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ABC MIÉRCOLES 12- -12- -2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 97 El Oscar a Ciudadano Kane vendido a precio de saldo Elegida varias veces mejor película de la historia, la ópera prima de Orson Welles prolonga su leyenda de título maldito F. M. B. MADRID. Orson Welles dirigió un puñado de obras maestras y supo apurar la vida hasta el último sorbo, pero su genio nunca fue capaz de atraer el dinero, ni siquiera después de muerto. En su lote número 112, la casa de subastas Sotheby s vendió ayer el ejemplar revisado y definitivo del guión de Ciudadano Kane y el Oscar que consiguió aquel libreto (el único de los nueve a los que aspiraba la película) por la modesta cifra de 66.000 euros. El precio de salida era de 54.000. Se creía que las 156 páginas escritas por Herman J. Mankiewicz y Orson Welles, más el añadido de su merecido premio, podrían superar incluso el millón de dólares. La estatuilla a la mejor película que ganó el productor David O. Selznick por Lo que el viento se llevó alcanzó el millón y medio de euros cuando se subastó hace ocho años. Lee Dunbar, vicepresidente de Sotheby s y coordinador de la puja, declaró a Reuters que el Instituto Americano del Cine había nombrado Ciudadano Kane mejor película de todos los tiempos no una, sino dos veces El filme condujo a una auténtica nueva era en la realización de películas, en las técnicas de luz, en el empleo de la cámara y en la forma de narrar una historia añadió. El Oscar se vendió en la Fundación Dax de los Ángeles, organización sin ánimo de lucro dedicada a promocionar la educación, la sanidad y otras causas afines, y que había comprado el Oscar a la hija menor de Welles, Beatrice, en 2003. El ejemplar del guión era su última versión, con tachaduras y anotaciones hechas con lápiz azul. Creemos que el propio Welles hizo muchos de estos tachones a los diálogos con lápiz azul, porque era conocido por hacer eso explicó Dunbar. Capítulos enteros se han reescrito para afilar el lenguaje y los personajes agregó el vicepresidente de Sotheby s. En realidad, la mejor operación económica que realizó nunca Welles fue el contrato que firmó con la RKO para filmar aquella mítica película. Pese a que era un perfecto novato, la productora pagó una cantidad astronómica y dejó en sus manos el control absoluto sobre la cinta después del monumental éxito (y la ola de pánico) que había conseguido la adaptación radiofónica de La guerra de los mundos. Su retrato no demasiado velado del magnate de la prensa William Randolph Hearst levantó las iras de este último, que intentó impedir su estreno, sobre todo tras descubrir que el juguetón Welles se permitía el lujo de utilizar la palabra Rosebud con la que, según Gore Vidal, el empresario se refería al clítoris de su amante, Marion Davis. La astucia y la casualidad libraron al filme de arder en la hoguera de la censura, pero nadie consiguió atraer al público. Incluso en la ceremonia de los Oscar de aquel año, Ciudadano Kane fue castigada con los abucheos de los asistentes cada una de las nueve veces que su título fue anunciado. Welles inscribió su nombre en la historia, pero huelga decir que le costó sangre, sudor y talento completar una filmografía. La mejor película de la historia Reviejo- que miran y saben cómo miran los niños, acaban de trazar el mapa de las hadas del museo y lo han publicado para que los que quieran viajar a ese lugar intermedio y único lo puedan preparar con las imágenes de los cuadros y con los poemas y adivinanzas, como una guía para moverse entre las pinturas, las figuras y los colores, para hablar con ellos, pero en complicidad. En el mapa que acaban de publicar le han puesto color a las letras, y las han ordenado en forma de abecedario, pero saben de antemano que los niños se las saltarán, de letra en letra, de color en color. Se trata de una iniciativa estupenda llamada a tener fortuna, si no se desconfiara tanto de la geografía de las hadas: los niños no lo harán y de eso se trata. Este primer mapa del país de las hadas está en Madrid y está al lado de una calle preciosa que, no sé por qué, algunos quieren que se vaya de vacaciones a las islas Odes, que son el lugar al que Rabelais decía que se iban todas las calles a descansar y pasearse. Me contó Italo Calvino, que las visitó, que son islas fascinantes, pero que, al final, las calles se aburren de encontrarse sólo con otras calles y acababan por desvanecerse. Una de las páginas del guión, con anotaciones del propio director El único Oscar que ganó Welles, además de otro honorario en 1971