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90 JUEVES deESCENA JUEVES 13 s 12 s 2007 ABC SEIS RECOMENDACIONES PARA TODOS LOS PALADARES Pels pels Ha vuelto al escenario del teatro Borrás de Barcelona esta comedia (se representa también en Madrid) que tiene cada día un final diferente según quiera el público. La versión catalana la dirige Abel Folk In nomine Dei El Centro Andaluz de Teatro estrena hoy en el teatro Central de Sevilla su nuevo trabajo, In nomine Dei un texto del Nobel portugués José Saramago sobre la intolerancia que ha dirigido José Carlos Plaza El Principito A punto de llegar a Madrid, recala este fin de semana en el teatro Arriaga de Bilbao este montaje basado en el celebérrimo relato de Antonie de Saint- Exupéry, que protagonizan Eduardo Casanova y Pep Muné TEATRO Perro muerto en tintorería: Los fuertes Texto, dirección, espacio escénico y vestuario: Angélica Liddell. Iluminación: Carlos Marqueríe. Esculturas: Enrique Marty. Intérpretes: Angélica Liddell, Miguel Ángel Altet, Violeta Gil, Carlos Bolívar, Vettius Valens y Nasima Akaloo. Lugar: Teatro Valle- Inclán, Sala Francico Nieva. Madrid. Alpinismo de la culpa JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN La escritura de Angélica Liddell está erizada de urgencias turbadoras, de incendios abismales, tiene la contundencia y el vitriolo provocador del iluminado que clama en el desierto. Practica un teatro total como autora, directora y actriz que se enfrenta a sus textos y los defiende a cuerpo limpio, dejándose la piel y enseñando el colmillo. Así lo hace en Perro muerto en tintorería: Los fuertes una obra en la que retumba la belleza convulsa del apocalipsis, una suma de acciones y discursos en los que vomita su resentimiento, condena visceralmente la impuesta superioridad de la civilización occidental y denuncia al teatro público que la acoge, donde un perro cobra más que un puto actor y por eso ella asume también el papel de can. Una cita de El contrato social de Rousseau- La conservación del Estado es incompatible con la conservación del enemigo, es preciso que uno de los dos perezca, y cuando se hace perecer al culpable es menos como ciudadano que como enemigo -vertebra y da el tono de diatriba moral que impulsa un tiovivo furioso en el que se habla del miedo como epidemia universal, donde El columpio de Fragonard se sitúa como antesala de una violación, una fiesta de cumpleaños tiene temperatura de velatorio litúrgico, el sexo es fundamentalmente un lenitivo de la angustia y donde, en una ceremonia de sustitución, una muchacha árabe con velo que afirma ser un tópico en un mar de ca- dáveres- -diálogo de civilizaciones- -ocupa un columpio mientras otra actriz, con un vestido dieciochesco semejante al del cuadro de Fragonard aunque empapado de agua y barro, se somete al bucle repetitivo de su propio asesinato... Mi trabajo es un alpinismo del dolor afirma Angélica perro, pero tal vez sería más exacto decir que es un alpinismo de la culpa, pues sobre sus hombros- -y los del resto de quienes vivimos en esta zona privilegiada del mundo- -hace caer una suerte de pecado original por haber nacido en una sociedad desarrollada, una actitud de paternalismo en cuyas raíces el peso infinito de esa culpa inmensa va inequívocamente asociado a un inconsciente religioso de perfil judeocristiano. Una mano directora ajena tal vez habría puesto algo de orden en la agitada cocina de Liddell, que introduce a paletadas en la olla borboteante de esta obra ingredientes muy diversos que se apelmazan en un guiso brillante, denso y pesado. Un menú mechado de destellos, con un soberbio espacio escénico, unos actores absolutamente entregados a la causa y momentos de intensa teatralidad, como cuando la autora directora actriz, más o menos a la mitad de las casi tres horas de representación, ordena abrir las puertas de la sala e invitan a los espectadores que lo deseen a abandonarla (hay gente que se va) Teatro que muerde, que desprecia el aplauso cortés y la disciplinada jerarquía de la meritocracia, los espectáculos de Angélica Liddell están en guerra contra la indiferencia y tienen siempre un pálpito de fascinación amenazada. Gran autora, gran mujer de teatro, insólita y necesaria. En la imagen, una producción de La Bruja de Luis Olmos, estrenada en 2002 Navidad con La bruja El Teatro de la Zarzuela abre su temporada del género que le da nombre con la partitura de Ruperto Chapí, protagonizada por el tenor José Bros y la mezzo Nancy Fabiola Herrera, bajo la batuta de Miguel Roa, y con dirección de escena de Luis Olmos S. G. MADRID. Como todos los años, y a las puertas de la Navidad, el Teatro de la Zarzuela da paso en su programación a nuestro género más autóctono. En esta ocasión la encargada de abrir la temporada es La bruja de Ruperto Chapí, que se estrena mañana y permanecerá en cartel hasta el 20 de enero. Estrenada en este mismo teatro en 1887, con libreto de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza, se repone en la producción firmada por Luis Olmos y que ya se pudo ver sobre este mismo escenario hace cinco años. Se trata, en palabras de Olmos, de un espectáculo magnífico para todos los públicos, abiertamente fantástico e inmerso en un mundo de ensueño El director del Teatro de la Zarzuela subrayó que La bruja requiere unas exigencias vocales y orquestales extraordinarias. Es una obra que siempre ha sido difícil de interpretar informa Efe. La historia de La bruja se desarrolla en un pueblo del valle del Roncal y Pamplona, a finales del siglo XVII, y narra la historia de una mujer que vuelve a la tierra de la que fue exiliado su padre, el Conde de Acevedo, disfrazada de vieja y con el objetivo de hacer el bien. En el foso se alternarán, al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, Miguel Roa y José Miguel Pérez- Sierra. Roa, que calificó a Chapí como una de las figuras más emblemáticas de la lírica española, con títulos en su haber tan populares como La revoltosa reconoció que La bruja ha sido siempre minusvalorada, pero personalmente tengo predilección por ella. Es una obra bien construida, contada como un cuento para niños, porque el teatro es un arte de engaño, lo que hace de cada función algo irrepetible Tras realizar un repaso por la historia del teatro lírico en España, el director musical co- Angelica Liddell practica un teatro total como autora, directora y actriz que se enfrenta a sus textos y los defiende a cuerpo limpio, dejándose la piel y enseñando el colmillo