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32 ESPAÑA Tribuna Abierta MIÉRCOLES 12 s 12 s 2007 ABC Manuel Cobo del Rosal Jurista ABORTO, UN FALSO ENIGMA E L aborto es la muerte del denominado, por así decir, producto de la concepción en el vientre de la madre, producida durante cualquier momento de la etapa que va desde la fecundación (unión del óvulo con el espermatozoide) hasta el momento previo al nacimiento. No cabe duda de que la expulsión prematura y la subsiguiente muerte del feto fuera del vientre materno constituye sin duda tradicional y actualmente en el Código Penal español también un aborto a efectos penales. Se habla de aborto espontáneo cuando la muerte es producto de alguna anomalía o disfunción no prevista ni deseada por la madre; y de aborto provocado (que es lo que suele entenderse cuando se habla simplemente de aborto) cuando la muerte del producto de la concepción, en suma, es procurada de cualquier manera: doméstica, química o quirúrgica. Conviene aquí aclarar que puede existir, y de hecho existe en verdad, realmente, el llamado aborto terapéutico, que se daría en los casos en que, con fines de preservación de la salud y de la vida de la madre, se provoca clínicamente el aborto con o sin el consentimiento materno. La embriología y la biogenética han demostrado con absoluta certeza que la vida de un nuevo ser humano comienza en el momento en que se unen el gameto masculino (espermatozoide) y el gameto femenino (óvulo) En este proceso de fusión se unen 23 cromosomas del espermatozoide paterno a los 23 cromosomas del óvulo materno tima, que ni siquiera está recogida por el diccionario que utilizo, de la Real Academia de la Lengua Española edición de 1992, aunque no me he molestado en consultar posteriores. Nuestros legisladores estoy seguro de que sí lo harían. Este parangón me parece una muy significativa indecencia, siquiera sea lógica y racional. De aquellas posturas proabortistas se deriva y se defiende que el producto de la concepción es una simple masa informe de protoplasma. De esa forma, el aborto consistiría en la mera eliminación de un parásito, de un tumor o de un amasijo de carne enquistado en el vientre materno (mero coágulo) pero embrionario, como se adjetivaba por la doctrina clásica. Esto es el regreso, en cierto sentido, al Derecho Penal romano. El feto es una pars viscerum o simple pars ventrix de la madre, pero de la madre, y sólo de la madre. ¡Faltaría más! Que puede hacer con él lo que le venga en gana. a embriología y la biogenética han demostrado con absoluta certeza que la vida de un nuevo ser humano comienza en el momento en que se unen el gameto masculino (espermatozoide) y el gameto femenino (óvulo) En este proceso de fusión se unen 23 cromosomas del espermatozoide paterno a los 23 cromosomas del óvulo materno. En ese mismo instante se forma una nueva célula de 46 cromosomas llamada cigoto, el cual contiene una nueva combinación de material genético, resultando un individuo diferente tanto de los padres como de cualquier otro en el universo Por lo tanto, a partir de la fecundación se está ya en presencia de una nueva vida humana. Nunca antes en la historia de la Humanidad ha existido exactamente ese ser. Y nunca más volverá a existir otro ser humano exactamente igual a ese. El embrión sólo necesitará de nutrición, oxígeno y tiempo para llegar a la plena maduración de un ser humano adulto. Como bien sintetizó el Dr. Jerôme Lejeune: Una vez concebido, un hombre es un hombre e suerte que ya no cabe hablar, simple y llanamente, del simple coágulo, si quiera sea embrionario. No es algo inerme ni materialmente cosificado, como se ha sostenido dialécticamente por enfervorizados abortistas. El debate prejurídico no debe conducir por el derrotero de lo que, científicamente, está claro. En todo caso, nos hallamos ante un enigma no jurídico- penal, sino socio- político para el ciudadano medio, es decir, para el votante Pero no para el jurista, y menos si es penalista. L os problemas que se vienen planteando sobre el discutido quid iuris? del aborto, ha constituido a éste en algo enigmático, quizás de propósito. El aborto jurídicamente no ofrece grandes problemas, pero metajurídicamente se convierte en un enigmático dédalo donde por doquier reina la confusión, desde luego y por lo general, interesada. Cada preopinante, la verdad es que no habla del aborto, sino de arrimar el ascua a su sardina desde luego prejurídica, ya sea por mor de finalidades políticas con una alta dosis demagógica, como se ha convertido ahora, para la captación del voto femenino. No se olvide que más de la mayoría de la población española con derecho a voto tiene esa condición, valga el dato. Para un jurista, renuente siempre a planteamientos prejuiciosos, la cuestión metajurídica de aborto sí- aborto no se me presenta como algo enigmático, lo que resulta insoportable para el Derecho, y más para el Derecho Penal, que debe ser el reinado del principio de la claridad y seguridad jurídicas. En sentido meramente biológico puede decirse que la vida no comienza, sino apenas se transmite. Todas las células vivas provienen de otras células vivas. Esa continuidad de vida es el postulado básico de la bio- L logía. Pero, esa explicación no basta porque también los espermatozoides, los óvulos o cualquier célula del organismo humano son seres vivos. Vida, hasta los animales y las plantas la tienen. Aquí no se trata de defender la vida sin más, sino algo intrínsecamente para nosotros más noble: la vida humana. El pensamiento clásico ya hablaba muy expresamente, aunque de forma un tanto expectante para encontrar una conexión con la vida, de una spes vitae- -esto es, de la esperanza de la vida- -y estábamos en lo cierto cuando a principio de los años 60 sosteníamos esta posición, como precisaré ut infra. stamos seguros de que cuando el artículo 332 del Código Penal castiga con la pena de prisión de cuatro meses a dos años o multa de ocho a veinticuatro meses la destrucción (cortar, talar, quemar, arrancar o recolectar) de los llamados propágulos de especies de flora, no se cuestiona su rele- vancia desde el punto de vista punitivo en aras de la conservación del medio ambiente. El propágulo se convierte así en un ente de incuestionable importancia jurídico- penal. Sin embargo, el producto de la concepción humana queda menos protegido penalmente que el propágulo Palabra esta úl- E Nunca antes en la historia de la Humanidad ha existido exactamente ese ser. Y nunca más volverá a existir otro ser humano exactamente igual a ese. El embrión sólo necesitará de nutrición, oxígeno y tiempo para llegar a la plena maduración de un ser humano adulto D