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4 OPINIÓN VIERNES 14 s 12 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro ACUERDO PARA EL SALÓN DEL PRADO L alcalde Madrid, Alberto RuizGallardón, secundado por un responsable y conciliador ministro de Cultura, César Antonio Molina, ha vuelto a dar muestra de su cintura política y, manteniendo todos los elementos básicos del previsto eje Prado- Recoletos, ha acordado con los técnicos del Patronato del museo Thyssen- -pero al margen de Carmen Cervera- -regresar al proyecto de septiembre de 2006, cediendo sobre el presentado el pasado 27 de noviembre. Podría parecer- -y acaso esa sea la realidad de lo sucedido- -que el edil madrileño planteó a sabiendas en el mes pasado un diseño que, al provocar una reacción tan airada como extemporánea de Carmen Cervera, haría viable, como así ha sucedido, el anterior, el realmente deseado tanto por los arquitectos contratados por el Ayuntamiento como por el propio alcalde. La Comunidad de Madrid, sin embargo, no se ha mostrado satisfecha con este amplio acuerdo negociado por el Ayuntamiento con el aval del Ministerio de Cultura. El Ejecutivo de Esperanza Aguirre parece persistir en las bondades de una solución tan improbable técnicamente como es la de un túnel que se trazaría desde el Banco de España hasta Atocha. La objeción de la Comunidad es la última que debe superar el Ayuntamiento, toda vez que a ella le corresponde autorizar el proyecto. La aquiescencia de la baronesa Thyssen- -de producirse- -sería muy positiva, pero sólo simbólica, porque el compromiso del ministro de Cultura y del Ayuntamiento garantiza que el Patronato del Museo lo apoya abrumadoramente. Sería deseable que, en coherencia con la versatilidad y el posibilismo político y técnico del que la Comunidad y su presidenta han hecho gala en tantas ocasiones, el Gobierno regional se sumase a este amplio consenso, sin perjuicio de realizar las aportaciones que se considerasen necesarias y viables. Como ABC ha defendido en sus comentarios editoriales del 28 y 29 de noviembre, corresponde a las autoridades municipales y autonómicas el diseño y aprobación del eje Prado- Recoletos, es un derecho de los particulares- -como Carmen Cervera- -concurrir con sus planteamientos en el trámite de información pública y resulta un compromiso electoral del PP en el municipio madrileño la recuperación para la ciudad del Salón de Prado, un espacio cultural único en Europa. Todos estos criterios no se pueden supeditar, como editorialmente hemos reiterado, a opiniones legas frente a criterios técnicos de la máxima solvencia y a un propósito político legitimado en las urnas. Acreditada ya la disposición negociadora del Ayuntamiento, el apoyo al proyecto del Ministerio de Cultura, la adhesión de los patronatos de los museos implicados y pendientes de que la Comunidad perfile definitivamente su decisión que es de esperar sea positiva al proyecto, hay que aprobar definitivamente el diseño previsto, concursar la obras y ejecutarlas en la actual legislatura local. E POR UNA EUROPA MÁS DEMOCRÁTICA OS discursos grandilocuentes, como los pronunciados ayer en Lisboa durante la firma de nuevo Tratado de Reforma de la UE, deberían reservarse para el momento de la ratificación, no fuera a haber sorpresas de nuevo. Ya se había visto una ceremonia parecida en Roma, y no es nada agradable recordar cómo acabó el proyecto, con el desastre causado por el fatídico no francés sobre la tumba de un texto mucho más ambicioso y equilibrado que el que se acaba de firmar y que, por desgracia, ya sólo quedará para acumular polvo en las estanterías. En el mejor de los casos, se ha terminado con la incertidumbre, pero a costa de un resultado demasiado complejo para que sea práctico, que es lo que necesitaba la Unión. Europa- -y es ya una tradición- -acaba saliendo de estos embrollos, aunque el método sea cada vez menos recomendable. Si a partir de ahora la extensión de la toma de decisiones por mayoría cualificada ha de servir para algo es precisamente para evitar que se produzcan momentos de colapso como el actual. En concreto, una de las principales lecciones que puede sacarse de lo sucedido es que Europa necesita un nuevo ejercicio de legitimidad democrática. Cualquiera que sea el destino de este Tratado de Reforma firmado en Lisboa, lo único que ha quedado claro es que Europa no puede ir más allá con la ya vieja táctica de tomar las decisiones a escondidas o de espaldas a los ciudadanos, ni los responsables europeos pueden seguir esperando que los europeos bendigan sin rechistar cada uno de sus proyectos sólo porque vengan envueltos en la bandera de la Unión. Hasta ahora, Europa ha sido gobernada bajo criterios técnicos que servían para imponer decisiones cuya utilidad nadie discutía, pero cuya popularidad dejaba mucho que desear. Nadie puede negar las ventajas de contar con el euro, pero si se hubiera sometido a referéndum, no está claro si no hubiese seguido el mismo destino que la