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ABC LUNES 10- -12- -2007 El schindler chino, un alemán salvó a 250.000 chinos de la matanza de Nanjing 69 PATENTES DE CORSO Los restos arqueológicos submarinos rescatados no pueden ser vendidos legalmente, son bienes fuera de comercio, cuya función es cultural y social soros. También, en su día, el mundo cultural celebró la victoria judicial acerca de los yacimientos de las fragatas Juno y La Galga, que impidió que la empresa cazatesoros Sea Hunt expoliase los restos arqueológicos de las mismas. En aquella época los gobiernos de España y de los Estados Unidos persiguieron juntos un fin cultural superior. Ahora el Gobierno norteamericano ni se persona ni interviene en los procedimientos en los que se trata de pecios de probable origen español. El cambio de actitud de dichas autoridades es tanto más grave cuanto que se trata de un país que ha realizado al campo del derecho civil y humanitario notables aportaciones. Hasta el lenguaje se ha pervertido, y se pronuncian las palabras oro y tesoro allí donde la ciencia sólo ve restos arqueológicos. ¿Cómo se pueden primar derechos de propiedad sobre valores culturales universales? Cuando hablamos de interés cultural, la propiedad privada carece de sentido, como principio fundamental. Lo cierto es que se ha producido una profunda involución en este ámbito del derecho, hasta el punto de que la jurisdicción norteamericana premia la más absoluta falta de diligencia por parte de los saqueadores. La estrategia legal de los cazatesoros consiste en mantener ante el Tribunal que el origen del pecio es desconocido para evitarse problemas. Luego se extraen del fondo del mar monedas con la efigie de los monarcas hispanos, joyería, cruces de Caravaca y cañones con las armas de España, sin que a lo largo del proceso nadie pronuncia la palabra español En el asunto Klein versus Unidentified Wrecked and Abandoned Sailing Vessel 11 Circuito (1985) se fijó el criterio de que los procesos de rescate no podían implicar más riesgos que los que implicaban dejar los restos en el fondo del mar. y que, por lo tanto, debía existir un criterio arqueológico para su extracción. Hoy esa doctrina parece caducada y los cazatesoros, salvo que se enfrenten a un magistrado escrupuloso, no tienen que contestar desagradables preguntas. José Manuel Lancho Abogado os hechos hablan por sí solos: los Tribunales de Distrito (District Courts) norteamericanos están reconociendo de forma generalizada a las empresas cazatesoros titularidad sobre yacimientos de origen hispano sin necesidad de verificar la identidad del buque, ni siquiera su origen, época y cargo. Todavía peor, no existe la menor voluntad jurídica de exigir que la intervención de los cazatesoros sobre el pecio siga algún protocolo arqueológico o que se garantice la conservación de los restos. De hecho, en los sumarios se evita pronunciar la palabra español o hispánico para evitar cualquier intervención por parte de nuestro país que impida la comercialización final de restos de buques históricos. En el derecho español, los restos arqueológicos submarinos rescatados no pueden ser vendidos legalmente, son bienes fuera de comercio, cuya función es exclusivamente cultural y social, y su transmisión mercantil constituye un serio delito. Después de examinar la práctica totalidad de los procedimientos que se han llevado, y todavía se llevan, en Estados Unidos durante los cuatro últimos años, en relación con buques históricos de origen español, podemos concluir- -con cautela pero con exactitud- -que por vía del derecho de hallazgo se está permitiendo dañar de forma irrecuperable todo un registro histórico de la era americana, el correspondiente a los siglos de presencia española en América. Se está concediendo al saqueo de la historia una sanción judicial que no ofrece ninguna garantía respecto del interés público. En su día, las autoridades norteamericanas se implicaron activamente para impedir el abuso de la jurisdicción del Almirantazgo a la hora de otorgar derechos a favor de cazate- L Los protocolos arqueológicos científicos son muy estrictos y no todos saben cumplirlos Los restos arqueológicos extraídos de aguas internacionales se han convertido en una cuestión puramente privada. La situación puede incluso ofrecer derivaciones peligrosísimas en el campo de la seguridad mundial. Existen al fondo de algunos abismos oceánicos otro tipo de pecios: submarinos americanos y rusos, con todo su armamento nuclear. ¿Podría un juzgado de un tercer Estado conceder derechos de explotación sobre esos restos a alguna Al Qaeda Marine Research? ¿Les parece a ustedes una broma? Al fin y al cabo con los usos instalados en esa jurisdicción podría otorgárselos un Tribunal estadounidense. Los expoliadores sólo tendrían que manifestar que se trata de un buque inidentificable, publicar un anuncio en un periódico local, lograr el arresto y proporcionar la escasa y tendenciosa información al Tribunal hasta obtener una sentencia estimatoria en rebeldía. A partir del momento en que se sacrifica lo que es de todos al interés de unos pocos, lo inverosímil y absurdo se convierte no ya en factible sino en necesario. Esperemos que nadie descubra la Atlántida en los tiempos presentes, que el patrimonio precolombino permanezca bajo las maldiciones sabias de los emperadores indios, que los galeones guarden el sueño de las tripulaciones muertas, porque es obvio que la historia pendiente pertenece legalmente a los expoliadores. La estrategia legal de los cazatesoros consiste en mantener ante el Tribunal que el origen del pecio es desconocido