Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 13 s 12 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 67 María Jesús Cava Mesa Historiadora Catedrática de la U. de Deusto UN BILBAÍNO EN LA DIPLOMACIA ILBAO, repleta desde los años finales del siglo XIX de personajes y proyectos, hizo simbiosis con las directrices de lo público. Logró proporcionar intérpretes de consistencia cultural indiscutible y con capacidad para confeccionar proyectos políticos cruciales, en una trama destinada a servir a los altos destinos de lo público. Se sabían continuadores de las tareas que ya desde el siglo XVI habían iniciado distintos predecesores, entre otros, los famosos secretarios vizcaínos. Más tarde, estuvieron con la Monarquía ilustrada del siglo XVIII, luego perduraron en altas misiones a lo largo de la etapa contemporánea; finalmente, también con el franquismo, y después, con la democracia. Calidad en la gestión y oportunidad fueron dos distintivos, entre varios, que subrayan una cierta habilidad a la que es preciso aludir. Pero ante la huella innegable- -aunque también discutible- -de personajes como el bilbaíno Fernando María Castiella y Maíz, de quien se cumple el centenario de su nacimiento, parece obligado recuperar la memoria de su gestión. La intensidad de su experiencia le facilitó un empirismo, cuando menos sagaz. Por eso y por tratarse de una historia vigilada, con testigos, la etapa en la que actuó requiere mesura y tino al valorarla. Cosa que probablemente se airee desde muy distintas instancias, en estos días. Sin embargo, el estigma de la incertidumbre flota todavía sobre muchas páginas de aquella historia. Lo indudable es que la esencia de determinadas intervenciones políticas como las que concita Castiella, merecen un recuerdo. Más aún, cuando se observan desde nuestra época, superados muchos silencios. En aquel complicado contexto, quienes se labraron fama de corredores de fondo fueron gentes de talla en la actividad diplomática, y no se les puede negar oficio. Una mirada, aunque sea de soslayo, nos permite recordar lo esencial de esa andadura, reseñando su biografía muy brevemente. FERNANDO MARÍA CASTIELLA Y MAÍZ (1907- 1976) Diplomático vocacional, Castiella se sinceraría sin prejuicios confesando: El trabajo que tengo entre manos no es que me guste, es que me fascina Al decir de quienes le conocieron, vivió en Roma una de las etapas más felices de su vida. Y con ironía muy bilbaína, afirmaría en 1954 que allí se movía como pez en el agua... bendita B les, pero su bisabuelo y su abuelo se habían trasladado a los EE. UU. Su abuelo Ángel Maíz adquirió la nacionalidad norteamericana en 1877, residía en New Orleáns y había casado con una norteamericana de Lagrange, hija de Charles Nordhausen y Mary Ann Fidel, descendientes- -como Eisenhower- -de colonos alemanes establecidos en Texas a mediados del siglo XIX. terior: Fernando Castiella, Embajador en Roma entre varias misiones, hombre de profunda convicción religiosa, de carácter amable, aunque poco extrovertido, se había acostumbrado desde muy joven a una vida disciplinada en la que la autoexigencia era norma. Venía por parte materna de Arcenta- Unpolíticoenelservicioex- nía de Serbicé (Brotos) de la provincia de Huesca, en tierras próximas a Ordesa. Por razones de mayorazgo, Cesáreo Castiella, padre del ministro, había emigrado también a América, donde conoció a María Maíz Nordhausen, de una familia propietaria de minas de plata en México. Retornando a Bilbao, Cesáreo Castiella, oftalmólogo de profesión, vivió en la calle Correo- -como gran parte de la burguesía bilbaína de finales del XIX- -para pasar con posterioridad y una vez definido el Ensanche bilbaíno, a la calle Berástegui. Quiso el destino que las dos familias de dos destacados diplomáticos bilbaínos, Lequerica y Castiella, compartieran edificio y vivieran frente por frente. Fernando había nacido en Bilbao el 9 de diciembre de 1907, estudió su bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media, obteniendo premio extraordinario. Su adscripción a la juventud católica le destacó con escasos catorce años, siendo elegido para representar a ésta en Bruselas durante un Congreso. Doctorado en Derecho por Madrid, amplió estudios en la Escuela de Altos Estudios de la Sorbona, en la Academia Internacional de La Haya, en Ginebra y Cambridge. Sin haber cumplido 28 años ganó por oposición la cátedra de Derecho Internacional Público y Privado de la Universidad de La Laguna, en 1935. Destacó como editorialista de Lafamiliadesupadreprove- política exterior El Debate y como afín a la atmósfera política de signo conservador, cuando estalló la