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ABC LUNES 10 s 12 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 53 Juan Carlos Rodríguez Búrdalo LAS LÁGRIMAS DEL SILENCIO É muy bien que poder escuchar el llanto del silencio es cosa de unos pocos; me cuento entre ellos. También comprendo que tal singularidad, cuando se explica, no resulte creíble, por lo que casi siempre opto por callar lo que el silencio me dice cuando llora. Pero hoy decido contarlo porque siento que no es de mi dominio guardarme su mensaje, ignorar el discurso de sus límites. eso de las dos y cuarto de la tarde del domingo dos de diciembre, finalizado el solemne funeral que enmarcaba el homenaje y despedida de los restos mortales del Guardia Civil (sí, con mayúsculas) don Raúl Centeno, asesinado en Francia sirviendo a España; perdido en el aire el eco último de los himnos y las salvas; desdibujada la emoción con que rodaba el furgón sobre el camino que lleva a la ceniza; apaciguado ya el rumor balsámico de los abrazos y algún gesto escapado de la disciplinada contención del sentimiento; entonces, el patio de la Dirección General de la Guardia Civil quedó solo, anchurosamente solo, como abrumado por tanto sucedido, con la misma soledad de los encinares cuando cae sobre ellos el oscuro aliento de la noche y el misterio ocupa todas las estancias, los poros todos de la naturaleza vencida junto al día. Un viernes más tarde, al mediodía del siete de diciembre, en el Patio de Armas del Colegio Duque de Ahumada de Guardias Jóvenes, en Valdemoro, finalizaba el solemne y emocionantísimo acto de despedida de los restos mortales del Guardia Civil (sí, otra vez con mayúsculas) don Fernando Trapero Blázquez. Y fue entonces cuando oí, una vez más, las lágrimas del silencio. Esto decían. Todos los días son huella, ninguno detuvo el sol. Cada vez que a la puerta llamo de la General de Brigada de la Guardia Civil y escritor S Adiós, Polilla. Lloro suavemente en el corazón de dos niños franceses, vivos por tu muerte niña; lloro sobre la generosidad y la esperanza; lloro por los padres de Raúl y Fernando; junto sus lágrimas a las mías, lágrimas del silencio. No os aplaste el dolor, ese hondo y afilado dolor. Van juntos. ¡Paz y España van diciendo, si es que oigo! A en los pasillos, en las aulas, en la quietud callada del Patio de Armas, aquí donde empezara aquel sueño suyo cruelmente cercenado, no has podido evitar el temblor en los ojos de esta despedida, la emoción desgarrada del Adiós Polilla en voces rotas de los compañeros de Fernando... Adiós, Polilla. Lloro suavemente en el corazón de dos niños franceses, vivos por tu muerte niña; lloro sobre la generosidad y la esperanza; lloro por los padres de Raúl y Fernando; junto sus lágrimas a las mías, lágrimas del silencio. No os aplaste el dolor, ese hondo y afilado dolor. Van juntos. ¡Paz y España van diciendo, si es que oigo! la noche en los abulenses cielos de El Tiemblo. Taciturno y roto, el sol apura el curso; ha quemado el aire que azulea, rendido las uvas y otros frutos de los hombres; ha devuelto al misterio su andadura. Y vierte su ceniza, el desperdicio de las horas sobre el rostro difuso de las casas; señala con su dedo de lumbre el proceloso agujero de la noche, el inicial camino a la desolación. Raúl Centeno duerme el último sueño en la tierra que le vio nacer; Fernando Trapero descansa en la tierra de sus padres, ahora más que nunca suya. Desde un lugar muy alto llueve Dios sobre el polvo de sus nombres. Cuando vuelvan las tórtolas de mayo, en Madrid y en El Tiemblo un puñado de polvo se hará rosa. Y no serán ventana a nuestro olvido. Ahora, antiguo general, debes blindar el corazón para andar tu último tramo; los cuchillos oblicuos del vivir- -abandono, soledad y desdén- -seguirán hiriéndote a porfía. Pero tú eres discípulo mío, discípulo del silencio y heredero de Wordsworth. Has aprendido a escucharme y seguiré contigo; el legado de Wordsworth será tu luz y consuelo: Aunque pase la época de gloria y el esplendor en la hierba se marchite, no te aflijas, porque la belleza subsiste en el recuerdo Cae memoria, cada vez que pulso los