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38 INTERNACIONAL DOMINGO 9 s 12 s 2007 ABC El otro lado oscuro de la ocupación Lavar cadáveres de palestinos muertos, ocultar informes de abusos, ver torturas. Las mujeres soldados de la Intifada han contado años después su viaje al infierno, retrato de un trauma generacional POR LAURA L. CARO CORRESPONSAL HAIFA (ISRAEL) Meytal Sandler dice que lo hizo sin pensar. Parte de su trabajo como oficial médico en la unidad del Ejército israelí que operaba en Hebrón era lavar a fondo los cadáveres de los palestinos para que no quedara rastro de los abusos que les habían llevado a la muerte. Era su rutina. Hasta que un día algo muy divertido ocurrió- -recuerda- tenía una erección, un cuerpo con una erección, y la gente se rió un poco porque era embarazoso Otras militares se acercaron también a verlo, una de ellas con una cámara, y entonces Meytal le pidió ¡Eh, sácame una foto! Nunca contó a nadie lo de aquel posado macabro que la ha torturado sin descanso desde entonces. ¿Quién querría enfrentarse a la maldad que lleva dentro, a la alienación? se pregunta avergonzada. Pero, años después, ha buscado la foto para fijarse en un detalle espantoso: Quería ver si estaba sonriendo Esa frase de la ex soldado Meytal Sandler ha dado título al último documental de la directora israelí Tamar Yarom, Lir ot im ani mehayekhet Ver si estoy sonriendo una cinta galardonada con el premio a la Mejor Película Dramática en el festival de cine de Haifa, y ya emitida por el Canal 10 de la televisión hebrea, que habla del otro lado oscuro de la ocupación. El del impacto del horror en la generación de reclutas de entre los 18 y los 21 años que fue destinada a los territorios en Unidades de Combate durante los primeros años de la Segunda Intifada. Un viaje al infierno del remordimiento, la angustia y la obsesión tejido a través del testimonio de seis mujeres- -seis jóvenes, casi adolescentes entonces- que actuaron en segunda línea de operaciones y que han roto el silencio atávico que rodea el servicio militar obligatorio en Israel para descubrir lo que Mujeres soldado israelíes, en posición de descanso después de una sesión de entrenamiento de combate está pasando. Este país está en coma. Con todas esas bombas y ataques, estamos entumecidos- -ha señalado la cineasta- La fuerza de la película reside en el modo en que muestra lo que ocurre a un ser humano bajo la presión de ese entorno perverso Criticada por dejar el sufrimiento de los palestinos en un segundo plano y presentar a sus protagonistas como las víctimas del conflicto, Yaron defendía en unas declaraciones con el diario hebreo Haaretz que su trabajo no pretende tomar postura política. Sino provocar un examen de conciencia en el Estado judío y animar a otros ex soldados traumatizados a hablar de la violencia que pudieron infligir o de la que fueron testigos para así acabar poniendo a esa sociedad frente a un espejo al que no quieren mirar Por ejemplo, el espejo de su propia experiencia, narra la directora, de cómo regresó siendo una persona diferente de su servicio en los territorios. Primera Intifada, Gaza, 1989, cuando una noche un compañero la llevó hasta el sótano de un edificio abandonado en el que yacía un palestino moribundo, cuya cabeza ensangrentada se sacudía espasmódica desplomada contra un viejo generador que bramaba ruidos infernales. Dos décadas después, dice, la mirada de aquel hombre agonizante está grabada en cada célula de mi ser, como la víctima de una crueldad que no sabía que existía Tamir Yaron preguntó sobre lo que había visto a su comandante, que amablemente le invitó a que no se metiera en asuntos que no eran de su competencia. A Dana Baher la denuncia le costó más caro: era oficial de Educación en el 50 Batallón de Paracaidistas Nahal, y reveló a su mando cómo los chicos de una compañía recién llegada de Qalquilia se jactaban delante de ella de haberse traído de las casas palestinas en las que habían irrumpido algún que otro souvenir Tales como coranes y rosarios islámicos. Su jefe prometió estar pendiente, pero no evitó que ella fuera humillada e insultada durante meses, acusada de soplona Los saqueadores escupían a su paso cuando se cruzaban con ella en el cuartel. Dana tiene hoy muchas horas de terapia psiquiátrica y 26 años; entonces tenía 19. También vio a sus colegas hacerse fotos con los muertos, dar patadas a un palestino maniatado al que antes habían aplastado un yogur en la cara. En 8 meses preparó y asistió a los funerales de 38 compañeros, a veces le tocó incluso ir a los hogares de los fallecidos a dar la noticia. A esa edad eres un niña, pero AP Horror desnudo Una noche vio un palestino moribundo, cuya cabeza ensangrentada se sacudía espasmódica. Dos décadas después, aquella mirada sigue grabada en cada célula de mi ser Dana tiene hoy muchas horas de terapia psiquiátrica y 26 años; entonces tenía 19. También vio a sus colegas hacerse fotos con los muertos o dar patadas a un palestino maniatado Un yogur en la cara Su propia experiencia sometida a cosas horribles. No quiero hablar mal del Ejército, creo que cada uno hacía lo que podía por seguir siendo humano, pero era una guerra... en mi caso, mi lealtad al país y a mis amigos entró en conflicto con mi moral relata la joven en su Haifa natal, ante la mirada atenta de su madre. Si las familias no tienen más opción que mandar a sus hijos a filas, -advierte- -tienen derecho a saber que algo malo sucede allí dentro... El Ejército se esfuerza porque no ocurra, pero ocurre El testimonio de Inbar Michelzon lo contradice cuando explica el día en que su propio comandante pidió rehacer antes de que llegara a los medios un informe sobre un palestino de 13 años al que los militares golpearon y quemaron los brazos con cigarrillos junto a un puesto de control. Inbar nunca lo delató por miedo. Es muy duro mirarte a ti misma y entender que no eres la persona que creías. Yo llegué al Ejército procedente de un movimiento juvenil que promovía el valor del ser humano, y me llevé una bofetada en la cara. Cuando vi la película no pude parar de llorar. Lloré por lo que hicimos... Dios mío, ¿qué hicimos?