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ABC VIERNES 14 s 12 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL CORDERO ALEGRE N los años ochenta, cuando no había terrorista en el mundo que no encontrase en Libia cariño y hospedaje, Reagan decidió una noche meterle un misil a Gadafi por la ventana del cuarto de baño. Falló por poco, pero la terapia hizo efecto y el sultán revolucionario se volvió suave como la seda de sus lujosas chilabas: no sólo se hizo amigo de Occidente, sino que relató a los servicios de inteligencia internacionales los detalles de las redes subversivas que apoyaba y financiaba. En compensación a su ablandamiento, fue tratado por las potencias occidentales IGNACIO con la hipocresía que se CAMACHO suele dispensar a los aliados de conveniencia, según la cual un dictador amigo es menos dictador que uno enemigo. Es decir, que le dejan en paz con la condición de que sólo putee a sus súbditos, y se le da rango de invitado preferente si tiene a bien compartir sus recursos con nuestras empresas y sus secretos con nuestros espías. Ese Gadafi reconvertido es el que va a plantar su jaima con aire acondicionado en Andalucía y en El Pardo, protegido por sus amazonas vírgenes, y el que ha ordenado que le busquen unas finquitas de señoritos para cazar en el Sur mientras se apresta a recibir al sindicato de jornaleros, sin duda recordando los tiempos en que los agasajaba en Trípoli antes del bombardeo. Por aquellos años de jolgorio insurrecto, un grupo de periodistas sevillanos fue invitado por la Aljamairiya Libia a contemplar in situ la cooperación internacionalista. Hartos de comer añojo y atenerse a la ley seca del Corán, los colegas montaron una peña clandestina en un hotel de la capital, donde tras el provocador cartel de El cordero alegre se bebía el whisky y se fumaba la hierba que no podían consumir los hijos de la revolución islámica. Una tarde, por cierto, se encontraron por los pasillos a Alejandro Rojas Marcos, que andaba por allí de tapadillo en busca de financiación para revitalizar su agostado proyecto de nacionalismo andalusí, y al verse sorprendido de bruces en lugar tan comprometido soltó un resoplido resignado por la coincidencia: ¡Con lo grande que es el mundo! Ahora el mundo se ha vuelto tan pequeño y globalizado que es el propio Gadafi quien acude a Sevilla, ungido por las bendiciones previas de Sarkozy, para escenificar la Alianza de Civilizaciones con los jerarcas del régimen autonómico, los supervivientes de aquel combativo sindicalismo jornalero y los dignatarios del islamismo local, a quienes acaso afloje algo del generoso pecunio que no invierte en mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos. El Guía de la Revolución, que hasta se amigó con Aznar y le regaló un caballo, ya no se parece tanto al Loco de la Colina- -feliz hallazgo del maestro Burgos- -ni mantiene su belicoso furor más allá de la pintoresca parafernalia de la que viene rodeado, pero tampoco conviene celebrar demasiado su ambigua mudanza estratégica por el hecho de que se haya cambiado (relativamente) de bando. Será un aliado, pero sigue siendo un dictador. Aunque se disfrace, él también, de cordero alegre para revestir su carácter de lobo del desierto. E EL BURLADERO Y VA ZAPATERO Y CAE EN LA TRAMPA ICE Rodríguez Zapatero que está muy de acuerdo con el pensamiento Imaz, ese que consiste en disimular el agudo nacionalismo que le adorna mediante las buenas maneras y el sosiego expresivo. O sea, las trampas semánticas del nacionalismo hacen caer en sus redes a todo un presidente de gobierno. Inverosímil pero cierto. Veamos. Preguntaba el portavoz del PNV por la consideración que mostraba ZP hacia aquellas personas que lucían una identidad nacional distinta a la española, y el líder afable y condescendiente le respondía haciendo suya la reflexión básica que todo nacionalista que se precie lleva en la cartera para blandir a las primeras de cambio: las diferentes identidades pueden coexistir en una sociedad civilizada. Pensamiento Imaz, digo. Pensamiento al que le falta la segunda parte, que es la que nunca enseñan salvo que les convenga marcar territorios y predominios. Si existen identidades colectivas, existen derechos colectivos nacidos de ellas, y de éstos, a su vez, nacerán diferentes raseros de medir que serán aplicados en función de la conveniencia política y la capacidad de presión a exhibir en moCARLOS mentos concretos. Veamos, amigo presiHERRERA dente, repita conmigo: no existen los derechos colectivos, existen los individuales; los colectivos conforman la excusa más elemental que esgrimen quienes defienden privilegios injustos; los individuales son los que conforman las sociedades libres. Si un sujeto quiere considerarse más vasco que nadie y sólo vasco vasquísimo, allá él si eso le entretiene, pero que sepa que en virtud de ese purísimo sentimiento no obtendrá ninguna ventaja sobre el que se siente español españolísimo y vive en el portal de enfrente. Más trampas: se enfrenta la identidad vasca a la española, una parte contra un todo. No la enfrentan a la identidad andaluza porque creen que ésta no existe o, en el caso de existir, no merece la dimensión comparativa. No la enfrentan a la valenciana porque Valencia es un apéndice que le cuelga a Cataluña y de ser algo son catalanes de segunda. Aquí las naciones son las D que son, y todo lo demás es una amalgama de gente hirsuta con escasa diferenciación entre ellos. Es decir, un cántabro de la linde con la CAV es común a un canario, por ejemplo, pero no a un vasco pata negra. Y en esa trampa va y cae nuestro líder y contesta apelando a Imaz, un nacionalista tan severo como los demás aunque con la característica de no ser un energúmeno al estilo del miserable Arzallus. Con Imaz, es cierto, da gusto sentarte a hablar, pero no se confunda nadie: sus plazos serán otros, pero sus objetivos son los mismos. No es poca diferencia, pero no la suficiente como para dejarse engañar. Aun así, tenemos la suerte de haber adelantado algo. Hace no demasiado tiempo éramos españoles aquellos que no podíamos aspirar a mucho más. Jordi Pujol, el último apóstol sobrevenido de la independencia de Cataluña, afirmaba tajantemente que España no era una nación y con ello nos condenaba a los que no éramos catalanes, gallegos o vascos a la condición de apátridas. Semejante disparate tenía su cénit más absurdo en el hecho de que un extremeño- -a no ser que considerara a Extremadura una nación, que me da que no- -no disponía de nación que echarse a la boca en un calentón patriótico. España era eso, una mezcla de tribus raras alimentadas por la generosidad de los laboriosos ciudadanos septentrionales de la península. Afortunadamente esa infamia ha desaparecido de su ideario público- -no sé si del privado- -y ahora reconocen la identidad española como el reducto en el que han de caber aquellos que no mascullan más lengua que la castellana. Rodríguez Zapatero no puede caer en el error megaprogre de contestar racionalmente a una añagaza como esa, y menos ahora que se está haciendo de centro para tapar la vía de agua que le ha salido por su derecha. Menos ahora que manda a Pepe Bono a contestar a los nacionalistas por las diferentes conferencias de Madrid, esas que das tú o te dan. Menos ahora que tiene a una buena parte de su electorado medio convencido de que el suyo es el Gobierno de España Si quiere ganar votos por donde se le están escapando tengo por cierto que Imaz no es el referente que más le conviene. www. carlosherrera. com