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4 OPINIÓN DOMINGO 9 s 12 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro ASOCIACIÓN ESTRATÉGICA CON ÁFRICA ACÍA siete años que no podía celebrarse una reunión entre la Unión Europea y los países africanos, y eso es algo que se ha notado en la cumbre que se celebra en la capital portuguesa. A catorce kilómetros de Europa, el continente negro representa un elemento estratégico de primer orden y no es posible proyectar a Europa en el futuro sin tener en cuenta lo que sucede en un entorno tan cercano y con el que tantos intereses comunes nos unen. En estos siete años se han producido grandes transformaciones en el mundo que han afectado a África de una forma muy particular y en muchos casos eso ha sucedido en una dirección en la que Europa ha estado sencillamente ausente. Efectivamente, algunos creen que ha sido un error mantener este tipo de reuniones subordinadas a lo que sucedía con un caso concreto como el de Zimbawe y con las violaciones de los derechos humanos por parte de su presidente, Robert Mugabe; pero mayor error ha sido aún dejar hibernadas las relaciones con los demás países africanos que se esfuerzan por progresar y mejorar sus sistemas políticos, sólo porque Europa no podía celebrar una reunión con todo el continente. En África empieza a haber países que tienen gobiernos de alternancia democrática, que logran asentar instituciones políticas respetuosas con los derechos humanos y que merecerían un mayor apoyo que recompensase en todos los sentidos este esfuerzo. La mayor evidencia de que Europa no ha sabido ver que las cosas han cambiado en África es la progresión de la penetración económica de China y la India en un mercado que tradicionalmente era casi exclusivamente europeo. Europa sigue siendo el primer socio comercial de África, pero este continente no representa más que el nueve por ciento del comercio europeo. Mientras Europa tropieza en los viejos esquemas burocráticos, los productos de las dos grandes economías asiáticas invaden África y sus empresas consolidan sus posiciones en los estratégicos mercados de las materias primas. Europa está obligada a hacer frente a los efectos dramáticos de la emigración ilegal, mientras que China obtiene grandes negocios sin anteponer pregunta alguna sobre el respeto a los derechos humanos. El gran desafío de Europa sigue siendo afrontar esta situación sin renunciar a nuestros principios, precisamente porque para nosotros sí importa- -y mucho- -que nuestros vecinos inmediatos consoliden sus estructuras institucionales en un marco estable y democrático, sin por ello olvidarnos de la realidad que representa la emergencia del potencial económico de China en estos tiempos de globalización. A veces será necesario decir las cosas con toda claridad y en otras será mejor no celebrar reuniones para no estrechar la mano a quienes la tienen manchada de sangre. Pero no se puede cometer el error de dejar abandonada a África a su suerte. O dicho de otra manera, abandonada al pragmatismo indiferente de China. H AL PSOE NO LE SALEN LAS CUENTAS UANDO José Luis Rodríguez Zapatero advirtió hace semanas a la cúpula de su partido de que las elecciones no están ganadas no sólo hizo un ejercicio tópico contra el exceso de confianza, sino que, cosa insólita, asumió la realidad social tal y como es en la actualidad. El estudio detallado que hoy publica ABC sobre los datos internos del último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas, dependiente del Ministerio de la Presidencia, demuestra que Zapatero tenía motivos para hacer aquella advertencia y también para haber emprendido esta urgente operación estética de centrismo en la que está embarcado el Gobierno. La corta distancia que separa al PSOE del PP- -sólo un 2,3 por ciento- -es menos importante que otros datos que alarman a los socialistas. Por lo pronto, la participación estimada según ese sondeo sería del 77 por ciento, similar a la del 14 de marzo de 2004 y, por tanto, difícilmente repetible en 2008. Dado que el Partido Popular mantiene una fidelidad de voto superior al 82 por ciento de sus votantes, mientras la de PSOE no supera el 75 por ciento, cualquier variación abstencionista hace temblar las expectativas socialistas de renovar su victoria electoral. Además, por vez primera se ha constatado la disposición de una parte de votantes socialistas- -el 5 por ciento- -a dar su voto en 2008 al PP mientras en torno al 16 por ciento ha decidido no votar o votar en blanco. Estos datos ofrecen muchas lecturas y el problema del PSOE es que tiene poco tiempo para rectificar. Los golpes del terrorismo y el empeoramiento del nivel de vida de los españoles- -al margen de la macroeconomía en la que se refugia el Gobierno- -convierten en muy vulnerable cualquier iniciativa socialista por afrontar el fin del mandato con comodidad. La razón fundamental de que los socialistas estén apurados es que han fracasasado en el eje de su legislatura, que era la estigmatización política y moral del PP El PSOE creyó que podía prolongar