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70 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 10 s 12 s 2007 ABC La lista china de Schindler En el 70 aniversario de la masacre de Nanjing, donde los japoneses mataron a unos 200.000 chinos, un documental recuerda a otro empresario alemán que consiguió salvar a 250.000 personas POR PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. Gracias a la magnífica película La lista de Schindler de Steven Spielberg, el mundo descubrió la gesta de aquel empresario alemán y miembro del Partido Nazi que salvó la vida a unos 1.200 judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Más sobrecogedora aún, pero menos conocida en Occidente, es la historia de John Rabe, otro hombre de negocios germano que compartía con Oskar Schindler el carné del Partido Nazi y dirigía en 1937 la oficina de la compañía Siemens en Nanjing, la entonces capital de China. Faltaban todavía dos años para que estallara la contienda en Europa, pero en Asia los japoneses, aliados de Hitler, ya se habían lanzado a la conquista de China tras su ocupación en 1931. Una vez sometidas Pekín y Shangai, el Gobierno del Koumintang se trasladó a Nanjing y luego a Chongqing, por lo que la toma de la primera ciudad se convirtió en una cuestión de honor para las tropas del imperio del Sol Naciente. Desde el 15 de agosto de 1937, la ciudad de Nanjing sufrió feroces bombardeos aéreos que arrasaron la ciudad y causaron miles de muertos y refugiados que escapaban a lugares más seguros, obligando a la evacuación de los cientos de extranjeros que vivían allí en ese momento. Sin embargo, un grupo de occidentales, liderado por el alemán John Rabe y varios misioneros y médicos estadounidenses, decidió permanecer en Nanjing, donde el 16 de noviembre crearon una zona de seguridad para proteger a la población civil china. En el 70 aniversario de la masacre que tuvo lugar durante el asalto a la ciudad, que comenzó el 13 de diciembre y se prolongó durante seis semanas, ésa es la epopeya que narra el documental Nanking dirigido por Bill Guttentag y Dan Sturman y ganador del premio al mejor montaje en el último Festival de Sundance. Orgía de sangre Según el Tribunal Internacional de Tokio que juzgó a los criminales de guerra al término del conflicto, al menos 150.000 chinos murieron durante el largo asalto a Nanjing, pero las autoridades de Pekín elevan dicha cifra hasta las 300.000 personas. Una auténtica orgía de sangre y destrucción debidamente documentada en el estremecedor libro The rape of Nanking de Iris Chang, y en esta película, que se basa en espeluznantes imágenes reales de la época y en desgarradores testimonios de supervivientes como Xia Shuqin, que tenía entonces siete años y perdió a siete de los nueve miembros de su familia. Además de entrevistar a algunos militares japoneses, la cinta cuenta con la participación de importantes actores de Hollywood, que se reunieron en el Mausoleo a las Víctimas de la Masacre para protagonizar la lectura dramatizada de los diarios escritos por los extranjeros que permanecieron en la ciudad durante el asedio. Así, Jürgen Prochnow interpreta a John Rabe, Woo- Ofrenda anual a las víctimas de la matanza de Nanjing, que empezó el 13 de diciembre de 1937 dy Harrelson al médico Bob Wilson, Mariel Hemingway a la profesora Minnie Vautrin y John Getz al misionero George Fitch. Todos se ellos se aliaron para crear una zona de seguridad de unos cinco kilómetros cuadrados en torno a la casa de Rabe, al hospital de Wilson y al Colegio Ginling que dirigía Vautrin. A pesar del acoso de los soldados nipones, se calcula que allí se refugiaron unos 250.000 chinos que huían del infierno en que se había sumido Nanjing, una ciudad reducida a escombros y cenizas donde se vivió uno de los episodios más salvajes de la Historia de la Humanidad. Las imágenes de la época muestran matanzas indiscriminadas perpetradas de las más atroces maneras: a bayonetazos, quemando vivos a los prisioneros o en masivas ejecuciones sumarias con ametralladoras a orillas del río Yangtsé y en la falda del monte Mufu que se cobraron decenas de miles de vidas. El horror que desataron las tropas niponas fue tal que dos tenientes, Toshiaki Mukai y Tsuyosi Noda, se retaron para ver quién era capaz de decapitar a más prisioneros con sus respectivas catanas. Como si de una competición deportiva se tratara, el periódico Nichinichi Shimbun informaba, a fines de 1937, de que Mukai había vencido al cortar 106 cabezas, frente a las 105 de Noda, ilustrando el artículo con una fotografía de ambos oficiales posando orgullosos con sus sables. Además, los japoneses violaron a unas 20.000 mujeres y niñas como Zhang Xinhong, que a los 12 años fue forzada por un soldado delante de su abuelo para salvarle la vida. Muchas de estas atrocidades fueron filmadas por el misionero John Getz, quien logró sacar una cinta que mostró en el Congreso de Como Schindler, John Rabe tenía el carné nazi y dirigía Siemens en Nanjing. Pasó sus últimos años arruinado, hasta que un grupo de supervivientes hizo una colecta en agradecimiento El museo del horror El Mausoleo a las Víctimas de la Masacre de Nanjing se alza al suroeste de la ciudad en una zona conocida como Jiangdongmen, donde los japoneses enterraban en masa a sus víctimas. El recinto se divide en las esculturas exteriores de cuerpos desmembrados, las fosas comunes donde se conservan centenares de restos humanos y un museo con abundante documentación e imágenes de la matanza. Al dejar atrás el muro donde se recuerda a las 300.000 víctimas de la masacre, se abre un camino formado por las huellas de 227 supervivientes, algunos Restos humanos en el Mauseoleo a las Víctimas de Nanjing P. M. DÍEZ de ellos con una sola pierna. A su lado, una estatua recrea a Ni Kui Ping, una de esas víctimas que vio cómo mataban a su padre, su madre y su tío cuando tenía 9 años. Aunque ella resultó herida de bala, pudo escapar tras simular que había fallecido, por lo que fue criada por unos familiares muy pobres, que no pudieron extraerle el proyectil alojado en su cuerpo hasta 3 años después. Bajo un recinto en forma de tumba, 207 restos humanos se apilan en escasos metros cuadrados constituyendo sólo la punta del iceberg, ya que los japoneses enterraban a sus víctimas en siete capas y se supone que, bajo la superficie, podría haber 2.000 esqueletos más.