difunta constitución. A lo largo de los años, cincuenta ya, ese método tecnocrático ha ido conformando una sensación de opacidad y le- L janía de las instituciones europeas, y por ello en casi todos los países crece la desafección, si no la indiferencia, hacia el proyecto europeo. No es lógico que la relación de los ciudadanos con Europa se siga haciendo exclusivamente a través de los gobiernos, que se olvidan de Bruselas en cuanto vuelven de las cumbres. Algunos líderes nacionales, cuando se enfrentan a dificultades en su propia gestión, siempre acaben culpando a Europa pensando que así derivan el descontento hacia un destinatario supuestamente anónimo e insensible. A esa actitud cabe atribuir precisamente el no de Francia y de Holanda, y seguramente el de otros países a los que no se les dio oportunidad de opinar por miedo a que pudieran dar la misma respuesta. Otros, como el actual Gobierno español, se aprovechan del arraigado sentimiento proeuropeo que existe por razones históricas para utilizar a la Unión para sus propios fines con gestos como el de convocar atolondradamente un referéndum completamente inútil, sin intervenir después en la vida política comunitaria, ni siquiera como oyentes. La mejor manera de acercar a los ciudadanos a las instituciones europeas tampoco consiste en la multiplicación de ceremonias como la de ayer, ni en costosas campañas de propaganda, sino en reavivar sus mecanismos de legitimidad democrática. Si no queremos que el desinterés que se aprecia en momentos como las elecciones al Parlamento Europeo siga creciendo, es necesario que se articulen mejor los partidos políticos a escala europea y que, utilizando los mecanismos que se van a poner en marcha con el Tratado de Lisboa, propongan a sus respectivos candidatos a presidir la Comisión Europea para que los ciudadanos tengan la certeza de que son ellos los que determinan el rumbo de las instituciones europeas, y no al revés. Resulta imprescindible que las decisiones que se adoptan en Bruselas sean sobre los asuntos que realmente interesan a los ciudadanos, y no solamente a los funcionarios que las diseñan. Europa es un proyecto político apasionante y fructífero; ahora hay que hacerlo realmente democrático. NERVIOS EN EL SISTEMA FINANCIERO OS principales bancos centrales del mundo acaban de anunciar una extraordinaria acción concertada para inyectar liquidez en los mercados de crédito y limitar así el impacto de una crisis de confianza que parece lejos de llegar a su fin. No se trata tanto de que haya dinero barato sino de que exista crédito disponible y de que las instituciones puedan acudir al mercado interbancario para hacer frente a sus obligaciones. Hay miedo a que alguna institución no disponga de los fondos necesarios con los que cerrar el balance de fin de año porque los bancos siguen sin fiarse unos de otros y acaparan todo el dinero al que pueden acceder. Como consecuencia de ese temor, los tipos de interés de mercado a corto plazo siguen sin flexionar a la baja, a pesar de las rebajas en el precio oficial del dinero, como hizo esta misma semana la Reserva Federal americana. En el caso europeo, el euríbor sigue rozando el 5 por ciento, muy por encima de lo que representaría una prima razonable si tenemos en cuenta que el BCE ha mantenido su tipo en el 4 por ciento. Ese mismo miedo es el que se ha apoderado de las bolsas mundiales, que cada vez adelantan un escenario más pesimista. El objetivo de los bancos centrales es evitar que las crisis de liquidez se conviertan en crisis de solvencia y que los posibles problemas de algunas entidades concretas- -especial- L mente expuestas a productos de alto riesgo- -acaben contagiando al sistema en su conjunto. Se trata de ganar tiempo para que el proceso de reevaluación de riesgos sea gradual y los bancos más expuestos declaren sus pérdidas, y también para que los auditores terminen su trabajo y cuantifiquen y hagan públicos los daños. Sin embargo, estas medidas no pueden ni deben evitar que las pérdidas se materialicen: la actuación de los supervisores es un arma de doble filo, y su intervención en los mercados es siempre polémica. Son muy recientes las críticas recibidas por el Banco de Inglaterra por su pasividad en el episodio del Northern Rock, y ahora hay quien critica que se esté inyectando dinero público para hacer frente a pérdidas privadas. Quien así lo hace no entiende la naturaleza diferencial del sistema financiero, que es una creación humana que se basa exclusivamente en la confianza de los agentes que lo utilizan y sin cuyo funcionamiento eficaz no es posible mantener un crecimiento económico. Los banqueros centrales no son autómatas que aplican modelos matemáticos exactos, sino personas físicas que adaptan su conocimiento a la mejor información disponible y toman decisiones arriesgadas. Su trabajo es un arte que depende de la confianza de los agentes económico y su credibilidad constituye su principal activo. Confiemos en que la tengan en dosis suficiente.