto y lo que hace público, pero que, en cambio, es incapaz de hacer correctamente su trabajo (véase el caso de las Extraordinary renditions) Después, todo este asunto pone en vilo a la cima (electa) del poder. Por una parte, Washington hace todo lo posible para que sus aliados adopten una posición más dura respecto a la cuestión nuclear iraní mientras que, por otra, la CIA le quita la alfombra de debajo de los pies afirmando que el peligro podría ser inexistente. París, que, entre otros, ha tenido una notable (y difícil, dado el estado de la opinión francesa) evolución en relación con la cuestión iraní, apreciará este doble lenguaje. a verdad sobre el programa nuclear iraní es compleja. Efectivamente, en la actualidad, nadie sabe si Teherán prevé fabricar armas nucleares. En cambio, lo que todo el mundo sabe y no solamente en el mundo de los servicios secretos, es que la República de los Mulás ha declarado en múltiples ocasiones que quiere hacerse con esta arma y que ha dicho lo que pensaba hacer con ella: borrar a Israel del mapa. Todo el mundo sabe también que la posesión de armas nucleares consagraría definitivamente la revolución islámica de Irán y haría de Irán una potencia regional que podría dictar su ley en la zona del Golfo, primer proveedor mundial de petróleo y de gas. Y, finalmente, todo el mundo sabe que, como esta perspectiva resulta insoportable para las demás potencias de la región, algunos Estados suníes no tardarán en intentar conseguir la bomba también. Por tanto, a la larga, Oriente Próximo estaría ampliamente nuclearizado, lo que ciertamente no se daría sin peligro para una región en la que la inestabilidad tiende a extenderse de manera crónica. Quizá la CIA tendría que haber pensado mucho más tiempo en estas realidades, antes de hacer público un documento que no hace más que añadir un poco más de confusión a una crisis que ya es de por sí extremadamente compleja y que podría poner en peligro nuestro futuro. Pero actuar de este modo habría sido entregarse al análisis de la información. Ahora bien, la CIA, manifiestamente incapaz de hacer su trabajo, o harta de éste por sus múltiples fracasos, prefiere ahora jugar en la cancha de la política. Si no fuera triste y extremadamente peligroso, sería simplemente grotesco. La tragedia es que millones de hombres y mujeres corren el riesgo de pagar al contado, mañana, este grave error de juicio. L humilde a cualquier otro servicio de espionaje del mundo. Pero no a la CIA. Con esa arrogancia que caracteriza demasiado a menudo a Langley, nos golpea hoy con su verdad sobre el programa nuclear iraní. No, tranquilicémonos, no es peligroso. Si se interpreta correctamente este documento, por otra parte confuso y contradictorio, la CIA piensa que el programa nuclear iraní se interrumpió en 2003 y afirma que no sabe si los dirigentes de Teherán prevén actualmente dotarse de armas nucleares. De paso, señalaremos que los súper espías del suburbio de Washington no parecen darse cuenta de lo inoportuna que es esta confesión, ya que, con un presupuesto anual de varios miles de millones de dólares, se podría por eso mismo esperar de la agencia que supiera estas cosas. Se le paga para eso. Pero dejemos eso de lado. También podríamos subrayar que, anteriormente, la CIA fue incapaz de detectar a tiempo la nuclearización de la URSS en 1949; de la China comunista en 1964; de India y Pakistán en 1998; y, finalmente, de Corea del Norte en 2002. ¿Qué valen, por tanto, sus predicciones respecto a Irán en 2007? V arios dirigentes demócratas y los medios de comunicación aclamaron la independencia de la CIA respecto al poder político. Esto también tiene algo de inoportuno, en lo que se refiere a que podemos preguntarnos si el ejército o los servicios secretos, en democracia, tienen realmente que cultivar esta independencia hasta el punto de oponerse al poder legítimo. Si no me equivoco, todos aprendimos en el colegio que, en una democracia, los cargos electos son los que dirigen, no los militares ni los espías. Pero esta lección también parece habérsele olvidado a Langley. Y sin duda por esto, la CIA ha recuperado toda su soberbia: la National Intelligence Estimate Cálculo del espionaje nacional que ha decidido hacer público, no tiene nada que ver con el espionaje. Es política, ni más ni menos. En efecto, Langley, al considerarse, con o sin razón, maltratado por la Presidencia, decidió llevar a cabo su propia política exterior. En ello hay algo terriblemente embarazoso