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58 MADRID www. abc. es madrid DOMINGO 9- -12- -2007 ABC Al acecho de los vuelos calientes Sin su labor, en España habría cada año más de tres toneladas de cocaína campando a sus anchas. Son los agentes de la Guardia Civil que trabajan en las aduanas del aeropuerto de Barajas, una brigada antivicio a la que cada vez resulta más difícil engañar POR CARLOS HIDALGO FOTOS DE SAN BERNARDO MADRID. Doce del mediodía de una mañana de viernes. A esa hora, los llamados vuelos calientes los que son susceptibles de albergar en su interior a las mulas o correos de la droga, casi se solapan en el aeropuerto de Barajas. Los agentes de la Guardia Civil destinados al aeródromo madrileño están ya de vuelta. Por eso, cuando un joven suramericano con una pesada maleta muestra un mínimo indicio de sospecha, le piden que les acompañe al pasar por la aduana. El nerviosismo del chico va en aumento conforme profundizan en el registro de su equipaje. Pero los agentes no tardan en sospechar que el color cada vez más cetrino de su tez puede tener una razón puramente orgánica; uno de los funcionarios le da la espalda y hace una elocuente seña a un compañero: se lleva un dedo índice al estómago, repetidamente. Sin duda: se trata de lo que en el argot se denomina un bolero una persona contratada para traer droga en forma de bellotas en su estómago, por ejemplo, a cambio de unos miles de dólares o euros. El protocolo de actuación en estos casos de sospecha especifica que hay que trasladar al individuo al servicio de Radiología de la Agencia Tributaria. Aunque nos encontramos en la aduana de la Terminal 1, por problemas técnicos coyunturales, hay que llevar al sospechoso a otra terminal, la 4, para realizarle una radiografía. De cualquier modo, ese es un paso que no se da con todos los sospechosos. La Guardia Civil de Barajas trabaja con diferentes filtros en sus operaciones contra el tráfico de estupefacientes en el aeropuerto. A grandes rasgos, la línea de actuación viene a ser la siguiente. Llega un vuelo, se descargan las maletas y, una vez en tierra, llegan a las cintas transportadoras, de donde las recogen los pasajeros, a excepción de que se trate, claro está, de un vuelo en tránsito. En numerosas ocasiones, antes de que los bultos lleguen a manos de sus propietarios, ya han pasado por uno de los escáneres móviles, introducidos en furgonetas, con los que se analiza el contenido. Es, por decirlo de algún modo, el primer filtro. Si se encuentra algo extraño, se pide al dueño que abra las maletas, ya que los agentes nunca lo hacen. Uno de los servicios de lujo son los que proporcionan los guías caninos, los perros especialistas en la detección de estupefacientes. No pueden estar trabajando continuamente, para que sus cualidades olfativas no mermen. Por eso, se reparten por varios vuelos. Otro filtro: la psicología. Tal y como suena. Los agentes que trabajan en la aduana de Barajas no dudan en definirla como una de las herramientas principales de las que se valen. A los sospechosos les preguntas de dónde vienen, a dónde van, cuánto dinero traen, cómo han pagado el billete... -explica uno de los guardias civiles de Barajas- Conversas con ellos, y lo importante no son tanto las respuestas, sino cómo reaccionan Luego viene el análisis del contenido de las maletas a través del escáner de rayos X. Las más dudosas son las que se abren y se registran. Claro está que no todo es psicología y se trabaja con datos objetivos. Los vuelos calientes por ejemplo, suelen siempre provenir de los mismos países y ciudades: México, Santo Domingo, Buenos Aires, Lima, Quito, Guayaquil, Bogotá, Panamá, Dakar, Mali, Gambia... También hay una franja horaria- -de siete de la mañana a siete de la tarde, aproximadamente- -y épocas del año más trabajosas, como noviembre, puesto que es el mes de octubre el de la recolección de la coca. Yo aquí he visto de todo: desde un individuo disfrazado de obispo, que tenía dobles fondos en la ropa para esconder la droga, a cocaína metida en los tubos de una silla de ruedas, en trajes de toreros, en un tablero de ajedrez... -explica un agente- En cuanto a las edades, hay gente tanto de 20 años como de 76. Se ha dado el caso de una familia, padre y madre, que, aparte de ellos, también su hija de 9 o 10 años, traían droga en el estómago Y es que el caso de los boleros es el más llamativo. Hay una amplia variedad. Desde gente que se traga las bellotas -suelen envolverse con preservativos- -a personas que las esconden en el ano o en la vagina. La última la vi ayer, una mujer que llevaba 69 bolas de cocaína en el estómago y otros 400 gramos en la vagina Psicología, mucha psicología La perrita Canela una bolera Ocurrió el 2 de abril de 2004. La Guardia Civil descubría dos perros boleros En vez de hacerles tragar la droga, les habían introducido las bellotas perforándoles el estómago. Esta es la radiografía de Canela bautizada así por los funcionarios debido a su color. Guardias civiles y médicos para 3,5 toneladas de coca Aunque la plantilla no está al cien por cien, en el aeropuerto de Barajas hay un catálogo de 600 agentes de la Guardia Civil, de los que aproximadamente 350 se deben dedicar al narcotráfico y al control fiscal de la aduana. Además, sólo en la T- 1, entre el personal de la Agencia Tributaria se encuentran un médico y dos especialistas en Radiología, encargados de las radiografías de los sospechosos y de tratar médicamente a los boleros especialmente. La labor conjunta de estos funcionarios hace posible realidades como que, hasta mediados de noviembre, la Guardia Civil se haya incautado de 3.153 kilos de cocaína en Barajas, con 803 detenidos. Una cifra que va marcando un récord año tras año, si tenemos en cuenta que en todo el año pasado se incautaron de 3.317 kilos (752 detenidos) y, el inmediatamente anterior, de 2.129 y 627 arrestos.