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ABC DOMINGO 9 s 12 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA ¿CORTES CONSTITUYENTES? los treinta años se es muy joven para un lifting, salvo que se trate de una Constitución española. Cuando la del 78 cumpla los diez trienios, el año que viene, estará probablemente sobre la mesa del Congreso a la espera del bisturí de unos cirujanos plásticos que acaso no se hallen de acuerdo sobre el tratamiento a emplear para rejuvenecerla. La ¿primera? legislatura zapaterista le ha descoyuntado el esqueleto, envejecido las facciones y hasta reventado las costuras, pero el diagnóstico de reconstrucción no parece claro. Hay algunas propuestas y muy poco consenIGNACIO so, y da la impresión de que CAMACHO la necesidad de la reforma ha surgido más de su incumplimiento que de su caducidad. Si el Gobierno hubiese utilizado el poder para cumplir la responsabilidad de poner diques al desafío nacionalista, limitándolo al marco constitucional vigente en vez de ayudarle a buscar sus fisuras para colarse por ellas, es posible que nadie estuviera ahora planteando un programa constituyente para reforzar la cohesión del Estado. El papel del Senado o la actualización de las disposiciones sucesorias de la Corona siempre han estado ahí como cuestiones susceptibles de actualización puntual, pero de ningún modo urgentes ni mucho menos esenciales. Ha sido la deslealtad de los nacionalismos, aliada con la temeraria complacencia gubernamental, lo que ha provocado un clamor reformista. Pero ojo, porque esa atmósfera discrepante impide por sí misma el acuerdo necesario para alterar una Carta Magna, y sobre todo porque cuando se abre un proceso de esta naturaleza en un clima crispado es imposible saber cómo puede acabar; no sería la primera vez que se empieza por unos retoques y se concluye en un proyecto de nueva planta. Lo primero que conviene preguntarse antes de poner en marcha un mecanismo de imprevisible control es si merece la pena. Incluso quienes estamos de acuerdo en la idea de sujetar la diáspora de competencias y unificar el carajal autonómico deberíamos pensar si es mejor una nueva Constitución con un apoyo del 80 por 100 (el de los dos grandes partidos, en el caso más optimista) o una vieja respaldada por el 95. Las reglas de juego valen tanto más cuanto más gente las acepta, y el mérito del texto del 78 fue su alto nivel de consenso, aunque se basara en una buena fe que ahora mismo está rota. Sin duda a la mayoría nos gustaría poner límite a la ambición de los nacionalistas, pero nadie debe olvidar que, aunque a muchos de ellos les pese, también son españoles y han de habitar en el mismo marco de convivencia que el resto. Quizá antes de abordar una reforma de la Constitución del 78 habría que tratar de agotar el modo de cumplirla y hacerla cumplir, que es lo que no se ha hecho en estos cuatro años. Luego hablaríamos. Pero, con todo, si las próximas Cortes van a ser constituyentes sería necesario que nos lo dijeran. Hasta ahora, sólo lo han planteado el PP y la minoritaria UPD, y con ellos dos solos no hay consenso nacional. El juego limpio democrático empieza por poner las cartas sobre la mesa. Antes de las elecciones; después es trampa sacarse comodines de la manga. A EL CHISME, NUEVA FIESTA NACIONAL PRENDÍ la palabra, como tantas otras tan gaditanas, de Pemán. En su obra teatral La viudita naviera Que vi muchísimas veces, por Analía Gadé y Juan Carlos Thorry. Yo creo que he visto La viudita naviera más veces que mi paisano Alfonso Guerra Muerte en Venecia que ya es decir. Total, muerte en Venecia o vida en Cádiz, primas hermanas, serenísimas ciudades que se casaron con la mar y que la mar las dejó, como a la Cuna de la Libertad, viudas. En La viudita Pemán sacaba a una chirigota a modo de coro del teatro griego. Harto de traducir a Esquilo para José Tamayo en el teatro romano de Mérida, Pemán decidió hacer teatro griego con la vida cotidiana del Gades del XIX. Que narraba una chirigota que en la ficción teatral se llamaba Los Chismosos y que en la vida real era nada menos que la comparsa de Paco Alba. Los Chismosos se presentaban así: Somos los chismosos que saben más chismes en esta ciudad, sabemos las cosas que pasan, y las que van a pasar, y las que nunca pasaron, ni pasarán Y en esta copla daba Pemán una definición del chisme que, como todas las de su propio Diccionario de la ANTONIO Guasa Gaditana, superaba ampliamenBURGOS te la entrada de DRAE. Para el DRAE, chisme es noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna Pemán lo solucionaba con la genialidad de una imagen poética: El chisme es como un jazmín que se convierte en palmera Bueno, pues el jazminero de los chismes de España lo tenemos convertido en tal palmeral, que ríete tú de Elche. Del palmeral de los chismes viven las televisiones. Cronista de la Corte hay, que mucho presumir de no ser cortesano pero que supera ampliamente a Los Chismosos pemanianos. Es más de chirigota todavía: sabe las cosas que pasan, las que van a pasar, las que nunca pasaron ni pasarán y las que por co... ronas tienen que pasar, para que él siga haciéndose rico potrico en su chismorreo pseudomonárquico de los platós que le llenan el pla- EL RECUADRO A to. Esto por la parte de los palacios. Que por la de las cabañas, ni te cuento. Toda pelandusca que se pasó por la piedra a futbolista de tronío o torero de fama alcanza inmediatamente la calificación de famosa. Cría fama y échate a dormir, no. Tras yacer con famoso, échate a recorrer platós cobrando, que te harás rica, rica. El chisme es una industria nacional de la que viven las televisiones privadas, con profesionales de la conversión de jazmines en palmeras no dactilíferas, sino euríferas y auríferas, generadoras de fortunas para sus bolsillos. Si al menos hubiese un cortafuegos de la mierda (por decirlo con palabra de Hugo Chávez) en las televisiones públicas... Pero la antigua televisión- basura, convertida en una mierda de televisión con programas de mierda, es también el fin escatológico (y nunca mejor dicho) de las televisiones publicas. Empezando por TVE. Que según el mandato parlamentario con nombre de presidente filipino paisano de la Preysler, el Mandato- Marco, acaba de suprimir toda partida económica para la Fiesta Nacional. Ea, aquí de toros no sale ni el del coñá, porque la publicidad del brandy de Jerez también está prohibida. Bien mirado, hacen bien los del Mandato- Marco al mostrarnos el verdadero cuadro de la colectiva degeneración moral de España. La Fiesta Nacional ya no son los toros. La nueva y verdadera Fiesta Nacional es el chisme, el cotilleo, el espectáculo de desvergüenza en el que se suelen llamar del corazón a los asuntos de la entrepierna y de la absoluta falta de moral. Antes, para hacerse ricos, los chavales querían ser toreros. Ahora, para hacerse ricas, las chavalas se acuestan con un torero, que les hace una barriga y ya están toda su vida viviendo de contarlo en la tele. Privada o pública, da lo mismo. No sé de qué protestan los taurinos. La verdadera Fiesta Nacional no son los toros: es el famoseo del corazoneo tomatero. Del pan y toros hemos pasado a televisión y corazoneo Eso es lo que enajena al pueblo, para sosiego de gobernantes. El único problema va a ser como el Mandato- Marco prohíba también que esos hombres- anuncio llamados toreros mediáticos en cuanto toreros, salgan en la para ellos rentabilísima boñiga ambiente del corazón de verano y corazón de otoño, pero siempre corazón de mierda.