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26 ESPAÑA VIERNES 14 s 12 s 2007 ABC Nadie quiere la unidad contra ETA No sólo toda estrategia política del Gobierno ha terminado fracasando (el diálogo, la división interna) sino que ha debilitado la persecución de ese entramado que es el terrorismo de ETA, como demuestra el caso de las herriko tabernas Sin embargo, es tan obvio que el TS debe ajustarse a la ley y sus procedimientos como que el reproche, de haberlo, es a la Fiscalía que no ha aportado datos fiables sobre la propiedad de esas tabernas o, en otros procedimientos, sobre su papel en el entramado que constituye la realidad de la banda terrorista. Lo que hoy es afortunadamente indiscutible- -que ETA no es sólo un grupo de pistoleros, sino una trama criminal compleja- -aclara el camino para combatirla, pero no lo simplifica: exige investigaciones complicadas, no desatender los apoyos y los medios de financiación, sus implicaciones sociales e internacionales, etcétera. Nadie en su sano juicio pide al Gobierno que tire por la calle de en medio, sino que, constatado cuál es el camino adecuado, lo recorra tan contundente como escrupulosamente. Lo que más bien parece haber ocurrido en los últimos tiempos es que no se ha querido recorrer el camino adecuado. Si se pensaba en el final dialogado es ciertamente difícil que se siguiera al mismo tiempo una senda complicada de investigación y acoso a todas y cada una de las ramas del entramado terrorista. Ya se relajó la presión en la llamada tregua trampa negociada por el PNV con ETA cuando gobernaba el PP En este ca. so, en el que se ha buscado afanosamente el alto el fuego y el diálogo, el terreno perdido es pasmoso. Más aún cuando, rota la tregua y fracasado el proceso se ha seguido pensando que el efecto debería ser la ruptura de los apoyos a ETA en la Izquierda Abertzale y no su acomodación obediente a las nuevas circunstancias. Resulta que no sólo toda estrategia política ha terminado fracasando (el diálogo, la división interna, etcétera) sino que ha debilitado la persecución de ese complicado entramado que es el terrorismo de ETA en el momento presente, más próximo al crimen organizado que a la aventura de un grupito de pistoleros. Empiezan a salir a la luz documentos policiales de hace meses, se observan líneas de investigación necesarias que quedaron aparcadas, el Gobierno pide pruebas como si se tratara de un tribunal y no del primer responsable de una investigación completa. Tiempo perdido. Una dificultad adicional es que esta batalla contra el terror se convierta, además, en una cuestión electoral. A escasas semanas ya de los comicios, ninguno de los dos partidos con posibilidades de gobernar quiera dar la baza al adversario de un acuerdo en esta materia. Insisto en que la mayor responsabilidad es la del Gobierno que, además de fracasar en la materia, ha sido el que ha quebrado el Pacto Antiterrorista y el que ha tratado de marginar al PP porque quería llevar a cabo una estrategia que con el PP era inviable. Cambiar de política sin querer recuperar a la Oposición, perseguir a ETA sin reparar en que se trata de una hidra criminal y hacer lo contrario de lo que se hacía sin abandonar del todo lo que se hacía es demasiado complicado para que la estrategia sea ahora clara y distinta. Las idas y venidas y las contradicciones que ahora, cuando de verdad se quiere derrotar a ETA, sublevan muchos ánimos o espantan a otros son consecuencias de la resistencia a una unidad que entiende el PSOE que no es conveniente electoralmente. Lo mismo ocurre en el otro lado. No se puede negar que si alguien ha tenido razón en estos años ha sido el PP pero, en esta hora electoral, parece querer que se le reconozca que ayudar a construir el consenso necesario. La actividad parlamentaria de las últimas semanas va en esa dirección y no parece que vaya a cambiar hasta las elecciones. Ni uno ni otro quieren estar juntos, la unidad tan predicada y reivindicada, de cuya quiebra siempre había sido culpable el adversario, termina, en periodo electoral, produciendo urticaria. Más tiempo perdido. Germán Yanke En medios gubernamentales (o próximos) se ha interpretado la negativa del Tribunal Supremo (TS) a ejecutar el embargo de las herriko tabernas como la demostración de que la ley es detallada y garantista y no se puede anteponer la buena voluntad en la lucha contra ETA y su entorno a la disciplina legal. Vamos, como si el TS hubiese hecho un reproche a la Oposición y a quienes sostienen la necesidad de ilegalizar a ANV cuando el Gobierno pide pruebas o asegura no tenerlas por el momento. Una dificultad adicional es que esta batalla contra el terror se convierta, además, en cuestión electoral