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62 MADRID DOMINGO 9 s 12 s 2007 ABC La sensación de la temporada son los sombreros de reno, que han conseguido superar a las pelucas Los turistas soportaron colas de más de 200 metros para comprar lotería en Doña Manolita El mercadillo de productos navideños de la Plaza Mayor estuvo lleno todo el día debido a la gran afluencia de visitantes Colapso en la Plaza Mayor Miles de personas aprovecharon ayer el día festivo para acercarse al centro y visitar el mercadillo navideño de la Plaza Mayor. La afluencia de público fue tal que algunas familias tuvieron que hacer cola en las calles aledañas para acceder al histórico espacio POR LETICIA TOSCANO FOTOS: JAIME GARCÍA MADRID. Desafiando a la niebla y al intenso frío que azotaba ayer la capital, miles de personas se acercaron al centro de Madrid dispuestas a disfrutar de una jornada plenamente navideña. En la agenda, los puntos señalados no tenían discusión: puestos de la Plaza Mayor, lotería, Cortylandia algún Belén y, para terminar, un buen bocadillo de calamares. Pero la afluencia de gente fue tal que muchos desistieron de sus planes iniciales y optaron por actividades alternativas. Y es que si algo caracterizó el sábado festivo en el centro no fue el frío, sino las interminables colas que había que soportar para llevar a cabo cualquier propósito. En torno al mediodía cientos de personas bajaban de los trenes del Metro en la estación de Sol como si se tratase de la hora punta de un día laborable. A la salida, era prácticamente imposible andar sin chocar con alguno de los viandantes o pisar los objetos de los manteros que desafiaban la vigilancia policial. Allí, en la propia Puerta del Sol, decenas de ciudadanos abarrotaban la tradicional pastelería de La Mallorquina para conseguir dulces navideños mientras que, justo enfrente, varias loteras trataban de vender décimos en mitad de la calle, sobre todo a los turistas, aunque la mayoría denegaba la oferta y optaba por comprar la suerte en Doña Manolita En esta administración de lotería, situada en plena Gran Vía, había a media mañana una cola de gente que superaba los 200 metros, Pero, sin duda, el lugar que atraía incesantes riadas de personas era la Plaza Mayor. Nadie quería perderse el mercadillo navideño que popularizó la película La gran familia en los años sesenta. El problema era llegar hasta allí. La calle de Postas, el acceso más cercano desde la Puerta del Sol, estaba totalmente colapsada, hasta el punto que muchas familias tenían que esperar pacientemente a que otros abandonaran la plaza para poder visitar los comercios. Las principales beneficiadas fueron, cómo no, las estatuas humanas, que en estas fechas se multiplican por la capital. Las más observadas ayer fueron las versiones dorada y plateada de El Quijote, mientras que un Charles Chaplin metalizado y un porteño abrazado a una farola a ritmo de tango se mantuvieron en un segundo plano. Una vez dentro de la Plaza Mayor, los protagonistas no fueron ni los belenes ni los árboles de Navidad, sino los múltiples disfraces que se ponen a la venta en los puestos. Esta temporada la sensación son los sombreros de reno, que han conseguido desbancar a las pelucas que hicieron furor años anteriores. Son graciosos y te calientan la cabeza explicaba Javier, un malagueño que reconoce que en su tierra natal no se atrevería a ir de esa guisa por la calle. Entre los vendedores reinaban los rostros sonrientes ante la gran afluencia de público: Cuanto más vengan, más negocio comentaba un hombre al tiempo que aseguraba que el musgo que vendía para el Belén estaba sacado directamente del estadio Santiago Bernabéu El colapso que sufrió el mercadillo afectó también a los bares de los alrededores, en los que conseguir un bocadillo de calamares se convirtió en una misión imposible Pero nada parecía amargar el día a los miles de turistas que campaban felices por el centro: Si no podemos comer aquí, ya buscaremos otro sitio afirmaba Carmen, que ha venido con su familia desde Asturias. Y es que, a pesar de las aglomeraciones, el buen ambiente reinó ayer en las calles de la capital. Los visitantes estaban dispuestos a aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece Madrid y los comerciantes, deseando satisfacer sus necesidades en una época en la que los negocios de la zona tienen más clientes de lo habitual. Todos, menos la sala X de la calle Postas donde, curiosamente, el espíritu navideño no atrae a más espectadores. Bocadillo de calamares Acceso a la estación de Sol, completamente lleno al mediodía