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ABC DOMINGO 9 s 12 s 2007 La ofensiva etarra s Análisis ESPAÑA 21 LA BUTACA VACÍA Se mire por donde se mire, el jefe del Gabinete habría tenido que presidir un acto que es resultado directo del fracaso de su política gravedad de la interpretación rival, no está de más poner los acentos donde conviene. Para que una apelación a los valores democráticos saque a la gente de su casa, es preciso que se cumplan tres condiciones. La primera de ellas, es que se suba a la tribuna el emisor natural del mensaje. Si Churchill, a comienzos de la Segunda Guerra, hubiese hablado a los británicos a través de un secretario o de su señora, los alemanes no habrían tardado dos semanas en obtener la capitulación de Inglaterra. Digo esto, porque resulta inaudito que Zapatero, jefe del Gobierno y protagonista principal de la réplica del Estado al desafuero de Capbreton, no haya asistido a la manifestación. El error ha sido mayúsculo, política y moralmente, y pasará factura al presidente. El segundo requisito se refiere a los contenidos. El lema elegido por los convocantes era correcto, pero estaba calcado del que días atrás había ridiculizado José Blanco en sus escaramuzas con la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Esto ha operado negativamente en la izquierda de a pie. ¿Cómo entusiasmarse por un llamamiento que se parece al usado por el enemigo, cuando el propio jefe, para colmo, ha tomado las de Villadiego? Pocos, muy pocos, estuvieron dispuestos a echar la tarde en apoyo de una causa acéfala, amén de desubicada. Tampoco acompañó, por desgracia, el contexto. Fueron dos, sobre todo, las circunstancias agravantes. La semana anterior, el conglomerado que ha apoyado al Gobierno se negó a revocar el decreto parlamentario que había señalado el comienzo de las negociaciones con ETA. Esto quitaba autoridad a la mayoría de los partidos, por lo menos a ojos de la derecha. Peor ha sido que entre los firmantes de la convocatoria estuviese el PNV es decir, la formación que, apenas cometido el asesinado, no estimó necesario exigir el cese de la violencia para asumir el plan Iba- Álvaro Delgado- Gal l último atentado de ETA, y la unánime repulsa de los partidos, habría debido convocar en las calles de Madrid a un número ingente de ciudadanos. Sin embargo, la manifestación del martes no atrajo arriba de unos cuantos miles. La desproporción aparatosa permite hablar, por tanto, de un desastre democrático. El desastre- -no valen eufemismos- -autoriza dos interpretaciones distintas. Según la primera, los españoles han dejado de identificarse con las instituciones y quienes las representan. Conforme a la segunda y menos desesperanzada, falló el contexto y fallaron algunas personas. Estimo que la segunda interpretación es la buena, y que, dada la E rreche. La cosa sonó a fingida, impostada, poco seria. Y la derecha se quedó en casa, alentada además por el desistimiento previo de la AVT y del Foro Ermua. Lo más extraño de todo, junto a la inhibición de Zapatero, ha sido la pasividad del PSOE. Ninguna manifestación fracasa del todo, si los partidos se movilizan. Es comprensible que no lo hiciera el PP Prime. ro, porque la iniciativa correspondía al partido que gobierna. Segundo, porque un éxito clamoroso habría colocado en manos de los socialistas una causa que hasta ahora ha sido de los populares. El PP cumplió personándose en la figura de su jefe y de la plana mayor del partido. Arrimar más el hombro, habría supuesto un idealismo y una generosidad No es raro que el hombre que se negó a asumir sus responsabilidades tras la ruptura del alto el fuego se resistiera a testimoniar que se ha equivocado, de medio a medio que ya no se estilan en política. Lo del PSOE, sin embargo, es incomprensible, y sólo se explica aplicando la hipótesis del desánimo. Cuando el capitán se cae del caballo, la infantería vuelve las espaldas y se desbanda. Queda aún por dilucidar por qué Zapatero cometió el dislate de dejar vacía su butaca. En mi opinión operaron, a la par, la soberbia y una inquietante fragilidad. Se mire por donde se mire, el jefe del Gabinete habría tenido que presidir un acto que es resultado directo del fracaso de su política. No es raro que el hombre que se negó a asumir responsabilidades tras la ruptura del alto el fuego, se resistiera a testimoniar, con su presencia, que se ha equivocado de medio a medio. Aparte de esto, no ha querido soportar los silbidos y destemplanzas de los exaltados. Es probable que algunos cortesanos oficiosos le hayan aconsejado no ir. Y que Zapatero haya cometido el error de confundir su deber, con las recomendaciones de los que son expertos en decir lo que saben que el príncipe quiere escuchar. Sea como fuere, el papelón del martes revela que las trampas terminan por salir caras, tarde o temprano. El ágora se ha quedado desierta. No hay guión. No hay voz.