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ABC JUEVES 13 s 12 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL HONDERO MANCHEGO NTRE las numerosas habilidades propagandísticas del PSOE se cuenta la de defender al mismo tiempo una cosa y la contraria. Hablar de la derrota de los terroristas y mantener abierta en el Congreso la autorización para negociar con ellos, pactar con los nacionalistas más radicales y hacer prédica oficial de españolismo, sostener un discurso europeísta y beber los vientos por Hugo Chávez, enaltecer el equilibrio medioambiental y propiciar en autonomías o ayuntamientos grandes recalificaciones de territorio. En eso debe de consistir la IGNACIO famosa alma doble del CAMACHO socialismo español, la de Zapatero y Guerra, la de Pedro Zerolo y Paco Vázquez, la de Sebastián y Solbes, la de Carme Chacón y José Bono. Se trata de una suerte de versión laica y pragmática del precepto evangélico: que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. O sí lo sepa, pero disimule. A veces incluso parece que se trata de disonancias sinceras, y hasta puede que lo sean hasta que llega el momento de taparse la nariz y defender la causa común, que es el poder. Tal ocurrió con la oposición del guerrismo a los nuevos estatutos de autonomía, y algo similar viene a suceder con el populismo activista de Bono. A Bono lo ha rescatado Zapatero para que tape con su enaltecido discurso españolista las brechas de la deriva confederal, pero el ex ministro lo hace con tanto denuedo y complacencia que abre otros agujeros por su propio ímpetu antinacionalista. Aunque se le vea el cartón de las intenciones, no pierde ocasión de jugar bazas a favor de sí mismo. Nunca da puntada sin hilo; por eso cada vez que cose un argumento contra el nacionalismo, como la otra mañana ante Artur Mas, le propina un alfilerazo en el trasero a sus compañeros del tripartito catalán, y de paso a quien ha propiciado el remonte soberanista. Montilla, que es cazurro, se aguanta los pinchazos, y ZP ni pestañea, pero Carme Chacón ha saltado ante la punzada que en realidad iba, probablemente, dirigida más hacia lo alto. Yo no sé si, como sostiene Chacón, el discurso de Bono es minoritario en el partido, pero desde luego no lo es en la sociedad española, cuyo latido ausculta el manchego con perspicacia de demagogo y olfato de populista. En todo caso se trata de una disputa de mentirijillas porque el presidente, que tiene manifiestas sus complacencias en la ministra deVivienda, necesitaa los dos paradiversificar su oferta ambivalente y rebañar votos a la vez en Barcelona y en Toledo. Llegadoelcaso, utilizará los votos queBono recaudevestidodepatriota paramandarloalahornacina del Congreso, y lo convertirá en un santón rodeado de prosopopeya institucional mientras él prosigue por la línea del confederalismo estatutario. Pero como no cuadren las cuentas, cada papeleta españolista le va a rebotar en la cabeza como una pedrada, y ya sabemos quiénserá elhonderoquele apunte al entrecejo. Porque las ambigüedades en política tienen un recorrido relativo. Y con ellas se puede engañar a mucha gente pocotiempo oapocagentemuchotiempo, pero no a todo el mundo todo el tiempo. E EXTERIOR FRANCIA NO SONRÍE A GADAFI OS bombas hacían explosión anteayer, martes, en el centro de Argel mientras otros artefactos dialécticos se preparaban. Se sabe que Al Qaeda es autor de los atentados, pero no se sabe qué hay tras el doble y misterioso vocablo. Adversarios del régimen y argelinos que no lo son creen que detrás de Al Qaeda hay fuerzas del sistema, fracciones del ejército, la organización que gobierna en Argel, no en Argelia, a través de sus clanes. Que fueran alcanzados dos edificios, el Tribunal Supremo y las oficinas de la ONU, es significativo. Es, desde luego, un acto cobarde y cruel, cuyo desarrollo debemos seguir. Pero es más que eso. Han caído funcionarios de los dos organismos, además de estudiantes universitarios de un autobús, alcanzado de lleno. Doce horas antes, el coronel Gadafi llegaba a París. Volvíamos de un encuentro en el paseo de Alberto I, frente al Sena. Habíamos cruzado el río y avanzábamos por la explanada de los Inválidos. La policía cerraba el paso pocos metros más allá. No se podía cruzar. Llegaba lentamente el presidente libio en su inexplicable limusina blanca, de 35 metros, según un espectador forzoso. El cortejo, de más de DARÍO un centenar de automóviles, tardó VALCÁRCEL unos minutos en pasar. En Libia se tortura. Opositores al régimen desaparecen para siempre, sin dejar rastro. La libertad de prensa no existe, ni son reconocidos los derechos de reunión, asociación o manifestación. La pena de muerte ha sido abolida para los libios, pero no para los subsaharianos. Lo recuerda en sus declaraciones la joven secretaria de Estado para los Derechos Humanos, Rama Yade, de origen senegalés. La señora Yade anunciaba que asistiría el lunes a la cena de la Federación Internacional de Derechos Humanos, en la noche en que Gadafi sería recibido en el Elíseo. Más grave, el ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, anunciaba cómo gracias a una feliz coincidencia debo asistir esa noche a la cena de ministros de Asuntos Exteriores de la UE en Bruselas París ha sido, desde hace siglos, una ciudad dada a D los rumores. Pero los comentarios sobre Gadafi no proceden de viejas señoras aficionadas a la conversación. La República tiene una residencia con gran jardín al lado del Elíseo, el hotel de Marigny: allí el presidente libio ha hecho plantar su tienda. Una tienda blindada, con calefacción (las noches del desierto son frías) defendida por 60 amazonas armadas. Las cámaras frigoríficas han llegado en vuelos paralelos con abundante carne de camello, leche de cabra, dátiles... No entramos en los gustos alimentarios de Gadafi, sino en las órdenes cursadas directamente a su jefe de policía durante años. Los muertos y los torturados hacen visitas nocturnas a sus victimarios, pero nadie está seguro de que en este caso sea así. Un buen diplomático, Jean- David Levitt, relevado en mayo de la embajada de Washington para ser destinado a la presidencia, ha apuntado con sutileza: todos tenemos derecho a la redención. También Libia. Entre tanto, el presidente francés, un pragmático poco dado a superficialidades ideológicas, ironizaba sobre los aficionados a dar lecciones mientras toman su café en el boulevard Saint- Germain. Medio gobierno se ha alzado abiertamente contra la visita del presidente libio, representante de seis millones de súbditos en un espacio como tres españas, entre el Mediterráneo y el desierto. En su subsuelo hay, empero, enormes reservas: 43 billones de barriles de crudo y 1.500 billones de metros cúbicos de gas. Al ritmo de hoy, Libia podrá extraer petróleo durante 70 años y gas licuado durante 130, lo cual presta al coronel Gadafi una fuerte, digamos, autoridad moral. En este otoño el presidente francés ha firmado contratos en Marruecos y Argelia por valor de 21 billones de euros. Quizás añada algo más de 10 billones en estas jornadas. Compañías trasnacionales, pero muy francesas, serán las beneficiarias: sobre todo Areva (generación nuclear) y Airbus. Además de Dassault (cazabombarderos Rafale, helicópteros Tigre) Suez (agua) y Total- Sonatrach (gas) No sabemos cuáles serán los resultados electorales de Nicolas Sarkozy en 2012. Pero en los franceses influirá, es seguro, la enérgica sacudida dada a la balanza exterior en el primer semestre de mandato.