guerra civil se refugió en una delegación extranjera, para incorporarse luego a la zona nacional. Al término de la contienda pasó a la Facultad de Derecho (cátedra de Estudios Superiores de Derecho Internacional) pero dos años después decidió ponerse a las órdenes del General Muñoz Grandes, como voluntario de la División Azul A su retorno de Rusia se le nombró director del Instituto de Estudios Políticos (1943- 48) y Presidente de la Comisión de Gobernación de las Cortes. Bajo su dirección se elaboró el anteproyecto del Fuero de los Españoles (1944) Fue también en ese año cuando fundó la primera Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid, desde una concepción muy moderna de la carrera universitaria. Logró ser su primer Decano y cuatro años más tarde se le designó para la Embajada de España en Perú como su residente (1948- 51) Desde allí atendió a los españoles asentados en Perú con sentido humanitario y consiguió que fuera éste el primer país que restableciera relaciones con España, tras el boicot de la ONU en 1946 al régimen de Franco. destino romano (1951) le curtiría como un negociador que supo adaptarse a la romanitá de la diplomacia vaticana. Uno de los logros internacionales más importantes le tuvo también como protagonista: la firma del Concordato de 1953. Su relación con Pío XII resultó satisfactoria. Aquí en Roma, después de tantas fatigas pasadas- -en nuestro bolsillo ya el Concordato y la Orden de Cristo- -me encuentro felicísimo escribió. Diplomático vocacional, Castiella se sinceraría sin prejuicios confesando: El trabajo que tengo entre manos no es que me guste, es que me fascina Al decir de quienes le conocieron, vivió en Roma una de las etapas más felices de su vida. Y con ironía muy bilbaína, afirmaría en 1954 que allí se movía como pez en el agua... bendita Sería llamado para ocupar el 25 de febrero de 1957 la cartera del Ministerio de Exteriores, la cual mantuvo hasta el 29 de octubre de 1969; ejerciendo interinamente en ese mismo año el Ministerio de Información y Turismo. En aquellos casi trece años de cambios sustanciales que cristalizaron con el desarrollismo, Castiella logró una distensión positiva que Su afianzó la línea iniciada por sus predecesores con notable eficacia, visión de futuro y grandes dosis de sinceridad política. Obtuvo la entrada de España en OECE (Cooperación Económica Europea) y en el Fondo Monetario Internacional. Fue intérprete clarividente en el diálogo con países vecinos, Alemania, Estados Unidos, Países Árabes, Filipinas y naciones iberoamericanas, cuyas relaciones quedaron intensificadas. Uno de los leit- motivs de su política con sello personal se refirió al caso de Gibraltar, sobre el que consiguió atraer la atención de la ONU en 1963. Sus investigaciones se tradujeron en dos libros rojos sobre el problema. Quizás desilusionado a posteriori, aquel asunto exterior del Ministro, como se dijo maliciosamente por sus detractores, le provocó una cierta saturación que repercutió en su defensa de otro tema tabú: la libertad religiosa. El enfrentamiento con algunos sectores políticos del régimen (Oriol, entre ellos) acentuaron su cansancio y distanciamiento. Dotado de gran solidez argumental, europeísta convencido, su acercamiento formal a la CEE sentó precedentes; al igual que en lo relativo a las colonias africanas (Ifni, Guinea, Sáhara) pues su tesis favorable a la descolonización obtuvo algunas soluciones aceptables. Mantenedor de la política de cobertura que los EE. UU. quisieron establecer desde 1951, ante la bipolaridad imperante, fue firmada la renovación de los acuerdos hispano- americanos en 1963. Pero seis años después, su valoración hacia este asunto no fue la misma, lo que le valió su cese del Ministerio, para reintegrarse más tarde a su cátedra en la Universidad de Madrid. Doctor Honoris Causa por Georgetown y Santo Tomás de Manila, llegó a ostentar 47 grandes cruces españolas y extranjeras. Fue miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas desde mayo de 1976, fecha en la que publicó uno de sus más divulgados trabajos, Una batalla diplomática lleció a causa de un repentino infarto de miocardio, cuando iba a tomar parte en el Consejo del Banco Central- Hispano del que era miembro. Durante el mencionado discurso dictado en la Casa de Juntas de Guernica, con ocasión de la Fiesta de la Hispanidad, en 1964, saludó con frases de R. de Basterra al Bilbao de sus amores, enfatizando con aquel ¡Salud Bilbao, que vas a la mar universal! su sentido de apertura, y reconociendo a la Villa bilbaína como ciudad europea, símbolo y resumen de un pueblo que supo trascender El 25 denoviembrede 1976 fa-