Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 15 s 12 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA Con este artículo se inicia la colaboración regular en ABC de Guy Sorman, prestigioso pensador y ensayista francés, autor de una extensa obra que ha hecho de él un intelectual de renombre internacional EL AÑO 2008 SERÁ CHINO El año 2008 será el de los Juegos Olímpicos de Pekín, y el de las elecciones estadounidenses: los estadounidenses elegirán al presidente del mundo que, por otra parte, resulta que es el presidente de EE. UU. Este futuro presidente ejercerá una influencia tan decisiva en el destino de los pueblos no estadounidenses... UENTEN con el aparato de la propaganda comunista de Pekín para hacer que aumente la tensión en los medios de comunicación hasta la apertura de los Juegos Olímpicos. Una mezcla de zalamerías y de corrupción acallará las objeciones políticas y humanitarias en China y en el extranjero. Ningunos Juegos Olímpicos se habrán preparado tan bien, tanto en lo que respecta a las relaciones públicas como al aspecto deportivo. Serán raras las organizaciones no gubernamentales, los disidentes internos y otros amigos de Tíbet que consigan hacerse oír. El Partido Comunista chino echará el resto para que los Juegos eleven a China al primer rango de las superpotencias: no vemos qué podría frenar esta mecánica, engrasada por el dinero y la voluntad. ¿Nos indignaremos porque los Juegos Olímpicos de Pekín sean políticos? Sin embargo, los Juegos Olímpicos siempre han estado teñidos de política; Pierre de Coubertin organizó los primeros en Atenas, en 1896, en parte para molestar a los turcos que controlaban aún el norte de Grecia. Los de Berlín, en 1936, fueron una celebración del nazismo; los de Seul, en 1988, el principio del fin de la dictadura militar; los occidentales boicotearon los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980... Los que se enfrentarán en Pekín no son atletas, sino equipos nacionales, con himno y banderas. ¿Inaugurarán estos Juegos de Pekín una nueva época? Dudemos de que la suerte de los chinos mejore con esto; el 70 por ciento vive en una miseria que los Juegos no aliviarán. Y si tomamos como referencia los últimos Juegos Olímpicos, los Estados organizadores salen arruinados por el despliegue; el Estado chino no escapará a esta ley. Deberá comprobar las deudas causadas por las gigantescas infraestructuras y por la fiesta. ¿El deudor final? Será el campesino chino que seguirá estando privado de escuelas, de agua y de asistencia. ¿Se sentirá tentado a rebelarse en 2008 este pueblo, aplastado por la tiranía del Partido? n China, los sentimientos están divididos: no cabe duda de que la mayoría está orgullosa de los Juegos Olímpicos que se anuncian, y de que aprecia el renacimiento de su civilización, reconocida de nuevo. ¿Los disidentes? Durante los Juegos, se despacharán al campo, lo más lejos posible. En Pekín, en agosto de 2008, tendrán derecho a un tratamiento especial los VIP venidos de todo el mundo y los VIT, Very Important Troublemakers, o alborotadores muy importantes, una expresión inventada por los disidentes. Los VIT nacionales estarán bajo vigilancia, o incluso encarcelados; a los VIT de fuera sólo se les privará del visado. ¿Qué espera el Partido de los Juegos? El reconocimiento de China como protagonista en Asia, el equivalente oriental de lo que es Estados Unidos en Occidente. Al aceptar su retraso económico en su justa medida, los dirigentes chinos no aspiran a dominar el mundo; sueñan más bien con un gobierno a dos bandas, estadounidenses y chinos, evitando un conflicto entre ellos. Esta ambición china pre- C tende eclipsar a otros actores importantes, como Japón, India o Corea, lo cual no es moco de pavo y, sin embargo, pone de manifiesto la megalomanía imperial. La otra ambición es ideológica; los dirigentes de Pekín están convencidos de haber inventado una nueva forma de Gobierno, de vocación universalista, el capitalismo autoritario. Este despotismo ilustrado (los dirigentes del Partido son tecnócratas) sería una alternativa a la democracia liberal; el mundo podría elegir entre uno u otro de