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ABC DOMINGO 9 s 12 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 71 Jorge de Arco Escritor POSTALES DE AYER Y HOY LEVO dos semanas con la carta en el bolsillo y nunca me acuerdo de comprar un sobre Hace tiempo que dejé de escuchar esa frase. Debo reconocer que me ponía algo nervioso pensar en aquel paciente destinatario que abría cada mañana su buzón y no encontraba sino un pedazo de olvido ajeno. Porque después del sobre, era muy probable que el ansiado envío se retrasase por la compra de un sello. Y aún más, si la persona en cuestión tenía dificultades para hallar con posterioridad un buzón. Decía que hace tiempo que no oigo esa singular excusa porque el correo electrónico- -al margen del teléfono móvil, el messenger... ha sustituido en gran medida a la sana y bella costumbre epistolar. A veces, cuando tengo que hacer cola en una oficina de correos para franquear mi correspondencia, no me importa permanecer allí un poco más de tiempo por el gozoso hecho de ver una larga fila de personas sosteniendo en sus manos un buen puñado de cartas. que, inmerso en estos tiempos tecnológicos tan avanzados, guardo una idea demasiado romántica sobre este género- ¿en vías de extinción? Pero creo, que la ilusión, el cariño y la dedicación que conllevan escribir una car- L que estoy ocupado ayudando a la policía en la desaparición de mi esposa y nuestro común amigo Luis celeridad con la que hoy vivimos y el amplio despliegue de medios del que disponemos, ha reducido de manera lógica el sosiego necesario que suele precisar la redacción de una carta. Pues no hay que olvidar que ese famoso- -y tan manido- -papel en blanco, no es propiedad única de escritores y artistas, sino de todo aquel que se enfrente a la intensa y emocionante tarea de rellenar ese papel, esa hoja en la que derramar opiniones, sentimientos, remembranzas, etc. Tal vez por ello, no sea casualidad que de este género hayan quedado bellísimas muestras a lo largo de la historia de la literatura, -como la amante e intensa correspondencia entre Hölderlin y Susette Gontard, entre Pedro Salinas y Margarita... -y que muchos y espléndidos poemas se hayan hecho eco de este tema, como el poema Carta de Miguel Hernández, en El rayo que no cesa Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo Durante mi infancia, se me quedó grabado el decir de una de mis abuelas, que aseguraba que cada carta lleva guardado un secreto en sus cuatro esquinas Desde entonces, con ese deseo las escribo. Y las recibo. La Tal vez por ello, no sea casualidad que de este género hayan quedado bellísimas muestras a lo largo de la historia de la literatura, -como la amante e intensa correspondencia entre Hölderlin y Susette Gontard, entre Pedro Salinas y Margarita... Reconozco ta, sigue siendo incomparable con cualquier otro medio de comunicación actual. Y vienen estas reflexiones al caso, fruto de un sugestivo envío que me ha llegado a casa días atrás. Se trata del número 12 de la revista Entelequia -que con tanta devoción y originalidad dirige desde hace ocho años Asís G. Ayerbe- Para esta ocasión, ha reunido un conjunto de 43 fotografías- postales, que previamente había mandado a autores, ilustradores, viñetistas... y que ahora salen publicadas con los diferentes textos y dibujos que cada cuál decidió insertar en ellas. buen ejemplo de la versatilidad que una revista literaria debe llevar consigo, en estas tarjetas puede encontrase un poco de todo. Ironías, ven- Dando ganzas, leyendas, ausencias, mensajes cifrados, revelaciones de un espía, deseos culinarios Querida Mamá: Esta es la última postal que escribo. ¡Espero no llegar yo antes que ella! Sólo recordarte que si me pones gazpacho el día que vuelva pues fenomenal, que en este sitio se come muy mal, pero que muy mal... refranes, consejos, despedidas, felicitaciones, ternura infantil Ola aguelo te mando un beso. ayer cacé un murciélago que piaba. el Gagi dice que eso es mentira pero es verdad lo dice porquele da ravia que no le pasen las cosas como a mi soledades, sueños inalcanzables, promesas incumplidas, amoríos