el ambiente de la jor. nada electoral de marzo de 2004 durante toda la legislatura con una movilización constante de la izquierda y un acoso paralizante a la derecha. El PP ha sabido salvar esta ence- C rrona que pretendía el PSOE y no sólo no es el partido marginal que quería Zapatero, sino que además capta votos en el defraudado y desmotivado caladero socialista. Por otro lado, está pasando factura también la política extremista del PSOE en este mandato. No sale gratis pactar con Esquerra Republicana de Cataluña, ni jalear a los extremismos de la izquierda y del republicanismo, ni negociar clandestinamente con Batasuna y ETA, ni hacerse aliados con autócratas como Chávez, ni poner en riesgo la viabilidad del Estado, ni desestabilizar las instituciones del Estado de Derecho. Todo esto se puede hacer y Zapatero lo ha hecho, pero a costa de asustar a una parte del electorado de 2004 que lo apoyó por el impacto emocional de los atentados del 11- M, sin pensar en las consecuencias del cambio político. El Gobierno no ha dado tranquilidad. Ha sembrado mucha discordia y, lo que es peor a ojos del ciudadano, no ha resuelto problemas. Ahora las encuestas empiezan a reflejar los efectos de esta legislatura y son estos datos de desafección de los electores moderados los que han hecho que Zapatero improvise la supresión del impuesto sobre el patrimonio y el fichaje de Solbes y Bono, quienes, aun presentados como aparentes garantías de moderación, lo cierto es que poca renovación pueden encarnar, pues han participado, como los demás ministros, en las decisiones más negativas del Gobierno sobre el diálogo con ETA, la negociación y aprobación del Estatuto de Cataluña y, en general, la estrategia de frentes contra el PP. Por su parte, el PP cuenta con la ventaja de que los acontecimientos le han dado la razón y de que, al margen de cuestiones de forma o discurso, sus diagnósticos han sido acertados. Esta ratificación política no va a acompañada por un progreso similar en la valoración de Mariano Rajoy, quien sigue encontrando resistencias en amplios sectores del electorado. A pesar de todo, está claro que muchos electores han aprendido separar sus simpatías personales de sus opiniones políticas y esta es una baza de Rajoy y un paso atrás para la estrategia socialista. EL ABORTO, UN FRACASO COLECTIVO ERECEN una profunda reflexión los datos sobre la práctica del aborto en España que hoy publica ABC. La expectativa de que en España pueda cerrarse el año con una cifra próxima a los 110.000 abortos, con un incremento estimado del 17 por ciento respecto al año anterior, demuestra una progresiva y preocupante aceleración de esta dramática estadística. A este ritmo, pronto habrá más del doble del número registrado hace diez años. Las cifras crecen en todas las comunidades autónomas, aunque se percibe una concentración de estas prácticas especialmente en Cataluña y también en Andalucía, Comunidad Valenciana, Madrid y Aragón. Es muy preocupante el crecimiento a ritmo acelerado en la franja de edad entre 15 y 19 años, es decir, mujeres que se encuentran en la adolescencia y la primera juventud. La introducción en su día de los tres supuestos de despenalización en el Código Penal, matizados por la sentencia del Tribunal Constitucional, parece ya superada por la realidad social. Es fácil constatar que muchas prácticas abortivas se desarrollan al margen de la ley, incluso en su interpretación más amplia posible. Como ocurre con alguna frecuencia en determinados indicadores sensibles de nuestra sociedad, hemos pasado de un extremo a otro: el escándalo de las clínicas de Barcelona ha destapado la existen- M cia de verdaderas atrocidades, a la vez que se constata que España es hoy día el destino de muchas mujeres que no pueden abortar legalmente en su país de origen. La rigidez en la aplicación de la ley y la tolerancia cero que el Gobierno impone en materias como el tabaco o la seguridad vial, parecen convertirse en permisividad absoluta cuando se trata del aborto. Miles de seres humanos no llegan a nacer a la vida extrauterina por causa de una legislación que se aplica de forma laxa y, en algunos casos, con un incumplimiento flagrante de los requisitos exigidos. El aborto no es moderno ni progresista, sino un reflejo del fracaso de los principios morales que vertebran la convivencia. La situación es peor todavía si no se cumplen las reglas que impone el ordenamiento jurídico y si las mujeres más indefensas son víctimas de desaprensivos que explotan esa debilidad para enriquecerse con negocios turbios. Los poderes públicos no pueden mirar para otro lado en un asunto de tanta gravedad. Como mínimo, es imprescindible una investigación eficaz sobre todos los casos que no se ajusten a la despenalización limitada que establece el Código Penal. Más allá del derecho vigente, la sociedad española debe iniciar un periodo de reflexión a la vista de los datos que hoy ofrece ABC. Una sociedad que presume de moderna y desarrollada no puede ser indiferente ante la extensión de este drama personal y colectivo.