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ABC VIERNES 14 s 12 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 99 Rubén Darío cruza las dos orillas a bordo de sus obras completas El profesor Julio Ortega es el responsable de la edición que consta de otros dos volúmenes con crónicas y cuentos ABC MADRID. Escritores como Juan Ramón, Antonio Machado, César Vallejo o Neruda se rindieron ante el magisterio de Rubén Darío, el más dotado por el genio del español cuya Poesía inaugura ahora la publicación de las Obras Completas (Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores) de quien fue el poeta de las dos orillas De la influencia que tuvo Darío en grandes escritores de España e Hispanoamérica, y del milagro de su genialidad, hablaron ayer el editor Nicanor Vélez y el crítico y ensayista peruano Julio Ortega, responsable de la edición definitiva de su obra, informa Efe. Los editrores acariciaban la idea de publicar las obras completas de Darío desde hacia más de diez años pero no era fácil encontrar al experto que superase el nivel de las ediciones parciales que hay en el mercado, explicó Vélez. Julio Ortega, profesor de la Universidad estadounidense de Brown y, según dijo Vélez, uno de los mejores críticos de la actualidad, aceptó el reto de recoger en tres volúmenes la obra de Darío, pero sin caer en la trampa de publicar absolutamente todo. Por eso se han dejado fuera los versos rimados que el poeta soltaba en ceremonias y salones mundanos. En el volumen de Poesía (el segundo incluirá las Crónicas y el tercero, los Cuentos, crítica y prosa varia Ortega ha huido del criterio cronológico y ha apostado por el gran Darío Tras la introducción de Ortega y el extenso prólogo del mexicano José Emilio Pacheco, se ofrecen en primer lugar, bajo el título de Obra mayor los libros esenciales de quien fue figura central del Modernismo: Azul (1888- 1890) Prosas profanas y otros poemas (1896- 1901) Cantos de vida y esperanza (1905) El canto errante (1907) Poema del otoño y otros poemas (1910) y Canto a la Argentina y otros poemas (1914) Rubén Darío ABC Ortega huye de la cronología y divide este tomo en Obra mayor Libros de transición Primeros poemas y Poemas dispersos con prólogo de José Emilio Pacheco Epístolas un poema inédito de Rubén Darío Así, pues, está dicho Que somos decadentes, Príncipes del capricho. Tanto mejor. Ardientes Ojos, ardientes labios, Buen puño y firmes dientes. Dejemos a los sabios Del cantón ser risueños Con nuestros astrolabios Y con nuestras probetas De nuevos alquimistas. Ellos son los poetas. Ellos son los artistas, Ellos son los profetas, Dueños de las gacetas, Reyes de las revistas ¿Y todo eso que hace A Sirio? que diría Renán. Todo eso satisface La inmensa tontería Que impera todavía Cuyo horror destruiría Sirio y Aldebarán. Dejemos de esas cosas. Cultivemos las rosas Gustemos las manzanas Del árbol de la ciencia Cuyas carnes lozanas De divina cimiente Son nuestra complacencia Gracias a la Serpiente. La pequeña política La pequeñez enfática, Y la pequeñez crítica Y semidiplomática. ¿Qué es eso? ¿Y qué más da? Sigamos. Continuemos. Puesto que bien sabemos Que Ça n existe pas! El otro día he visto Que se burla de Cristo Un señor de esos mundos. Me hubieran dado rabia La palabra ultrarrabia Y sus aires profundos, Si no viera que todo El literario lodo Y la actual hojarasca, Son abono de que anima En cultivada cima La magnífica rima Y la vibrante lasca (Este inédito de 1909, está en la sección de Poemas dispersos) Luego se incluyen los Libros de transición correspondientes a la época de formación de Darío, donde ya se percibe un dominio del oficio y una maestría formal fuera de lo común y en tercer y cuarto lugar, sus Primeros poemas y los Poemas dispersos Los editores han procurado establecer un texto totalmente riguroso han restablecido la puntuación original y se han regido por el oído fino del poeta para la acentuación. Quien nació como Félix Rubén García Sarmiento, y a partir de los 14 años se llamó Rubén Darío, es un milagro; no hay explicación para su genio, salvo ese talento que sintoniza con la música verbal y que transforma la poesía de su tiempo aseguraba Ortega. Darío se apoderó de todas las tradiciones y de todos los lenguajes de la poesía para hacer un camino nuevo subrayaba el experto peruano. La genialidad de Darío quizá tenga que ver con el español de Nicaragua, una de las primeras lenguas democráticas de Iberoamérica, que no pasa por las jerarquías represivas de las clases sociales ni por las autoridades académicas tradicionales o quizá con que el poeta leyó a edad temprana a los clásicos castellanos, en la edición de Rivadeneyra. Pero también, añadía Ortega, pudo deberse a que Darío creía que las palabras estaban vivas, palpitantes, y por eso tenían relaciones eróticas Es un poeta del Eros, y de todo lo que encierra esa palabra de sensualidad, sexualidad, empatía, atracción, repulsión, es decir, de la capacidad de humanizar con el lenguaje el espacio contrario, aquello que es lo otro, el no yo Rubén Darío no escribía para la posteridad; lo hacía para el instante, y, como el Modernismo, estaba hecho en la conciencia de la fugacidad. Es el poeta de la fugacidad concluyó Ortega. El prólogo de José Emilio Pacheco puede leerse completo en: http: www. abc. es cultura