contrariados Estimado Sr. Director del Museo de Cera: No puedo enviarle todavía la escultura Fundidos en el amor. Han surgido algunos problemas Puede que tarde un poco debido a Miguel Torres Periodista UNA DEUDA CON MASSIP O quisiera dejar que finalizara 2007 sin recordar que en este año se ha cumplido el sesenta aniversario de la llegada de José María Massip a ABC. Las convulsiones de la guerra civil española y de la segunda guerra mundial, los naufragios de aquel mundo sacudido por las consecuencias de las luchas entre los dos grandes totalitarismos del siglo XX, arrojaron sobre la playa de estas páginas a quien iba a erigirse, en un momento de excelentes corresponsales (Augusto Assía, Carlos Sentís, Jacinto Miquelarena, Francisco Lucientes... en el maestro incuestionable de la corresponsalía como género periodístico de elite. Durante veintiséis años sus crónicas ayudaron a madurar políticamente a centenares de miles de españoles, interpretando el mundo con el más inteligente liberalismo y luchando con sutilezas escritas entre líneas contra los recelos antidemocráticos del poder. N Durante veintiséis años sus crónicas ayudaron a madurar políticamente a centenares de miles de españoles, interpretando el mundo con el más inteligente liberalismo y luchando con sutilezas escritas entre líneas contra los recelos antidemocráticos del poder En 1964, un gobierno español muy mal informado quiso que ABC retirase a su corresponsal en Washington porque Massip vaticinaba el fracaso que iba a experimentar el ultraconservador Barry Goldwater frente a Lyndon Jonson en las elecciones presidenciales norteamericanas. Massip vino a Madrid e informó al desinformado ministro de Información de la nula capacidad de Goldwater para llegar a la Casa Blanca. Para Franco y su gobierno, Goldwater era la imagen del más deslumbrante anticomunismo, el hombre capaz de afirmar que el extremismo en la defensa de la verdad no es un vicio; la moderación en la búsqueda de la justicia no es una virtud Pocas semanas después, Goldwater protagonizó la más espectacular derrota que recuerda la historia electoral de los Estados Unidos. Cuando llegó a este periódico en 1947, Massip traía muchos saberes y experiencias, algunas muy amargas. Había sido, en los años veinte y treinta, uno de los mejores periodistas en catalán. De ahí había saltado a la política dentro de las filas de Ezquerra Republicana, como director de dos de sus periódicos, diputado en el Congreso y redactor de los discurso de Lluís Companys. Como a tantos periodistas de su tiempo, la vocación política les llevó al fracaso. Hastiado de la guerra civil marcha a París en 1938, y de ahí, en largo salto, llega a Manila, donde vuelve al quehacer periodístico como director de El Debate Prisionero durante la invasión japonesa logra unirse a las fuerzas victoriosas del general Douglas MacArthur y asiste en la cubierta del acorazado Missouri a la firma de la rendición japonesa por parte del Emperador Hiro Hito. l fichaje de José María Massip por ABC fue uno de los más importantes de la ya centenaria historia de la Casa, y una muestra de la capacidad de Juan Ignacio Luca de Tena para superar, en años muy duros, los enfrentamientos de la guerra. En aquella Redacción supervigilada por el ojo político del régimen a causa de su adscripción monárquica trabajaban tres periodistas que habían sido gobernadores civiles con la República, Luis de Armiñán, Antonio Rodríguez de León y Pedro Masa. l principal beneficiario de la llegada de Massip fue el ABC, que durante veintiséis años pudo disfrutar de los más clarificadores análisis de la situación política mundial. Pero este periódico tiene una deuda con Massip: el Premio Mariano de Cavia. Quien durante un cuarto de siglo escribió miles de crónicas, la mayor parte de las cuales tenían calidad sobrada para obtener el más importante galardón del periodismo español, murió sin el premio. Una selección de las crónicas de Massip en ABC podría alumbrar un lúcido análisis de la historia política de la segunda mitad del siglo pasado, a la altura de los libros publicados por otros grandes analistas mundiales. E E