exhaustos teclados de la noche tropiezo un eco, el roto espejo de otra luz, de doscientas cincuenta y siete luces que aquí nos apagaron y ahora brillan más allá de las estrellas, sobre el cielo de España... Porque ocurre que un día el hilo del tiempo se rompe entre los álamos como una cometa; que un día se nos queda la mar sin gaviotas y de pronto fugitiva... ¿Recuerdas que hace tiempo acudiste a la voz del poeta para llorarlos porque eran de tu bosque, recuerdas Sallent de Gállego? Sí, antiguo general, crece en abono de sueños la amapola. Y sus pétalos estallan tal la savia que las nutre; rojo de muerte en la carne tierna crece... Centeno y Fernando Trapero eran de tu bosque, y no entendían el rito salvaje de los dioses pequeños, el hedor de su cruel liturgia. Ellos transitaban su edad con el pecho lleno de luz, las manos llenas de luz, el pulso del alma de indómita luz, sin sospechar rotas pronto las palomas o las rosas de sus sueños. Raúl y Fernando, amapolas de muerte en la carne tierna, en su sangre derribada España duele y crece... Qué Cuerpo ése, de qué trigo su granero, que sus muertos sepulta y camina... De qué trigo su corazón, que lo más doncello de su estirpe al sentido del Deber ofrenda... Preguntas, preguntas, preguntas... ¿No saben que la Guardia Civil, con la exacta palabra que dicta el sacrificio, tal su costumbre, responde sólo: España, ¿no reza la letra de mi himno que somos guarda fiel de España entera, qué más demandas para ser tú misma en convivencia y Constitución... Raúl con Fernando al Colegio. Allí donde en tres cursos forjaste la ilusión de servir de seiscientos jóvenes envidiables. Otra vez, en estos días en que diciembre se viste con colores gastados y se llenan los ojos de naufragios transparentes, has vuelto a la dulce quemazón que frunce el pecho y te lleva a revivirle, a transitar las esquinas de su ausencia con nostalgia de su luz, un vuelo de luz adolescente derribada. Ahora, que vuelven antiguos alumnos al Colegio, toda una promoción, para despedir y honrar a uno de los suyos, ahora que pesa tanto el silencio en la claridad ardida de las tardes, en el luto amarillo que lentece entre los álamos, Antiguogeneral, hasvuelto Javier Tomeo Escritor DOS APUNTES SUIZOS ACE unos días, paseando sin rumbo por las calles de Neuchatel, una bella ciudad suiza a orillas del lago del mismo nombre y a una hora escasa de Ginebra, me detuve ante el número 6 de la rue Trésor. bre la complicada naturaleza humana... H Los héroes pueden nacer en cualquier parte, también en una ciudad de pacíficos relojeros Sobre el portal, una placa puesta por el Ayuntamiento con la siguiente inscripción: En esta casa nació el 15 de junio de 1916 Maurice Bavaud, un suizo que, llevado por su ideal, intentó matar a Hitler en el otoño de 1938. Fue decapitado el 14 de mayo de 1941 Así son las cosas. Los héroes pueden nacer en cualquier parte, también en una ciudad de pacíficos relojeros, rodeada de verdes montañas y a orillas de un lago azul. Maurice vivía felizmente en un país neutral, al margen de la guerra y de los nazis, pero prefirió arriesgar su vida para librar a la Humanidad de uno de sus grandes tiranos. Un nuevo motivo para reflexionar so- Otro apunte suizo. Parece ser que incluso en esta civilizada Suiza le gente se pica tambien de vez en cuando por razones del idioma. Como dice el refrán, en todas partes cuecen habas. En el cantón de Neuchatel por ejemplo, se habla un excelente francés, en el cantón de Berna, la capital federal de Suiza, se habla alemán. El admirado dramaturgo suizo Friederich Durrenmat nació en el cantón de Berna, concretamente en Konolfin- gen, pero eligió pasar los últimos años de su vida en Neuchatel. ¿Qué es lo que más le gusta de Neuchatel? le preguntaron en cierta ocasión. -La estación de ferrocarril desde la que me voy a Berna- -respondió el escritor, sin morderse la lengua. Durrenmatt falleció sin embargo en Neuchatel en el año 1990. De esa ciudad fue pues la última luz que se llevó de este mundo. No elegimos el lugar de nuestro nacimiento, pero con frecuencia no elegimos tampoco el lugar donde habrá de producirse nuestra muerte.