estos dos regímenes, de legitimidad y eficacia comparables. Es lo que nos explican los ideólogos empleados por el Departamento de Propaganda. Sin duda, nos conceden, la democracia liberal es coherente con los valores occidentales, y el despotismo ilustrado con los valores asiáticos. sta retórica china, con la que nos martillearán ruidosamente en 2008 para culminar en agosto, seducirá a más occidentales que asiáticos; los indios, los coreanos, los japoneses y los indonesios no manifiestan ningún deseo de unirse al despotismo, del que todos se deshicieron con mucho esfuerzo, ni de someterse a la tutela china. China, que sigue siendo un enano económico y militar comparado con Japón, y al que India pronto le pisará los talones, tiene pocas posibilidades de ver triunfar sus proyectos; sin embargo, más vale conocerlos y no ser víctimas de ellos. Consideremos también que las rebeliones campesinas o los desastres ecológicos trastornarán el aparato chino. ¿Cómo se enfrentará a ellos el Partido? El Partido es imprevisible, a merced de las revoluciones de palacio más que de las revoluciones populares. En Occidente nos dormimos con una determinada idea de China y nos despertamos con otra, al estilo de Gorbachov o de un nuevo Mao, ¡vaya usted a saber! Otra incertidumbre que no disiparán los Jue- E E gos Olímpicos tiene que ver con la economía mundial; todo el edificio del poder chino descansa en el consumidor occidental. Si éste se volviera menos próspero o se alejara de lo fabricado en China, se acabaría el crecimiento chino; de repente, India, más volcada en su mercado interior, alcanzaría a China, y las inversiones internacionales de las que China depende cambiarían de rumbo. Pero, en 2008, el motor del crecimiento mundial seguirá siendo Estados Unidos: esto es un hecho ineludible. El año 2008 será el de los Juegos Olímpicos de Pekín, y el de las elecciones estadounidenses: los estadounidenses elegirán al presidente del mundo que, por otra parte, resulta que es el presidente de Estados Unidos. Este futuro presidente ejercerá una influencia tan decisiva en el destino de los pueblos no estadounidenses como en el de los ciudadanos de Estados Unidos. Paradoja: la vida de un habitante de Bagdad o de Seúl está muy subordinada a la Casa Blanca. Su seguridad y su prosperidad están dictadas por la política estadounidense, tanto militar como económica. Un habitante de Iowa es bastante menos dependiente de la Casa Blanca, porque la sociedad estadounidense es individualista y el Gobierno no dirige la economía de ese país; en Estados Unidos, no existe un Ministerio de Economía. Pero dependiendo de que esta economía sea brillante o inactiva, el mundo se verá afectado por ello: el valor del dólar y el índice de crecimiento estadounidense determinan en gran parte el ritmo de actividad de los no estadounidenses. ¿Un liderazgo insoportable? En cualquier caso, un liderazgo nada amenazado porque, esencialmente, la pujanza americana se debe a su capacidad de innovación: la fuerza de ataque definitiva de Estados Unidos son sus universidades, las mejores del mundo. Gracias a ellas, Estados Unidos tiene una garantía de avance, una técnica de avance; y los europeos o los chinos, una garantía de retroceso. Observemos en qué sentido se mueve la fuga de cerebros para entender dónde se sitúa el verdadero poder y las auténticas relaciones influyentes. Cuando los cerebros vuelvan a salir de Estados Unidos, su liderazgo se volverá dudoso. n pronóstico para las elecciones de 2008? El vencedor es lo de menos ya que Estados Unidos es un sistema político y económico autogestionado; el sistema importa más que el hombre o la mujer que lo controla. A este respecto, Estados Unidos es lo contrario de China: un Mao o un Deng cambian el destino de su nación; un Clinton o un Giuliani, ciertamente no. Lo cual es muy tranquilizador: las elecciones estadounidenses serán un acontecimiento importante, pero el resultado, cualquiera que sea, no será revolucionario. Las relaciones de fuerza entre China y Estados Unidos no se verán afectadas, independientemente del número de medallas que consigan en Pekín uno u otro. ¿U GUY SORMAN